viernes, 9 de enero de 2009

La (in)comunicación en Cuba


“ …la comunicación es hablar en el mismo idioma, en el idioma práctico del pueblo, en el idioma de la nueva generación, que es el motor de la sociedad.”

Carlos Ignacio Pino Para Kaos en la Red

Cuba es mi vicio y mi virtud –que es ara y no pedestal, que es el amor a mi patria libre y no a la vulgar tierra en que se funda–, en esta Cuba mía hay muchos problemas, problemas como para llenar un saco, o dos, y aunque ninguno imposible, lo cierto es que para que sea posible resolverlos, antes hay que resolver el problema de la comunicación. El problema de dialogar, de retroalimentarnos en las similitudes y en las discrepancias. Comunicarnos es la única manera de evitar el SIDA social que es la incomunicación, que terminará por destruir todo lo que hoy damos por hecho, al menos si no encontramos una vacuna –o una prensa que genere el diálogo.
Y el diálogo es horizontal, o al menos no es vertical, eso es monólogo. Pero también este diálogo necesita de la comunicación entre las generaciones sin que ninguna visión predomine sobre las otras –por el simple hecho de ser viejo no se tiene la razón, lo mismo por ser joven o no tan joven. Es necesario reactivar la comunicación entre las generaciones, entendiendo que muchas de las incomprensiones nacen de la incomunicación generacional.
La comunicación generacional que mejor funciona es cuando se establece entre dos o más personas de la misma generación, y este tipo de comunicación suele ser más importante de lo que las personas que pasan de “cierta edad” –cincuenta años o más– quieren reconocer. Quizás porque reconocer esto es reconocer que son más parte del problema que de la solución. No obstante hay que decir que la comunicación entre las distintas generaciones es condición sin la cual no puede existir el futuro de una sociedad.
La comunicación, en la época que se le nombra así, es muy difícil, tanto que diría que es todo lo contrario, porque ahora aunque tenemos más medios, estamos más incomunicados. Y no estoy hablando de que una carta de la ultramarina Guanabacoa a la fidelísima y vieja Habana de intramuros demora hoy más de lo que un siglo atrás. Aunque esto no deja de ser un problema, me refiero a que en esta informática-dependiente época en que vivimos, esta que se inauguró con Internet y se consolidó con Windows 95, todo está diseñado para que nos incomuniquemos “voluntariamente”. Esta es una actitud que asola al mundo, y también a Cuba.
Y es voluntariamente entre comillas, porque la sobreinformación, es sabido, hace que cerremos la puerta a la información, a la comunicación. Si sobreinformas, la gente se incomunica; las personas que no paran de hablar son a las que menos se les oye. Los que repiten siempre lo mismo, y de la misma forma, nadie les hace caso, por mucha razón que puedan tener. Cada tiempo tiene una forma de decir, obviar esto es condenarnos a no ser escuchados.
Pero también la incomunicación está dada porque suele suceder que mientras más uno sabe de un tema, más le interesa saber también de otros. Para entender cómo se conecta su vida y los temas que domina con los demás que no domina. Y sin embargo, hay ciertos temas que nunca llegan a la prensa, que tiene el deber social de crear e incentivar el diálogo en la sociedad. Y la prensa de este país se empeña en informar que vivimos en un evangelio –la buena nueva– según ellos mismos, y que en general más nadie comparte.
Uno puede argumentar que en las prehistóricas sociedades capitalistas jamás se habla del por qué de las desigualdades sociales, de cómo el sistema que tanto alaban, a viva voz o entre líneas, las crea. Se habla de otras cosas, de sus pocas virtudes y otras muchas que no lo son, pero se adjetivan como tal; por lo cual las zonas oscuras, la falta evidente de futuro para ese tipo de sociedad, donde el hombre es el lobo del hombre, se deja en la zona donde la luz, ni la lupa de los medios, llegan.
Pero ¿y en Cuba? ¿Somos diferentes? Y si lo somos ¿por qué actuamos igual? Alguien que explique ¿Dónde está la comunicación entre los gobernantes y gobernados? ¿Dónde el debate social que siempre debe estar generando la prensa? ¿Dónde la comunicación entre la generación histórica, las intermedias y la actual? ¿Hacia dónde apunta la lupa de los medios y por qué? ¿Cuándo fue –yo no lo recuerdo– la última pregunta inteligente que hizo un periodista cubano?
Para un ejemplo práctico –y demasiado cotidiano– de esta sobreinformación del desconocimiento de la sociedad, que termina degenerando en incomunicación, bastaría con tomar un periódico cualquiera, de un día cualquiera, que puede ser de hoy o de los últimos 15 años –ó 30, ó 40. Los cuales todo el tiempo están informando de lo bueno, de lo logrado, de las virtudes y algunos defectos supuestamente superados. Lo cual no está mal, pero cuando esto lo tenemos asumido y recalcado hasta el desgaste, y queremos –lógicamente– saber qué no anda bien. Para entender porque una libra de cebolla cuesta 20 pesos y una de puerco 35, cuando el salario mínimo es menor de 300 pesos, entonces los diarios nada dicen, nada argumentan. Esta necia cotidianeidad, que se vive a pesar de todo, a pesar de que no se menciona en los diarios. Y lo que es más lamentable, cuando se menciona, pareciera que los problemas provienen de los que producen, no de los que dirigen. Entre líneas la prensa –y la radio, y la televisión– crea sofismas dignos de ser recogidos en los libros de este milenario arte de nuestra occidental civilización. Pues pareciera como si los errores de los hijos no fueran culpa de los padres; que hay malos alumnos, y no malos profesores. Y cuando se dice –o se piensa– que la juventud está perdida, parece como si la generación que nos ¿mal? educó no tuviera su cuota de responsabilidad.
