miércoles, 11 de junio de 2008

Articular más audazmente utopía y realismo, es la respuesta

Por: Leonel González

A partir del llamado en Cuba al VI Congreso del PCC a fines del 2009, este artículo reflexiona sobre la necesidad de repensar el socialismo para profundizar la revolución cubana. "Definir qué socialismo convocamos a construir es indispensable, es la base que nos permite evaluar si las políticas concretas nos acercan o nos alejan del objetivo. Cada medida que aumente, amplíe, perfeccione, el derecho de decisión de los trabajadores sobre su vida económica y sus derechos soberanos para elegir a quienes le dirijan, son medidas socialistas. Cada medida que acerque el poder al pueblo, ofrezca autonomía, descentralice y socialice son medidas de nuestro proyecto. Cada medida que impida discriminaciones de cualquier tipo, es socialista. Cada medida que cuide la naturaleza, garantice que cada información sea transparente y veraz es socialismo. Cada vez que hablamos sin hipocresías y respetemos la dignidad de todo ser humano somos todos más socialistas"

***


“Vivimos en esos malos tiempos en los que hace falta explicar incluso lo obvio.”
Bertolt Brecht

Recientemente se dio a conocer que será convocado el VI Congreso del PCC a fines del 2009.

Redefinir, repensar, refundar el socialismo es la base indispensable para cualquier política de salvación de la revolución cubana, ante los retos de la nueva época que vive la humanidad. Es la base para el éxito o no del futuro Congreso.

Nuestro partido tiene que ofrecernos un análisis integral de las causas de la caída del Campo Socialista, del estado actual de nuestra nación, de lo que consideramos nuestras singularidades y excepcionalidades y fundamentar un criterio de Socialismo en las condiciones actuales que, partiendo de toda filosofía realmente marxista y martiana, será a su vez flexible y concreto, e incorporará el núcleo duro de los fundadores y a todo lo nuevo que nuestra experiencia ha acumulado.

Si “Revolución es Sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que debe ser cambiado…es igualdad y libertad plena…Si “tenemos que convertirnos en el Partido más democrático que exista, donde se discuta más, que existan diferencias, no antagónicas… sin miedo de ninguna clase, que cada cual exprese lo que sienta” entonces nuestro Partido tiene que comenzar a trabajar para modificar muchas de sus prácticasy normas y no dejar todo eso en buenas intenciones solamente.

El éxito del Congreso, ha sido siempre un principio, se determina en el proceso que hay que desarrollar antes de su inauguración, si logramos llegar al Congreso con concepciones nuevas, si la estrategia es ver el Congreso como la culminación del ejercicio de pensar y no como su inicio.

El dominio sobre la producción por parte de los productores es la esencia del socialismo, que significa socialización de los medios de producción y también su profunda transformación, no es un simple modelo económico sino una nueva civilización profundamente democrática y libre, regida por lógicas sociales, ecológicas antropologías y políticas, radicalmente distintas a las precedentes.

En resumen una sociedad capaz de autorregularse, enfrentar los seguros nuevos conflictos que la historia nos deparara, creando nuevos mecanismos democráticos y creativos.

Definir qué socialismo convocamos a construir es indispensable, es la base que nos permite evaluar si las políticas concretas nos acercan o nos alejan del objetivo. Cada medida que aumente, amplíe, perfeccione, el derecho de decisión de los trabajadores sobre su vida económica y sus derechos soberanos para elegir a quienes le dirijan, son medidas socialistas. Cada medida que acerque el poder al pueblo, ofrezca autonomía, descentralice y socialice son medidas de nuestro proyecto. Cada medida que impida discriminaciones de cualquier tipo, es socialista. Cada medida que cuide la naturaleza, garantice que cada información sea transparente y veraz es socialismo. Cada vez que hablamos sin hipocresías y respetemos la dignidad de todo ser humano somos todos más socialistas.

Cuba, a pesar de sus múltiples aportes y originalidades, una colectivización agrícola ajena a la coacción, pero muy controlada; el logro efectivo de salud y educación igual para todos; participación de las masas en la primera fase -obreros ejemplares- para seleccionar futuros militantes con prestigio, organizaciones sociales pluriclasistas y originales como los CDR, mayor vinculación con las masas, relaciones auténticamente revolucionarias y de respeto con la plural izquierda internacional, Internacionalismo decidido, y otros, no pudo evitar las concepciones principales, entonces predominantes, ya caducas, del socialismo fracasado.

La Revolución cubana ha compartido, en mayor o menor medida, con aquel Socialismo “real”algunos de sus más importantes defectos: divinización desmedida del estado, centralización burocrático-administrativa, excesiva militarización de la sociedad, el pensamiento y el lenguaje; autoritarismo en las relaciones interpersonales; estricta jerarquía; dualidad y prolongación en el poder; culto a la personalidad; muy poco margen para la crítica política, económica y social desde el interior de la sociedad; escasísima democracia económica real cogestionaria o autogestionaria; un paternalismo que ha fomentado procesos negativos acostumbrando al pueblo a no ejercer protagonismo en las decisiones ya que éstas se supone que le vienen resueltas por el liderazgo; limitaciones de la potestad de la soberanía popular, estableciendo qué le conviene y qué no a la población, limitando, prohibiendo o permitiendo lo que a su entender es correcto.

Ya en 1962, el Che decía, “Nos hemos quedado muy atrás en lo que toca a la implicación efectiva de la clase trabajadora en sus nuevas tareas de dirección. ¿De quién es la culpa? Evidentemente la culpa no es suya, es nuestra, del ministerio y de los dirigentes obreros. De ambos. Pero, ¿de quién en mayor medida? Esto podría desde luego discutirse o aclararse; pero el hecho es que la culpa es nuestra. Nos hemos transformado en perfectos burócratas en ambas funciones...”

“… ¿Qué debíamos hacer para que la participación de la clase obrera en la dirección de la fábrica y de las empresas fuera siempre más consciente y siempre más determinante?”

El Che, rechazaba las concepciones dictatoriales, burocráticas y dogmáticas que tanto daño hicieron al socialismo en el siglo XX. Y advertía en un discurso de 1960 a los que pretenden, desde arriba, educar al pueblo: “La primera receta para educar al pueblo...es hacerlo entrar en revolución. Nunca pretendan educar un pueblo, para que, por medio de la educación solamente, y con un gobierno despótico encima, aprenda a conquistar sus derechos. Enséñele, primero que nada, a conquistar sus derechos, y el será el maestro”.

En notas criticas del 1966 a un manual de economía política soviético, afirmo: “El tremendo crimen histórico de Stalin fue el haber despreciado la educación comunista e instituido el culto irrestricto a la autoridad”.

El 3 de septiembre de 1970, después del fracaso de la zafra del 70 Fidel dijo: “Vamos a comenzar la democratización del movimiento laboral. Si el movimiento de los trabajadores no es democrático, no sirve”. Todavía hoy, a 40 años, Fidel podría volver a decir casi lo mismo.

El reciente proceso de discusión en Cuba, del 2007, demostró cuanto podía aportar la clase trabajadora y cuanto no aportaron antes, sus oficiales “representaciones” sindicales o del Poder popular…andaban y siguen con discursos distintos.

Defender ahora el singular “Socialismo de Estado” creado en Cuba, sólo es posible como base perfectible para el Nuevo proyecto socialista; pero nuestra solución real para crear un socialismo viable, sustentable y deseado, pasa por su anulación y superación.

Tenemos que enfrentar resueltamente y sin mas dilación el problema de la propiedad social, el problema de la profundización democrática del Poder popular, el problema del protagonismo de los intereses de los trabajadores en nuestros medios, el problema de las discriminación de todo tipo que aun subsisten y el problema de la cultura del debate y el respeto a la individualidad de todos los ciudadanos, además de la sexual, intelectual o cultural.

Por suerte tenemos potencialidades y singularidades que nos permiten evadir el destino histórico del socialismo que no fue. Entre ellas, el privilegio de contar con la inagotable fuente del ideario martiano, uno de los pensamientos políticos y humanistas más avanzados de todos los tiempos, la impronta irreverente y creativa del Che, con la experiencia de Fidel y con una revolución cultural que proyecta pensamientos y análisis, plenamente concomitantes con el nuevo socialismo que necesitamos.

También contamos con una mayoría de cuadros, combatientes y revolucionarios que, no importa la posición la cual ocupen, privilegian la conciencia revolucionaria y el honor y han demostrado su capacidad de reconocer errores y enderezar la marcha.

Tenemos una tradición de ética y en especial de vergüenza, que nos ha acompañado desde el 10 de octubre de 1968.

Tenemos también y muy especialmente las enseñanzas de la historia, de la nuestra y la de otros.

En este sentido no solo hay que unir a la vanguardia política y la vanguardia intelectual, sino a la cultura y la clase trabajadora y buscar el equilibrio entre hoy y mañana, así comola preeminencia de lodeseable sobre lo posible.

La izquierda –se ha dicho y definido-es el acuerdo entre todos los rebeldes contra las injusticias, las opresiones y necedades, contra prejuicios y discriminaciones, por la emancipación y la más amplia libertad humana. Pero una izquierda que no se proponga el poder para la clase trabajadora y la supresión del capitalismo en todas sus formas, no lo es.

En un mundo que cambia continuamente, la izquierda tiene que renovarse igualmente, sigue siendo real “que no es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, sino su existencia real lo que determina su conciencia”. Sigue siendo real el peligro de que el poder devore el proyecto y de ver nuevamente a libertadores convertidos en dictadores.

Debemos implantar sistemas de control y democratización que dificulten el ejercicio del poder por elites egoístas y explotadoras o castas revolucionarias que creen saber mejor que el pueblo lo que le conviene a éste.

Sin ello resultaría imposible desarrollar, de manera creativa, la democracia y autonomía desde abajo, un creciente control colectivo sobre las transformaciones en la sociedad y sus relaciones con la naturaleza, y construir una alternativa viable a la civilización capitalista, con la participación protagónica de los trabajadores.

“Esta es la cuestión -literalmente, de vida o muerte- a la que debe responder el proyecto socialista en el Siglo XXI,.. la crítica y el rechazo de aquel socialismo que no fue debe servirnos para recuperar la perspectiva comunista no ya como un modelo social impuesto , sino mas bien como una perspectiva que articula utopía y realismo de modo original: un realismo que se divorcie del "inmediatismo" y nos oriente estratégicamente y una utopía que nos permita afrontar las "tareas inmediatas" sin dejar de "soñar con los ojos abiertos" para buscar la posibilidad de ayudar al desarrollo de la auto-actividad de los desposeídos y, con ella, de nuevas prácticas y relaciones que hagan posible otra visión de la sociedad y el mundo.” (1)

La Habana, 6 de junio de 2008


1-Aldo A. Casas. El Socialismo que no fue.

Publicado en: Kaos en la red

Leer más

Perfiles de propiedad, cooperación y autogestión obrera no laborista.

Por: Kirmen Reussibai

Un aporte al debate sobre cooperativismo socialista que incluye elementos como la relación entre el poder popular, la propiedad y el trabajo. Propone acciones para conformar el pasaje de las cooperativas en "la transición socialista hacia el comunismo, la liberación del trabajo asalariado y la libertad general". De acuerdo con el autor: "El control de los medios de producción y del empleo ya no se rige únicamente sobre las definiciones generales de socialización de la propiedad, sino también sobre procesos de transparencia y repartición de responsabilidades y beneficios, gestionados de manera progresivamente democrática: es decir, sobre la base del poder obrero real, en términos democráticos"


Para el debate sobre cooperativismo socialista, sería pertinente tener presentes algunas cuestiones.

En primer lugar que, tanto como sería un grave retroceso en la transición socialista la reintroducción de la relación salarial de tipo capitalista liberista, es decir entre empresas capitalistas singulares y obreros trabajadores, así, de la misma manera, sería otra grave regresión en el desarrollo de la socialización la vuelta de la propiedad estatal hacia formas de propiedad menos socializadas, con la constitución de cooperativas con propiedad exclusiva sobre los medios de producción.