A ellos –a esta “aguerrida prensa” como irónicamente la calificó una vez Silvio– me encantaría preguntarles ¿en qué país viven? ¿con cuál pueblo conviven? O, siendo un poco más filosófico ¿El pueblo que no se refleja ahí es pueblo equivocado? ¿En serio? ¿Es eso posible, que el pueblo se equivoque? Dónde quedó aquello de “Vox populi, vox dei”. O aquello de que la verdad más verdadera se encuentra en la colectividad y no en la individualidad. Cuando Marx hablaba de invertir la pirámide de la sociedad, me parece evidente que tenía en mente precisamente eso, que el pueblo sabe lo que quiere, mejor que los emperadores y sus consejeros, mejor incluso que los presidentes y sus asesores. Es por eso que en el socialismo hay que mandar obedeciendo –como muy bien apuntaba el sub-comandante Marcos.
Si la prensa no es la que amplifica la voz del pueblo, entonces, ¿quién lo hace, quién lo debe hacer?
Pero la prensa de la isla parece desconocer estas verdades y para seguir en su error tiene que hacer silencio de los problemas actuales sobre los cuales lo único que encontramos en los noticiosos es “la nada” que describía Michel Ende en su “Historia Interminable”, cuando uno de los personajes le indicaba a otro donde mirar para ver “la nada” que invade a su mundo y le dice: ¿lo ves? o, mejor, ¿no lo ves? porque la nada no se puede ver. Y es así como relata la cotidianidad la prensa cubana, como si los errores estructurales –de las estructuras sociales, políticas y económicas– de este país, que se ven sin necesidad de lupa, además de que se padecen sin que seamos hipersensibles, y sin embargo ellos no los ven.
Imagino que los periodistas son como turistas en su propio país, sin tiempo para ver esos pequeños errores, que no obstante se acumulan año a año, porque nadie habla de ellos. Incluso, a veces, siento que están convencidos que si no se les presta atención a los problemas, estos dejarían de existir –como sugirió Rubén Darío, cuando hablaba de los problemas del corazón y no de los otros, los existenciales. Porque en el agro, hasta los ciegos tienen que pagar los prohibitivos precios de la realidad innombrable. Pero así las cosas en este llamado siglo de la comunicación. Sin importar que sea esta una actitud irracional; como la que describe el proverbio africano: Todos quieren vivir, pero nadie envejecer. Cuando una es consecuencia inevitable de la otra, pues si se vive, se envejece. Si no se comunica, se incomunica. Si los problemas no se hablan, no se arreglan y la realidad se distorsiona.
Y por supuesto, sé que no existen las sociedades perfectas; existen las sociedades con futuro, y sociedades que no lo tienen –no sin cambiar las reglas sociales, políticas y económicas. Pero para que una sociedad tenga futuro es imprescindible la comunicación entre sus actores, por lo cual hay que señalar además de las virtudes, los errores. Para aceptarlos, para perfeccionarnos. Y aclaro que los únicos errores que son válidos, son los que la mayor parte de la sociedad identifica como tal, pero que eso no puede significar que se callen los otros (las minorías no se pueden negar, sobre todo en el socialismo)
La actitud contraria es creer que teñir las canas detiene tanto el envejecimiento, como que el negar los errores los elimina de la sociedad. Cierto, a veces parece que el maquillaje esconde las arrugas y como nos hace lucir mejor, podemos aparentar que no existen las imperfecciones. Sin embargo para esta actitud, cuando es demasiado dilatada en el tiempo –digamos, unos 15 años, ó 30, ó 40– y ya no se pueden esconder los evidentes signos del envejecimiento, ni la acumulación de errores y de incomunicaciones, en la isla tenemos una frase que califica muy bien este proceder, decimos “es una vieja con colorete”. Quizás es una frase machista, pero define muy bien a los que no quieren ver lo que todo el mundo ve.
Hasta los que viven de él lo saben. No se puede vivir del maquillaje, ni el silencio ayuda a la comunicación, por mucho que se diga que pueblo y gobierno son la misma cosa, solo lo pueden ser si se comunican. Y solo hay futuro –socialmente hablando– si nos comunicamos. Y la comunicación es diálogo, no monólogo. Y la comunicación es hablar en el mismo idioma, en el idioma práctico del pueblo, en el idioma de la nueva generación, que es el motor de la sociedad.
Hay un momento en la vida que pasa por la aceptación de la realidad, porque esta ha cambiado tanto que es necesario un nuevo enfoque, para impulsarse a la siguiente etapa. Como las personas, los gobiernos, para intentar la solución a cualquier asunto, tienen pasar primero por reconocerlos. Aceptar que existe una realidad diferente, para no decir que existe una realidad y que el gobierno, a través de la prensa, aparenta no verla. Quizás porque nadie tiene más culpa de las realidades de los países que sus gobiernos, y en Cuba –que es ara y no pedestal–, más.