Sin embargo, sobre la base del desarrollo de la democracia (1), desde lo universal y genérico de la formalidad democrática estatal, hacia lo democrático directo y efectivo local y biorregional (2), podría ser posible desarrollar formas de producción y de propiedad más particularizadas, y que puedan significar un paso adelante en el desarrollo socialista. Cuando estas nuevas formas de producción y propiedad mantengan y fortalezcan los logros socialistas conquistados con la revolución.

Esto es: cuando estas nuevas formas de propiedad y producción garanticen un mejor y mayor crecimiento del poder popular, de la democracia real obrera directa.

El principio de esta política, residiría en el hecho de que el progreso social adquirido con la estatalización general de la propiedad, tendría que ser considerado como un bien adquirido, indispensable e ineludible de la socialización y luego un camino general por el que la evolución de la sociedad pueda experimentar nuevas formas y contenidos de democratización. Estableciendo o mejorando la dialéctica socialista entre poder popular, propiedad y trabajo.

Una sociedad madura para dar estos pasos es la que puede generar propuestas de producción cooperativa fundadas en una redistribución de las formas del control de los medios de producción, por ejemplo entre:

un determinado colectivo productor, que asume la responsabilidad principal de gestión, en el sentido de dirigir el desarrollo del proceso productivo y de los medios de producción correspondientes, con una participación proporcional a los resultados económicos, es decir a una parte del plusvalor generado;

el municipio o consejo obrero territorial local, que asume la responsabilidad de garantizar la participación obrera de toda la comunidad cercana, favoreciendo la repartición del trabajo, sobre todo la creación de nuevas ocasiones de empleo y las reducciones de los tiempos de ocupación laboral conforme a las exigencias sociales (3); más la respectiva participación a los beneficios para la gestión municipal o del consejo;

el organismo biorregional, que participa en la gestión de las cuestiones territoriales superiores, ecológicas, de provisiones y producciones inducidas, transportes, etc. más amplias que los municipios, barrios o pueblos ya representados por los consejos locales;

el control estatal, que garantiza la repartición del plusvalor cooperativo desde el punto de vista general, la aplicación de las normativas de seguridad, el desarrollo de la formación, investigación e innovación, y sindicaliza las cuestiones generales de propiedad y sus formulaciones, etc. que puedan surgir (4).

Por lo tanto, hablamos de un concepto de propiedad superior, por supuesto, a todos los del capitalismo, cooperativas inclusive (5), pero también a los del estado socialista primitivo. El control de los medios de producción y del empleo ya no se rige únicamente sobre las definiciones generales de socialización de la propiedad, sino también sobre procesos de transparencia y repartición de responsabilidades y beneficios, gestionados de manera progresivamente democrática: es decir, sobre la base del poder obrero real, en términos democráticos.

Desde el punto de vista del colectivo empleado y gestor directo, se trata de una participación parcial a los beneficios económicos, tanto como de su repartición interna sobre bases democráticas de gestión y también, muy importante, en la gestión del tiempo de trabajo general y de cada trabajador, que depende en fin de cuentas del grado de desarrollo democrático y eficiencia de todo el proceso (6).

En efecto, la liberación del trabajo presupone también etapas de autogestión, en una dialéctica personal-colectiva, de tiempos productivos directos y también de necesidades u opciones voluntarias de consumo por encima del mínimo social garantizado en cada región.

Desde el punto de vista obrero general, es decir de la clase obrera directa o indirectamente conectada con el centro productivo, y desde el punto de vista de la gestión territorial cercana, se trata del desarrollo de reparticiones y beneficios sociales de empleo, económicos, culturales, etc. que por supuesto están condicionados al grado de participación del consejo territorial en el desarrollo de la unidad cooperativa.

Por otro lado, esto acerca a la posibilidad de una distribución colectiva de las demás tareas necesarias para el desarrollo de la comunidad, y naturalmente a la eventualidad de rotaciones de la actividad personal (estudio-investigación-producción-deporte-ocio-etc.) de los que así lo desean o necesiten.

Mientras que para la institución nacional, por su parte, se trata de la participación en un proceso productivo y social del que puede extraer todo tipo de ventajas económicas, sociales, tecnológicas, etc. en la medida en que su aportación sea efectiva, no burocrática (4) y lo más posible afinada a las exigencias particulares y generales. Lo que presupone el desarrollo de propias, adecuadas y lo más posiblemente desarrolladas - desde un punto de vista de calidad - herramientas de sindicalización productiva en cada sector donde se experimenten estos procesos de descentralización productiva.

Unas ideas más para concretar el debate internacional de las cooperativas en la transición socialista hacia el comunismo, la liberación del trabajo asalariado y la libertad general.

(1) El concepto de democracia ha sido expropiado por el capitalismo al movimiento obrero y proletario metropolitano, sobre todo desde la instauración en la URSS de la forma estatal de dictadura del proletariado, desvirtuándole radicalmente a través del régimen parlamentario y la partidocracia burguesa. Democracia es, ante todo, poder popular; y únicamente puede representar una democratización real y concreta de la sociedad si es interpretado y asumido por la clase obrera, hasta conseguir un modo superior de desarrollo sin salario y propiedad capitalista.

Es decir: con el socialismo, es únicamente por medio de asambleas y consejos obreros locales, en primer lugar, y luego regionales, etc. que se puede registrar un real desarrollo democrático de la sociedad. Por supuesto, entendemos con el término de obreros y de clase obrera no únicamente su sector empleado y trabajador, sino todo el conjunto de personas que no tienen otra salida para vivir que ceder su fuerza de trabajo, lo consigan o no lo consigan.

(2) Es prácticamente imposible que no se consolide un proceso revolucionario si no es a partir del poder de un estado en esta época histórica de superioridad de la forma-estado clásica.

Sin embargo, su verdadero contenido, fuerza y valor social se mide con la capacidad que manifiesta y activa la sociedad para apoyar o generar procesos locales y regionales de democracia, que son la única garantía para el arraigo del desarrollo socialista democrático nacional. Otra vez, hablamos por supuesto de poder popular, no de régimen parlamentario y de partidocracia/votocracia capitalista. Menos aún de formas degeneradas de control policial territorial o de la "democracia" del "partido". Eso es, de desarrollo de formas asamblearias locales - soviet, consejos, etc. - donde el modelo político busca en continuidad su desarrollo y perfeccionamiento democrático y no lo contrario.

Para esto es imprescindible partir de lo local, donde las relaciones sociales se pueden fundar sobre los parámetros máximos de colectivización compartida, de participación voluntaria, de verificación ética socialista permanente, y también de representación - allí donde y cuando es necesaria - absolutamente arbitrada y sindicada de forma permanente y abierta por toda la colectividad.

La extensión del poder democrático biorregional, se refiere a la sucesiva formación de marcos (regiones, provincias, cantones) más amplios que las comunidades locales (barrios, pueblos, municipios, etc.), sobre la base de agrupaciones y espacios de común interés social, cultural, ecológico o de ecosistema específico, de vías de comunicación, recursos, etc. Marcos que pueden además cruzarse y sobreponerse según las prioridades y necesidades específicas que resulten requeridas en cada tema, periodo y proyecto.

(3) Tratamos aquí de la gestión obrera general territorial de la unidad cooperativa, en cuanto el sector empleado en el centro productor es sólo un sector de la clase obrera territorialmente interesada por la cooperativa. Por esto, la forma asamblearia de democracia local se tendría que considerar ante todo como un consejo obrero territorial, que establece y propone líneas políticas de desarrollo económico del municipio, respeto a todos los centros productivos existentes. Por supuesto, con relación a los intereses de todos los obreros del respectivo territorio: empleados, subempleados y desempleados, jóvenes y ancianos según sus actitudes y aptitudes, y mujeres en tareas de reproducción inclusive, por supuesto.

En fases más avanzadas, este poder social puede intervenir en toda la gestión laboral de su marco territorial, buscando y proponiendo las correlaciones y reparticiones más apropiadas de fuerza trabajo y medios entre centros productivos, servicios públicos, sector agrícola, formación, cuidado del entorno físico y ambiental, actividades culturales y otras funciones presentes o posibles en el territorio.

(4) Este planteamiento teórico general está hecho en función del debate en curso, y no pretende ser de ninguna manera exhaustivo, completo y concluido, ni menos aún plantear aplicaciones mecánicas o peor aún burocráticas, que puedan transformar cada órgano de gestión de cada unidad productiva en un mecanismo absurdo e inviable. Según cada situación, dimensión y característica pueden ser desarrolladas de forma flexible, o simplemente reguladas por pautas fijas experimentales, que serían modificadas sobre la base de la experiencia específica del centro o de las lecciones sacada de otras unidades, localidades y sectores productivos.

(5) Uno de los principios fundamentales de la actividad empresarial capitalista es el secreto sobre los datos principales del proceso productivo, en particular de cuentas y balances. Sobre esta ocultación asocial se apoya también la explotación del trabajo y la alienación de las plusvalías, además de la sustracción a la recaudación racional de impuestos y tasas.

(6) Por supuesto, la reducción de los tiempos individuales y colectivos de trabajo tendríamos que entenderla como un proceso de maduración socialista que, en general, podría ser planteada en el marco nacional e internacional de la lucha de clases, como la lucha por las ocho horas de antaño.

Pero, en este marco concreto, se podría plantear la puesta en marcha de experimentaciones que tengan en cuenta todos los factores humanos interesados: individuales de los empleados, generales del centro productivo, territoriales para el reparto de empleo y estatales con relación a la política socialista general del trabajo.

Publicado en: Kaos en la red

Leer más

martes, 3 de junio de 2008

DE LA INDUSTRIA DE LA MUERTE A LA MUERTE DE LA INDUSTRIA


Foto: Daniel Matz


FRANCIA
(1871)
“En memoria de la Comuna”
“La comuna de París surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo conciente y sistemático. [...] la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia de la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella.
“[...] La comuna promulgó el famoso decreto en virtud del cual todas las fábricas y todos los talleres abandonados o paralizados por sus dueños eran entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción”
Vladimir Ilich Lenin

ALEMANIA
(1939-1945)
En el portón de entrada al campo de concentración de Auschwitz, la leyenda “Arbeit Mach Frei” (el trabajo te hace libre) procuraba transmitir la impresión que se trataba de un establecimiento destinado al trabajo... pero quien traspasaba el umbral, entraba a la industria de la muerte.

Los golpes de Estados Unidos en América Latina

ARGENTINA
(1976)
Estados Unidos liberó en toda América la economía: se abrían las importaciones, se cerraban las industrias, las fábricas, los talleres y se endeudaban los gobiernos-títeres. Para esto fue necesario una matanza y la desaparición de personas, cuadros políticos, dirigentes sociales, obreros, maestros, estudiantes y todo aquel que se oponía al plan.

(2005)
En Demo (pueblo) Cracia (poder - gobierno)
Uno de cada 4 argentinos está desocupado.
Cuatro millones de personas sin trabajo.
Sin industrias. Sin fábricas. Sin talleres.

Es necesario izar la bandera
de las cooperativas obreras,
de los talleres solidarios,
de las fábricas de resistencia,
de la industria por la vida
y la creación del amor.

Leer más

Algunas inquietudes sobre la abolición del trabajo asalariado

Por: Pedro Campos

En el presente artículo, Pedro Campos parte de comentarios hechos a sus textos anteriores para explicar el proceso de implementación de la autogestión y el cooperativismo. Asimismo analiza cuáles serían las nuevas relaciones de producción si se implementara este nuevo modelo en la experiencia cubana.

Dos artículos recientes: "Producción o salario, ¿qué va primero? y "La abolición del trabajo asalariado y el socialismo en Cuba" provocaron algunas reflexiones y comentarios sobre las supuestas intenciones "utópico-comunistas" de eliminar el dinero, los ingresos de los trabajadores y el mercado, ocultas tras la consigna marxista de abolir el trabajo asalariado.