EPILOGO


Cuando cerramos la puerta y los espacios al debate con la derecha, también lo hicimos para la izquierda. Como siempre, vivimos entre el no llegar y el pasarnos. Esta es una batalla que hay que dar, pues no se puede seguir arrastrando los errores de generación en generación y pretender que podemos avanzar sin arreglarlos. En mi opinión todas las medidas del gobierno se ralentizan y surten un menor efecto por esto.


Ciudad de La Habana, 8 de enero de 2009.

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La Revolución cubana a sus 50 años: retos del socialismo

Cuatro jóvenes cubanos opinan sobre la Revolución cubana

Colectivo de autores de la Cátedra Gramsci* Para Kaos en la Red

Creemos que la historia vivida en Cuba nos ha legado advertencias revolucionarias al presente.
Por ello, podemos entender el precio, las dificultades, los retrocesos y las ampliaciones de la libertad como un ideal concreto; la fuerza y la fragilidad de las utopías; la precariedad de la fe, cuando es indiscutida —y su estéril soberbia—; el carácter insaciable de la libertad: cuando se vive reclama cada vez más libertad.
Entendemos que la revolución es la ampliación de cada libertad conquistada.
Convencidos de que la promesa del socialismo consiste en que la libertad nacional, social y personal son contenidos de una única libertad, y que es una moralidad de la libertad, de la justicia y de la dignidad humanas, en lo que sigue respondemos, los cuatro firmantes, las mismas dos preguntas.
A pesar de no haber vivido el triunfo revolucionario de 1959, la herencia de lo que significó aquel proceso revolucionario, nos llega a los jóvenes no solo a través de la memoria histórica, sino también mediante la materialización de sus realizaciones.

¿Para ti cuáles fueron las realizaciones de esta revolución y de su proyecto socialista?

Diosnara Ortega:

Desde el punto de vista del análisis histórico de las contradicciones y luchas que el proyecto de transición socialista ha vivido, más bien de una parte de ellas, selecciono el que para mí fue uno de los logros fundamentales de la revolución — de la revolución, no del socialismo— que potenció la base del proyecto de transición socialista: el poder del pueblo. La unidad social que generaron las circunstancias de los primeros años de la revolución, y el poder con que contó en parte esa unidad, fue una ganancia para la construcción de un proyecto participativo, inclusivo, de justicia social, que pretendiese alcanzar la soberanía nacional al tiempo que la individual.
Es muy difícil hablar del socialismo cubano, en todo caso tendríamos que hablar del proyecto de transición socialista, el cual no ha sido evolutivo, como no lo es el socialismo ni ningún modo de producción social. Los saltos y retrocesos de este proyecto han estado influidos tanto por las condiciones del medio externo en el que se intenta producir este modo social de existencia, como por sus luchas internas. La transición es eso: un período de luchas intensas que se produce dentro y en contra de un modo de ser y hacer; en el cual el móvil de todas las relaciones sociales es el capital, el valor de cambio.
¿Cómo luchar contra la cultura del utilitarismo, contra la naturalización del consumo capitalista, contra las creencias de la supervivencia, de la superioridad? La Revolución cubana ha intensificado estas luchas en su intento de transición, sobre todo desde sus políticas. Esto ha sido un paso de avance, pero sobre todo a nivel institucional. ¿Qué pasa con la cultura de esas instituciones, qué pasa con la cultura de las personas que constituyen esas instituciones: desde la familia hasta el Estado?

Ariel Dacal:

Este tipo de interrogantes es cada vez más frecuente. Es lógico por dos razones, de una parte, porque 50 años es tiempo suficiente para reconstruir un pasado, evaluarlo, repasarlo, máxime cuando el proceso refiere a uno de los más importantes intentos emancipadores de la historia reciente. De otra parte, porque la Revolución cubana necesita repensar sus formas socialistas, lo que responde al agotamiento de algunas zonas del socialismo cubano y al carácter de permanente superación de si misma que debe tener toda revolución.
Al pensar la revolución socialista cubana en términos de aportes hay que destacar, como primer asunto, la osadía de plantearse la construcción del socialismo en las condiciones y entorno de Cuba como país; y vinculado a ello, su capacidad de demostrar que es posible intentar un ordenamiento social con explícito carácter anticapitalista frente a las puertas del epicentro capitalista mundial y enfrentando su arrogancia manifiesta en todo momento contra tal intento. Esto ha sido posible porque el socialismo cubano se enraizó en la dignificación de los oprimidos, los excluidos, los vilipendiados, porque los despertó a la conciencia pública colectiva y obró un colosal cambio social que cubre desde la instrucción y la educación del pueblo, la inclusión de sectores preteridos como las mujeres y los negros, la atención de las condiciones de salud de millones de personas, determinadas nociones de participación social, hasta la internacionalización del nombre de Cuba, con sustancial reconocimiento moral, pues asumió la libertad de los oprimidos de otras partes del mundo como condición de su propia libertad.

Julio César Guanche:

En 1959, la Revolución cubana trajo al mundo un bello ejemplar de socialismo utópico.
Los cubanos se enfrentaron a las leyes de bronce de la cultura política del momento: «sin azúcar no hay país»; «aquí se puede hacer una revolución sin el ejército o con el ejército pero nunca contra el ejército», «la política es la segunda zafra del país», «nada se puede hacer en Cuba sin el reconocimiento de los Estados Unidos», entre otras muchas ideas firmantes del status quo: la economía monoproductora, la corrupción de la política a manos de las armas y del peso cubano y la subordinación nacional a los Estados Unidos.
El triunfo revolucionario venció esas distopías y distribuyó entre millones de seres el capital de la vida: pan y dignidad. La Revolución tradujo la política al habla popular: la de sujetos crecidos en cantidad y cualidades a la vida. Materializó antiguas utopías: la historia como un fruto dilecto de la voluntad, la abolición forzada del mercado, la búsqueda de acabar con las jerarquías sociales, la emergencia a lo público de las clases antes aprisionadas por la dictadura del hombre y del dinero. En ello, produjo otro universo: el de una ciudadanía universal con expectativas de ejercer en efecto la política como control soberano del curso de la propia vida.
El proyecto de 1959 realizó en la tierra cubana gran parte del enorme ideal de Rousseau: ciudadanía universal, soberanía popular y justicia social. Cincuenta años después redescubre que una revolución no es una meta en sí misma, que todo lo conquistado ha de ser reconquistado, que renovarse es la única manera de continuar.

Julio Antonio Fernández:

El socialismo cubano ha sido original, aunque haya tenido y siga sufriendo los males del dogmatismo soviético, aunque haya tenido momentos de cercanía a las formas políticas e ideológicas asiáticas, especialmente chinas. Ha sido original porque nació como hijo privilegiado de un proceso revolucionario nacional y popular, que transformó en el mismo fervor de las primeras luces de la Revolución triunfante, las reformas democráticas propias del nacionalismo de corte social acumuladas durante toda la República Neocolonial, en postulados del socialismo marxista.
Pero en esa búsqueda heredó también el marxismo-leninismo soviético, por sí mismo problemático porque contenía, en el momento de su mayor influencia institucional en Cuba, los gérmenes malignos del totalitarismo, el dogmatismo, el manualismo, el oportunismo y el burocratismo.
El Socialismo cubano aportó, sin embargo, una manera auténtica de relacionarse con el Tercer Mundo y sus gestas anticolonialistas e independentistas, no alineada a los dictados europeos socialistas.
El Socialismo de Cuba se ha desarrollado en el contexto del Tercer Mundo, demostrando las potencialidades de los pueblos humildes para la lucha por la libertad. A la misma vez se ha tenido que sobreponer ante los lastres del sentido común burgués, que ha campeado en Cuba por más de un siglo y que se obstina en permanecer entre nosotros, con su fresca cara globalizada.
Nuestro Socialismo ha luchado contra la pobreza, contra el capitalismo, contra el imperialismo y sus peores modales —guerra y terrorismo—, contra el inmovilismo de la burocracia estatal, contra la incultura política, contra el oportunismo de los supuestos extremistas, contra la mínima oposición interna y la gran oposición externa, contra los fantasmas de la «plaza sitiada», que no nos permiten creer en nuestras fuerzas para ser más libres.
Hemos aportado la belleza de un pueblo entero, de mujeres y hombres hechos a sangre y fuego, a bloqueo y milicia, a escasez de cosas y abundancia de prudencia y fe en la justicia ganada.