Aunque en varios trabajos anteriores queda claro que el socialismo es una etapa de tránsito hacia el comunismo de tiempo indefinido, durante la cual persisten las relaciones monetario mercantiles hasta que predominen las relaciones cooperativas-autogestionarias y el intercambio de mercancías vaya siendo sustituido por el de equivalentes, y desaparezcan las diferencias entre el trabajo manual y el intelectual, entre el campo y la ciudad, vale la pena aprovechar la oportunidad para esclarecer el tema a quienes de buena o mala fe se equivocan en esa suposición, sea por 1) el miedo natural que en los capitalistas inspira el poder real económico en manos de los trabajadores, 2) el desconocimiento de las teorías marxistas sobre el socialismo, cultivado por el estalinismo, sus manuales y seguidores o 3) la mala fe de quienes tratan de confundir a los lectores sobre los medios y fines de la concepción cooperativista de Carlos Marx sobre el socialismo, presentándola como "continuidad capitalista", o "pasada de moda", a fin de combatirla entre los revolucionarios. Se sabe: la confusión creada por el "socialismo real" es enorme.

En ninguno de esos dos trabajos se alude a la supuesta supresión del dinero, de los ingresos de los trabajadores ni del mercado. Son pues inferencias. Ocurre que los amantes ciegos del dinero y el mercado, los nuevos adoradores - algunos criollos- de la macroeconomía, el marketing y la terminología burguesa contemporánea con la que tratan de suplantar, hacer olvidar y hasta negar las categorías de la Economía Política marxista, necesitan ver "utopías y voluntarismos", dondequiera que aparece la idea de sustituir las relaciones asalariadas de producción por las cooperativas, porque sí comprenden perfectamente que eso implica el traspaso del poder real en la economía, sobre propiedad y el plus-trabajo, a los trabajadores y su pérdida por el capitalismo, sea privado o estatal.

En el sistema de trabajo cooperativo, donde los medios de producción pertenecen en propiedad o usufructo a los trabajadores, estos no devengan salario, pero perciben un estipendio mensual para cubrir sus necesidades básicas, que va contra la repartición de la parte de la ganancia que queda para ellos al final del corte productivo, luego de descontada la reproducción de la empresa y los impuestos para fines sociales. Como sus entradas dependerán entonces, no del pago de un salario, sino de la ganancia de su empresa, el trabajador se siente dueño, ahorra, no permite que nadie sustraiga nada de allí y por tanto se siente estimulado a aumentar la productividad y la disciplina laboral. De manera que el trabajador sigue percibiendo una cantidad de dinero, pero no ya en forma de salario, como paga el capitalismo, privado o estatal. Con las nuevas relaciones cooperativistas de producción el salario pasa a ser repartición de ganancias, la tendencia natural -ante la presión de los trabajadores- a regañadientes y en contra de su voluntad del capitalismo moderno, que llega a permitir la autogestión administrativa, con limitada participación en las acciones, cuyo monto principal siempre controlan los capitalistas. Esta tendencia ya había sido señalada por Marx al valorar las sociedades anónimas (1).

Algunos despistados, es preferible creer, cuando oyen hablar de cooperativismo y autogestión, creen que queremos implantarlo de la noche a la mañana, "a la cañona", crear la anarquía y el caos en el estado socialista, cuando siempre se ha estado insistiendo en que se trata de un proceso paulatino, organizado, sistemático para fortalecer el poder de las clases trabajadoras, donde se irán extendiendo, profundizando y hasta reformando las nuevas relaciones de producción, el llamado período de tránsito, que tampoco significa dejarlo para cuando ya no haya remedio. Debe haber sí, una voluntad sostenida de avanzar en esa dirección.

En Cuba, a su manera, los trabajadores también han impuesto al "estado socialista" -que se queda con la mayor parte del excedente- una relativa repartición de la ganancia, con el desvío de recursos, las apropiaciones indebidas, los pagos por la izquierda y en especie por algunos servicios, el uso de los medios del estado para fines personales y los "robos autorizados". Es uno de los factores que permiten al autor señalar que este proceso está en marcha y que los trabajadores lo entienden perfectamente, más que los burócratas que sólo identifican allí "robo e indisciplinas de los trabajadores". La respuesta represiva, a esta reacción obrera a los bajos salarios, más tarde o más temprano tendrá que ceder al análisis sereno, al aumento de salario o mejor, a un avance hacia la autogestión, aunque la palabra cause pavor en algunos.

El capitalismo privado o estatal se apropia (más bien trata de apropiarse) de toda la ganancia con la cual hace lo que estima conveniente, lo mismo la derrocha, que la invierte en otro "negocio", que la deposita en un banco o la convierte en medios de control social (policía, cárceles, órganos judiciales, ejercito, guerras), según la demanda del mercado de capitales o las protestas y revueltas sociales.

El capitalista privado, generalmente, con el salario, paga al trabajador por el uso de su fuerza de trabajo lo suficiente para que se reproduzca. En el socialismo cooperativo-autogestionario, al repartir entre los trabajadores una parte de la ganancia, el ingreso del trabajador deja de ser salario como tal, y es a partir de ahora que el trabajador empieza a recibir más allá del valor de su fuerza de trabajo, aunque nunca el resultado completo de su trabajo pues, ya se ha dicho, una parte va para la reproducción de la empresa y otra para los impuestos.

El "socialismo de estado",en verdad un capitalismo monopolista de estado según Lenin, por la contradicción entre su sistema de distribución "socialista", que tiende al igualitarismo y su forma de producción asalariada neocapitalista, así como por el enorme aparato burocrático que necesita mantener para controlar y cuidar los medios de producción, no paga siquiera por el valor de su fuerza de trabajo a los trabajadores productivos, a los cuales considera simplemente parte de "su capital", los que terminan desvinculándose, cambiando hacia trabajos más remunerados o yéndose del país, con todo el desastre que esto conlleva.

Igualmente, por utilizar, al modo y manera de los pocos que deciden, la acumulación centralizada del plus trabajo, el "socialismo de estado" despilfarra muchos recursos, invierte donde le parece y no donde es precisamente más necesario, no garantiza la reproducción de las empresas productivas y por esas vías termina malgastando y destruyendo las fuerzas productivas.

En el socialismo autogestionario, la reproducción empresarial está garantizada junto a las inversiones sociales pero sin abandonar el pago a los trabajadores, el cual se realiza en dinero, mientras continúen entre las empresas las relaciones monetario-mercantiles, las que funcionarán por un tiempo indeterminado en el socialismo. Los estato-socialistas argumentan que la centralización de todo el plus producto es necesaria para la acumulación social socialista y la planificación centralizada, sin darse cuenta de que esa concepción antidemocrática del desarrollo de la economía termina por obstaculizarla e impide la planificación democrática que parte de los recursos de que dispone cada nivel. Si nada se deja a las empresas para su reproducción ¿cómo hacer la planificación democrática?

La consigna de la abolición del trabajo asalariado, parte sencillamente de que esta forma de organizar la explotación de la fuerza de trabajo es la típica del capitalismo, como fue el trabajo de los siervos la propia del feudalismo, o el trabajo esclavo la forma natural del esclavismo. Mientras exista trabajo asalariado y por tanto plusvalía, habrá alguna forma de capitalismo. La forma genérica de la producción socialista es el cooperativismo -la autogestión obrera- descubierto por Carlos Marx en las cooperativas que habían creado los trabajadores en el mismo seno del capitalismo, para eliminar la contradicción entre la apropiación privada y la producción social, convirtiendo en social la apropiación de la propiedad y del excedente. De manera que él no sólo descubrió las leyes de la producción capitalista, también identificó las nuevas relaciones de producción socialistas. Esto fue deliberadamente excluido de los manuales soviéticos, por el estalinismo enemigo por principio de la autogestión obrera socialista. Desde luego esto no es de fácil comprensión para los capitalistas, ni para los estatistas interesados en continuar centralizando el plus trabajo; pero los trabajadores lo entienden fácilmente.

En la construcción socialista, donde el estado ha prolongado innecesariamente su control casi absoluto sobre los medios de producción, el enfrentamiento entre el trabajo asalariado y el trabajo cooperativo-autogestionario no es más que la forma en que se manifiesta la lucha de clases por avanzar hacia la socialización de la apropiación. Aquí, lógicamente, la parte ya enferma de capitalismo en la clase burocrática que ha ido creando el estado autoritario y que es la mayor beneficiaria de la concentración del plus trabajo, se resiste al avance del trabajo autogestionario. A la larga, en todas partes donde se consolidó ese cáncer, por sus intereses creados sobre el control de los medios de producción y el excedente, terminó pactando con el capital internacional y traicionado a la clase trabajadora y al socialismo. Fue lo que ocurrió en Rusia y China, 70 y 40 años después de sus respectivas Revoluciones.

Nuestra lucha porque las acciones del nuevo gobierno de Raúl contra el burocratismo se extiendan a las bases económicas objetivas que le dan sustento (la propiedad estatal y el trabajo asalariado) y se concrete en el desarrollo de la autogestión socialista más allá de las cooperativas y el Perfeccionamiento Empresarial, es precisamente para evitar que ese desastre ocurra en Cuba y que la Revolución sea revertida, como previno Fidel en el 2005.

Socialismo por la vida.

La Habana, 1 de junio de 2008

Contacto: perucho1949@yahoo.es

(1) C. Marx. El Capital. Tomo III, Capítulo XXVII, El papel del crédito en la producción capitalista. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1973.

Leer más

PAISAJE CUBANO

Marcelo Pogolotti
Paisaje cubano, 1933
Óleo sobre tela
73 x 92.5 cm.
Colección Museo Nacional de Bellas Artes, Cuba.

Leer más

¿Qué socialismo queremos? Reflexiones sobre un socialismo de nuevo tipo

Por: Alejandro Segura

A partir de dos ejes (el contenido del socialismo conocido y las características del socialismo a construir) este autor cubano analiza la situación de su país y hace propuestas concretas de lo que desde su punto de vista deberían ser las bases de un socialismo de nuevo tipo. La autogestión empresarial y la participación política son los pilares de esa construcción.

Hace casi 50 años la nación cubana optó por un cambio de rumbo que definiría la vida de la gran mayoría de los cubanos que actualmente habitamos la isla, y de aquellos que por diversas razones ya no están de cuerpo (aunque si de alma) en el verde caimán. Desde la proclamación de la "independencia" el 20 de Mayo de 1902 sucesivos gobiernos entreguistas y corruptos se sucedieron en el poder. La nación por aquellos tiempos aparentaba prosperidad, aunque las abismales diferencias sociales (las mismas que aun persisten en la mayoría de los países Latinoamericanos) llegaron a un punto que no aguantaban más, solo dos salidas eran posibles: Represión o Revolución. La primera llegó antes, de la mano de Fulgencio Batista (por supuesto, apoyado por el gobierno de los Estados Unidos) el 10 de Marzo de 1952. Fueron casi 7 años de muerte, torturas, asesinatos y terror hasta que el 1 de Enero de 1959 la segunda salida finalmente se impuso de la mano de Fidel Castro, apoyado por la inmensa mayoría del pueblo Cubano.

A partir de aquí empieza a contarse la nueva historia de la nación cubana. El proyecto revolucionario parecía ser la solución definitiva de todos nuestros problemas, medidas como la reforma agraria, la nacionalización de escuelas, hospitales e industrias contaron con un amplio respaldo popular. Ante esto, por supuesto, la reacción del gobierno norteamericano de turno no se hizo esperar: bloqueo, guerra económica, agresión militar. En Abril de 1961 Fidel Castro proclama el carácter socialista de la revolución cubana. ¿Sabía el pueblo cubano en esos momentos qué cosa era el socialismo, lo sabían nuestros dirigentes en aquel entonces? Existía un campo socialista encabezado por la URSS, donde el socialismo había pasado por varias etapas (muchas de ellas traumáticas y dolorosas), y el resto de los países de Europa del Este (en muchos de ellos el socialismo no llegó por libre elección, sino como resultado de la repartición del mundo después de la segunda guerra mundial). De todas formas, esa era la referencia que teníamos del socialismo, esos fueron los países que nos apoyaron al declararnos la guerra económica los Estados Unidos. Ese fue el modelo de socialismo que empezamos a construir, un socialismo que arrastraba errores en su concepción, que se había alejado de muchos de los conceptos expuestos por Marx, Engels y Lenin. Ese socialismo nos sostuvo económicamente durante más de 30 años, de allí vinieron los recursos que nos permitieron alcanzar la mayoría de los logros que aun hoy tenemos, recursos que no supimos aprovechar en su totalidad para desarrollar un modelo de socialismo propio (quizás porque no sabíamos como hacerlo, y aun hoy no sabemos, o quizás porque no éramos un país totalmente libre para hacerlo).