¿Qué necesita el proyecto revolucionario cubano para ser más socialista?

Ariel Dacal:

Al hablar del socialismo como asunto de presente y futuro es necesario pensar las formas socialistas en Cuba, y hacerlo de manera pública, no solo en clave de inventario de problemas sino en clave propositiva. Tenemos que discutir públicamente qué entendemos por socialismo y cómo lograr que este sea más efectivo en la búsqueda de una alternativa anticapitalista, lo que significa toda la justicia social posible. El acumulado de instrucción, cultura, capacidad técnica, sentidos y conocimientos sobre la política creado en el pueblo está subutilizado y en algunos casos desperdiciado. Para revertir esa situación se hace necesario cambiar cualitativamente las formas de la participación de la gente en la gestión y control de su vida cotidiana, individual y pública, laboral y comunitaria. Eso llevaría a discutir las formas concretas para lograr una mayor socialización de los procesos políticos y económicos (participar en la definición del problema/necesidad, en la elaboración de la solución, en su evaluación y en su control).
Es necesario mayor compromiso popular y este solo será viable desde una incidencia directa de las personas en la vida pública. Esto no será por obra divina ni por decreto, es necesario ensayar otras formas socialistas para la producción y la política: cooperativas, autogestión y cogestión, descentralización de los poderes locales con capacidad real para incidir en la vida de la comunidad. El debate en clave socialista implica, de modo imprescindible, analizar las modificaciones de manera integral e integradora, la política y la economía de conjunto. Los debates hoy tienen que ser políticos y no administrativos, de reflexión colectiva y no de consignas incrustadas a la realidad. Solo con la práctica concreta de relaciones socialistas de producción (material y espiritual) será viable la recreación de valores socialistas en Cuba.

Julio Antonio Fernández:

Necesitamos que el ejemplo del Che se haga presente. Necesitamos coherencia ideológica en nuestros dirigentes, en nuestras instituciones, en nuestras leyes y discursos cotidianos.
El Socialismo es más que una barricada de combatientes firmes, debe ser la búsqueda de la felicidad en justicia, sin capitalismo, sin discriminación, sin pobreza, sin guerra, sin desigualdad. Necesitamos cada día más democracia, mas política hecha por el pueblo y para el pueblo. Necesitamos radicalizar la República, la soberanía popular, los mecanismos populares de realización y control de la política.
El Socialismo cubano debe evitar caer en las garras de terciopelo del reformismo, debe alejarse de los susurros que le dicen que basta con hacer dos o tres cambios de tipo liberal para contentar al pueblo. El Socialismo se debe rehacer en Revolución y la Revolución no puede ser una piedra inmóvil e incorregible. Conservar el Socialismo es la única forma de conservar la Revolución, esta no se mantendrá en un capitalismo subdesarrollado como el que algunos esperan para Cuba.
La independencia es imprescindible, si esta es la de decidir soberanamente las mejores vías de salvar el Socialismo que nos hará más libres y más felices. La soberanía es indispensable, si la ejercemos como pueblo para darnos las formas políticas y jurídicas más revolucionarias, más socialistas, más liberadoras.

Diosnara Ortega:

Lo que al principio menciono como el gran logro de la revolución en la coyuntura de sus primeros años para la transición socialista, es hoy, a mi entender, su gran debilidad: el poder del pueblo. La participación dentro del proyecto de transición socialista cubano debe ser una participación con poder real y colectiva, no solo individual. Nuestro proyecto tendrá que saber mantener los logros alcanzados en términos de políticas, pero deberá transformar los modos en que se construyen y usan esas políticas. También habrá que romper con los modelos verticalistas desde los cuales ninguna participación socialista es posible. Es necesario salir de la trampa de la representatividad cuando esta, por la vía de la “selectividad” tiende a impedir mecanismos de participación y de poder directo de la ciudadanía.
Otro de sus retos permanentes es el llevar a cabo, como parte de la transición, una consiente resistencia a la colonización cultural. El proyecto cubano ha tenido que luchar al menos contra dos tipos de colonización: la del capitalismo y la del socialismo llamado real. Esta lucha contra la colonización necesita del ejercicio de un pensamiento crítico colectivo. Para propiciar este tipo de pensamiento —sin el cual no es posible romper con la cultura del capital— tendremos que reformular el tipo de poder que construimos en todas nuestras relaciones sociales: el poder establecido entre los hijos y los padres, el poder entre el maestro y los alumnos, el poder entre el Estado y el pueblo, por solo mencionar tres ejemplos.
Nuestro proyecto de transición ha sido osado, pero debe serlo todavía más. Su osadía debe mezclarse con la confianza, con la belleza del otro que tendrá que ser nuestra. Saber sumar, saber amar, saber compartir, saber dialogar, saber abandonar: todo esto ha aprendido nuestra transición socialista y todo esto tendrá que seguir aprendiendo.
Julio César Guanche:

En 2009, los herederos de Rousseau defendemos un socialismo renovado. Imaginamos también un bello ejemplar de socialismo utópico, nacido de las voces de nuestros mayores y de sus historias de vida, y de nuestras propias voces y biografías.
Para ello redescubrimos las palabras, las liberamos del claustro que les forjó su historia. Redescubrimos que socialismo significa socializar los medios de producir la vida y que comunismo es sinónimo de poder definir el significado de la vida.
Así como queremos que el verbo se haga carne, queremos que la ideología se haga práctica. Entonces, comprendemos: redescubrimos que es necesario entender aquello que queremos abolir.
Porque queremos abolir el capitalismo, entendemos cómo su sistema se reproduce con el régimen del trabajo asalariado —pues mantiene la lógica del capital—; cómo la organización del sistema productivo es asimismo una forma de organización política; cómo la realidad de la explotación no es la distribución desigual de los bienes, si no la imposibilidad de decidir, por parte de quienes la producen, tanto de las condiciones de la producción como del destino de ella.
Porque queremos el socialismo queremos redescubrirlo en la organización de la producción, en el trabajo libre y asociado —social, cooperativo y autogestionado—; en la forma en que los logros sociales deben estar encajados en los logros políticos: que más salud y educación sean a su vez más participación popular y más libertad individual; que la progresiva abolición de la explotación sea la eliminación de la pobreza, pero también de la enajenación, como quería el Che Guevara.
Porque queremos el comunismo lo reencontramos como el proyecto más desmesurado de afirmación de la libertad humana jamás concebido: como la utopía de la autonomía personal y colectiva, como el proyecto de la emancipación de la servidumbre de la política hecha por otros y del trabajo regido por otros.
Pero también viceversa: porque queremos inventar y afirmar la forma en que queremos vivir es que defendemos el socialismo y el comunismo para Cuba. Porque somos diferentes, porque la diversidad es nuestro patrimonio, porque no queremos mentir, porque queremos comer y pensar, porque queremos vivir según nuestros ideales, porque defendemos el radicalismo de nuestra individualidad, y sabemos que ella se hace plena solo en lo social, porque queremos vivir con los otros, por todo ello, defendemos el socialismo y el comunismo.
Julio Antonio Mella decía que entre el hombre y la naturaleza se interpone el capitalismo. Queremos evitar al mediador y reunir al socialismo —la civilización—, con la naturaleza; queremos el comunismo como la socialización de la utopía, no como el régimen que la distribuye, sino como el espacio donde se inventa y se practica en comunidad.
Contra las leyes de bronce de la historia y del presente, reafirmamos el socialismo de la utopía, pues tenemos pasión idéntica por el goce de la belleza y por el gozo de la justicia como los que hicieron la utopía de 1959.

*Ariel Dacal, Julio Antonio Fernández, Julio César Guanche y Diosnara Ortega

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jueves, 8 de enero de 2009

CUBA: la Revolución o el Socialismo

Luces necesarias en el aparente callejón sin salida



Roberto Cobas Avivar Para Kaos en la Red



CUBA
La Revolución o el Socialismo

Resistencia versus Transformación


Nada indica que la evidencia del agotamiento estructural del sistema socioeconómico cubano sea objeto de especial consideración por parte de la Dirección Política del Estado. El cuadro de disfunciones orgánicas que ha caracterizado al sistema no parece acreditarlo. Tampoco la persistencia de dicho cuadro luego del llamado periodo de rectificación de errores y tendencias negativas (1985 y 1986, a raíz del III Congreso del Partido). Ni el hecho de que suceda así a pesar del importante reacomodo de las principales desproporciones de la macroeconomía derivadas del ajuste externo luego de la crisis de 1991-1994[1].


Desde las necesidades acumuladas, las corrientes y las expectativas de la sociedad, la evidencia no puede soslayarse. La sostenida precariedad de la producción de bienes de uso y consumo, la irregularidad y baja calidad de los servicios, la severa insuficiencia de la producción alimentaria, el acuciado déficit de edificaciones, el pobre estándar de las viviendas, la ausencia de sistemas de transportación efectivos, la baja calidad de todo lo que escasamente la economía produce así como el deprimido poder adquisitivo de los ingresos de individuos y familias, no permiten otorgarle al sistema socioeconómico el beneficio de la duda sobre su eficacia.