Pero, ¿en que consistía este socialismo?:

Económicamente, estatización (¿sinónimo de nacionalización?) de todas las industrias (grandes, medianas y pequeñas), cooperativización en el cultivo de la tierra (las tierras entregadas al campesinado con la reforma agraria ahora pasaban a ser de propiedad cooperativa "cuasi" estatal), supresión de todo tipo de propiedad privada, limitación de la propiedad individual.

Esto a la larga se tradujo en un desastre económico, atraso industrial, baja productividad del trabajo, el obrero perdió (en realidad nunca lo tuvo) el sentido de pertenencia sobre los medios de producción. Es decir, el obrero pasó de ser un trabajador asalariado del capitalista ndividual (o del monopolista) a ser un trabajador asalariado del estado, estado que le pagaba en muchos casos un salario inferior al ofrecido or el capitalista, pero le garantizaba beneficios sociales que la mayoría de los capitalistas no eran capaces de brindar a sus trabajadores salariados. Este sistema económicamente no es mas que un capitalismo monopolista de estado con beneficios sociales, beneficios sociales que el estado no regala al trabajador, salen de la parte del trabajo que no se le retribuye, es decir, la plusvalía o plusproducto. Este sistema económico garantizaba (el estado, dueño de todo, repartía lo de todos lo mejor posible) una repartición mas o menos equitativa (pero no justa) de los NO abundantes resultados del trabajo. El trabajador asalariado del estado no veía la necesidad de esforzarse en producir más, generar más riquezas, al final su esfuerzo no iba a ser recompensado con mayores ingresos. La ley de distribución socialista (De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo) aquí era solo una consigna mas, sin valor práctico alguno.

Políticamente, unipartidismo (un solo partido que se supone que represente a todos los trabajadores, pero que en realidad representa los intereses del estado), subordinación de los sindicatos a los intereses del estado-partido, limitación de las libertades individuales, se garantiza el respeto a los derechos humanos socio-económicos (hay educación y salud "gratis" para todos, aunque esto no es solo propio del socialismo, nadie se muere de hambre), pero no se garantiza el respeto a los derechos humanos políticos como la libertad de expresión, de asociación, de prensa o de reunión (En este punto muchos dirán que en el capitalismo tampoco se respetan plenamente estos derechos, y es verdad, pero se supone que el socialismo sea una sociedad superior, mas justa y democrática, la máxima expresión de libertad para el ser humano).

Todos sabemos cuales fueron las consecuencias de estos errores en la ex URSS y demás países de Europa del este, el fracaso del sistema llevó a su explosión, aunque esto no fue una cosa tras de otra, es decir, el sistema hacia años había fracasado, pero muchos aun conservaban la esperanza de arreglar las cosas, esperanza que se fue desvaneciendo poco a poco, hasta que llegó la explosión final. En Cuba aunque el sistema ha fracasado (de esto creo que pocos en la actualidad tienen dudas, y no hablo de que el socialismo sea un sistema fracasado, hablo del modelo de socialismo estatal centralizado), aun no ha explotado. Pero:

¿Qué debemos hacer para evitar la explosión final?

La inmensa mayoría de los cubanos nos oponemos a la reinstauración del capitalismo en Cuba, aun seguimos creyendo que la única alternativa que tiene la humanidad para salvarse es el socialismo. La única vía que tenemos para evitar la explosión final es empezar de una vez por todas a construir el verdadero socialismo, no va a ser tarea fácil, habrá que luchar como el quijote contra los viejos molinos de viento, pero no tenemos otra alternativa, estamos sentados sobre una bomba de tiempo.

¿Pero de que tipo de socialismo estamos hablando?

Un socialismo democrático, participativo y económicamente eficiente. En teoría suena muy bien, ¿pero como llevar estos conceptos a la práctica? En el plano económico hay dos categorías interrelacionadas que a mi juicio deben convertirse en la base de la economía socialista: la autogestión empresarial y la sustitución del trabajo asalariado por el cooperativo en la producción directa.

La autogestión empresarial vista no solo como la facultad de las fábricas y empresas para decidir cuanto y qué producen, en cuanto y a quien lo venden, cuanto gastan y en qué gastan. La autogestión empresarial desde el punto de vista de traspasar la propiedad de la fábrica, de la empresa, de manos del estado a manos de los trabajadores, y que los trabajadores decidan democráticamente quién o quienes (y cómo) van a dirigir el proceso productivo en el cual ellos participan. ¿Qué función le quedaría al estado en este caso? Pues brindar el marco legal y jurídico que garantice la pertenencia de la fábrica o empresa a todos los trabajadores por igual, sin que exista la posibilidad de que un trabajador (o grupo de trabajadores) pudiera adueñarse de la mayoría de la empresa con el objetivo de explotar el trabajo del resto de los obreros. El estado también garantizaría la asistencia financiera a través de préstamos bancarios, velaría por el cumplimiento de las normas sanitarias y medioambientales, serviría de intermediario en la contratación de compañías exportadoras e importadoras, u otras funciones que estime pertinentes para el adecuado funcionamiento del proceso productivo.

El otro concepto básico para un funcionamiento eficiente de una economía socialista es la sustitución del trabajo asalariado por el trabajo cooperativo en todas las esferas productivas donde sea posible. La cooperativizacion del trabajo está muy ligada a la autogestión empresarial, el colectivo de trabajadores pasa a ser el dueño absoluto de la mayor parte de las ganancias asociadas al proceso productivo, y decide como deben ser repartidas las mismas entre todos los participantes directos e indirectos en dicho proceso. Con esta fórmula evidentemente el obrero si se va a sentir el dueño de su fábrica, y sabe que mientras más produzca (y con mayor eficiencia) mayores serán los ingresos que reciba (verdadera aplicación del principio de distribución socialista).