Tampoco lo permite el cuadro de las disfunciones orgánicas. La extendida economía sumergida que se mantiene a expensas de la economía estatal; el hecho de que la economía campesina privada y cooperativa desmienta el mito de la superioridad de la economía estatal; la ausencia de mercados coherentes y de la autonomía microeconómica que permitan formar y articular apropiadas cadenas productivas; la ausencia del efecto multiplicador que en las economías eficientes produce el ajuste estructural y funcional de dichas cadenas; la falta de correspondencia entre ingresos y productividad que genera la proscripción de la autogestión económica de las empresas y la alienación del trabajo asalariado; cada uno de dichos factores y todos en conjunto hablan de la falencia estructural del sistema socioeconómico cubano.


No obstante, las evidencias de la anomia sistémica del modelo socioeconómico no son suficientes para la Dirigencia política. En resumidas cuentas, todo sistema es perfectible dentro de las cotas que lo mediatizan. Pero si el modelo funciona y está expuesto, además, al constante perfeccionamiento ¿qué es lo que en principio falla? El discurso de la Dirigencia del Partido (PCC), del Gobierno (CM) y de los Sindicatos (CTC) no deja terreno a las especulaciones. Según la apreciación de la Dirigencia lo que en general sigue fallando es el factor humano. Las causas de los problemas críticos que prolongadamente aquejan la economía del país se hallan en la irresponsabilidad de los trabajadores, su tendencia a la corruptela y la falta de exigencia de los cuadros político-administrativos de base.


La Dirigencia política y de gobierno del Estado rechaza la certeza de la incapacidad de auto sustentación del sistema socioeconómico. Sin embargo, ministros, cuadros administrativos intermedios, miembros del CC del Partido y de instancias inferiores y dirigentes sindicales desandan la Isla de Punta de Maisí a Cabo de San Antonio en operativos de supervisión y control, buscando de esa forma lograr el efecto que el sistema no es capaz de dar por sí mismo. Elevar la disciplina, la eficiencia y la exigencia continúa siendo la supuesta solución y la arenga.


Tras la lógica de dichas ideas, apreciaciones y procederes se esconde la percepción de la realidad que desde distintas tribunas acaba de expresar, resumiendo los cincuenta años de recorrido revolucionario, la máxima Dirigencia del Partido, el Gobierno y el Estado. La recurrencia de los mismos discursos apunta a las contradicciones que irresueltas se acumulan.


El pronunciado desenfoque de la Dirigencia política sobre la realidad socioeconómica le ha creado un callejón sin aparente salida a la sociedad cubana. Para el camino en apretada fila se apela a cincuenta años más de resistencia numantina. Pero para la población cubana, que no ha dejado de trabajar en perenne resistencia contra una vida diaria tercamente dura y que con sus manos ha realizado lo logrado, el nuevo llamado a la resistencia y su motivación adquieren connotaciones poco menos que abstractas. ¿Resistencia ante qué?


El argumento está en encomendarse - como el hombre primitivo lo hacía a sus dioses -al milagro que haga de los EEUU el paladín de la paz y la concordia de los pueblos sobre la tierra. Pero milagro al fin, el propio Presidente del Consejo de Estado de Cuba se encarga de recordarle al pueblo cubano y (para que no haya dudas) a la opinión pública internacional, que una sola golondrina no compone verano. Barack Obama, expresa en entrevista posterior a su discurso por el 50 Aniversario de la Revolución el Presidente cubano, no puede él sólo cambiar las cosas en los EEUU. Son infundadas las esperanzas que el mundo ha puesto en él. La obviedad de la constatación, sin embargo, es elevada por Cuba a rango de razón de estado para sus ciudadanos ¿Qué les queda a los cubanos? Pues, resistir. A pesar de que resistir no pasa de ser un ejercicio de constante defensiva. Clara de sus preocupaciones la sociedad se hace simple y llanamente su propia interrogación: ¿se podrá resistir los propios problemas del sistema socioeconómico sin transformarlo?


Las barreras que le propician al pensamiento de la Dirigencia política no hacerse igual interrogación no son casuales. El sistema de partido único y el sistema de democracia representativa imperantes se conjugan en una forma de gobierno que impide el movimiento de las ideas y subestima la capacidad de participación política de la sociedad.


No se alzan en Cuba con la independencia necesaria las voces del pensamiento crítico revolucionario que discutan el pensamiento oficial. La sociedad acepta el estigma político con que se ha etiquetado el movimiento independiente de las ideas. Disentir de los dogmas y de todo monopolio sobre la verdad ya no es revolucionario. La intelectualidad cubana comprometida se auto-censura y la organicidad revolucionaria de su pensamiento rehuye la interacción independiente con el pueblo. El Partido único se impone como único intermediario e interlocutor. La conciencia crítica de la sociedad ha sido finalmente reducida a la digestión de los mensajes y del criterio oficial. Los caminos de la eficiencia del trabajo social y de la economía están encerrados en un callejón artificial.