¿Entonces, se sustituye completamente el trabajo asalariado por el trabajo cooperativo?. La respuesta es no. En toda sociedad existen esferas improductivas, necesarias para mantener el funcionamiento de las esferas productivas. Estas esferas y otras de interés social, no están ligadas directamente a la producción de bienes materiales, no generan valores en formas de mercancías, pero la fuerza de trabajo que las componen tiene un valor que debe ser retribuido de acuerdo a su importancia social, y esa retribución debe hacerse por medio del salario.

Los ejemplos clásicos de este tipo de esferas son la salud y la educación. Nadie duda de la importancia social de un médico o un maestro, a nadie se le ocurriría cuantificar o normar el trabajo de estos profesionales, o pagarles de acuerdo a la cantidad de alumnos que promuevan o vidas que salven. En estos casos el salario es el único medio de retribuir justamente la labor de estas personas.

Pero entonces, ¿Quién le paga a estas personas que no producen mercancías, con qué dinero se les paga? Aquí es donde la justicia del socialismo tiene que prevalecer. A estas personas les pagan los que producen, el que más produce, el que más ganancias obtiene es quien debe aportar más para mantener las esferas improductivas de la sociedad, y debe ser el objetivo esencial y primario del estado socialista garantizar que esto ocurra. Esta es la verdadera justicia social de que tanto se habla.

¿Y políticamente?

Desde el punto de vista político, no veo porque socialismo y democracia deben estar divorciados. No hablo de cambiar el sistema electoral cubano, hablo de modificarlo para darle cabida a todos, incluso a aquellos que no creen en el socialismo. Si, porque es absurdo creer en la existencia de una sociedad con un pensamiento homogéneo, en cualquier grupo humano siempre habrá contradicciones (antagónicas y no antagónicas). Es absurdo creer en un parlamento donde todas las leyes y disposiciones se aprueben unánimemente, evidentemente ese parlamento no está representando las divergencias existentes en cualquier sociedad. Hablo de darle voz y voto a todos, sin exclusiones de ningún tipo, hablo de abolir el unipartidismo, el Partido Comunista debe ser la fuerza rectora, de vanguardia en la construcción de la sociedad socialista, pero no debe serlo por decreto, por imposición, debe serlo porque se lo gane convenciendo con sus ideas, con el ejemplo de sus militantes, ¿acaso las ideas se imponen?, no, como dijera Martí­, "Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras", o como dijera Fidel, "Las ideas no necesitan ni de las armas, en la medida que sean capaces de conquistar a las grandes masas". Y aquí saldrán aquellos
que dirán que el pluripartidismo ha sido un fracaso en el capitalismo, y tienen razón, pero ¿No ha sido un fracaso también el unipartidismo en el socialismo?, ¿acaso la mayoría de los trabajadores se sienten representados por el partido, lo ven como una fuerza de vanguardia?. Estamos hablando de un socialismo de nuevo tipo, democrático y participativo, en el cual todas las ideas (afines o no al proyecto socialista) deben tener espacio. Si nuestras ideas son las mas justas, terminarán imponiéndose por si solas, sin ayuda de leyes o decretos absurdos.

Hablo también de la existencia de una prensa heterogénea, donde se exponga toda la diversidad de opiniones existentes en la sociedad. No digo que el Partido renuncie a su prensa, claro que no, digo que la prensa del Partido con sus ideas sea capaz de rebatir las ideas de otros, los cuales también tendrán sus medios para exponerlas. Hablo de una prensa del Partido sin censuras, si la prensa de otros quiere practicar la censura pues allá ellos, la prensa del Partido debe responder sólo y solamente al pueblo, a todos sus militantes, no al Buró político ni al Comité Central.

Este es el socialismo que yo como cubano, amante de mi país y sus tradiciones de lucha quiero. Creo que es el único modelo capaz de traer paz, unidad, prosperidad y progreso social a mi país. Es un camino largo, escabroso, con obstáculos de todo tipo (internos y externos), pero creo que vale la pena recorrerlo, al final, se hará la luz.

Publicado en: Kaos en la red

Leer más

sábado, 31 de mayo de 2008

"Tierra-bebé" - Una foto, tres textos




El niño de los niños envuelto
en pañales de nubes
clama su linaje maternal
la mano insolente, atrapadora de sueños
lo ha hecho clamar.
CLAMOR DE JUSTICIA, en todo el espacio
las lágrimas quietas, quieren gritar
cometas y estrellas hamacan al niño
hasta que el tiempo resuelva tanta IMPUNIDAD.

Iván Tallaferro
Foto: Daniel Matz

***
Ambición

Una extraña e inaprensible infinitud es la característica del universo.
La Tierra, extraña y supuestamente único planeta habitado, es un punto tan diminuto en el universo como lo es el hombre en ella. Insondables abismos y exuberantes riquezas habitan en ambos.
Pero más extraña aún es la ambición del hombre: no sólo no vela por el planeta -única fuente conocida para desarrollar su propia vida- sino que lo transforma en un frágil cuerpo a punto de desaparecer.

Por: Oscar Oriolo

***

PERSISTENCIA

PURO PURISIMO...

BLANCO DE BLANQUISIMO RESPLANDOR.
Y... LA TIERRA GIRA A JIRONES.

PURO PURISIMO...

BLANCO DE DAR EN EL BLANCO.
MOVILES.

PURO PURISIMO...

NADADOR TRAVIESO EN TRAVESIA AMNIOTICA.
BLANCO DE DAR EN EL BLANCO.
MOVILES.
SI SE MECE... CRECE EN BLANCA LECHE.
BLANCO DE DAR EN EL BLANCO.
MOVILES.
RESISTE, SE RESISTE... RESISTENCIA DE LA PERSISTENCIA.

Por: Nora Beltramino

Leer más