Los efectos son palpables en la juventud. Una juventud visiblemente confundida en un mar de indefiniciones políticas. Desde los cuestionamientos fuera de guión oficial de un estudiante de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) ante un máximo representante de la Dirigencia cubana, hasta las palabras que le expresan en el fin de año a televisoras extranjeras lo que éstas necesitan retrasmitir: el inventario de los deseos de consumo reprimidos. Ni para las preguntas del intelecto ni para las de los cinco sentidos tiene la juventud otros interlocutores. La imposición del pensamiento único de sus varias organizaciones políticas (UJC, FEU, FEEM o UPC)[2] no le permite incursionar en los significados del Socialismo. ¿Un sistema de relaciones socioeconómica eficientes que refrende, por la naturaleza libertaria de su modo de producción, el derecho a la auto determinación ciudadana? No es ésa entre las posibles la apreciación de Socialismo que conocen. En las calles unas voces hablan de resistencia y otras claman por cambiarlo todo. La confusión en la sociedad es objetiva.


No ha habido una sola idea propositiva en las reflexiones oficiales que resumen 50 años de resistencia. La cohesión ciudadana seguirá siendo el ilusionismo en que se ha convertido. Reflejo de ello seguirán siendo los éxodos ilegalizados y las migraciones legales, así como los avatares díscolos del pueblo por suplir la disfunción del Estado y su economía. El ejercicio de la doble moral al que ha acudido la sociedad para salvaguardarse del pensamiento hegemónico, posibilitará que la dirigencia – Partido y Gobierno – se reafirme en sus razones y en su necesidad de control sobre la sociedad. Las voces de la oposición ideológica, libres de toda auto-censura, saben captar el vacío de ideas políticas renovadoras y, sin más imaginación que las del capitalismo como la salvación selectiva, cargan con las mismas municiones de siempre. Saben que el eco internacional de sus exiguas voces será amplificado como por arte de magia. La magia de los medios de la transnacional capitalista de la desinformación que tienen a punto, como de costumbre, los titulares y el dinero con los que estimularán sin descanso el reflejo adocenado de sus propias multitudes. Cada golpe a Cuba es un activo en la cuenta de resultados de la ideología burguesa.


El atolladero del pensamiento oficial se ha montado sobre su negación a reconocer la naturaleza dialéctica de las contradicciones internas. La sentencia “Cambiar todo lo que haya que cambiar” ha sido convertida por la dirigencia - Partido y Gobierno - en una suerte de consigna gatopardista.


El Presidente del Consejo de Estado revela que las reformas institucionales que se presentarían a la VII Sesión Legislativa (diciembre 2008), se debieron posponer. La argumentación: “la atención a otras tareas urgentes”. Se induce que la arremetida de tres huracanes ha tenido que ver en ello, a pesar de que la temporada ciclónica es predecible por ser cíclica y las tendencias de los precios del petróleo un juego de las economías de marcado perfectamente rastreable. La dirigencia se declara desbordada de tareas urgentes sin reconocerlo críticamente. El VI Congreso del Partido, anunciado para dentro de un año (en temporada ciclónica), talvez llegue a dar no se sabe qué repuestas a no se sabe qué problemas. Porque los problemas medulares aún no se discuten con el pueblo, a pesar de que el pueblo hace ya casi dos años expresó mucho de lo que a su juicio debía ser cambiado. Todo indica que el fracaso ha sido haberlo expresado “en los canales adecuados”. El fenómeno es sui géneris. Porque no existe sociedad, excepto la cubana, que demande a Estado y Gobierno, convencida de su derecho, el diálogo popular en pos de revolucionar todo lo que obstaculice el desarrollo socioeconómico y el progreso general. La resistencia del Partido y el Gobierno a reconocer el derecho que ha promulgado la propia Revolución, explica la extrema vulnerabilidad estructural en la que la propia Dirigencia ha sumido el Proyecto Socialista. La renuencia de la Dirigencia a aceptar críticamente ese hecho fecunda el antagonismo subcutáneo entre la sociedad y el estado.


De la Revolución al Socialismo


El Partido y el Gobierno, como consecuencia de la coacción del debate social sobre lo determinante, no reconoce el problema de fondo: el proceso sociopolítico cubano está urgido de emprender la transición de la Revolución hacia Socialismo.


La Revolución ha de dar paso al desarrollo del Socialismo. Los alumbramientos se frustran cuando se producen a destiempo. ¿Estará desorientado el sexto sentido del pueblo al auscultar las tensiones del momento histórico?


He insistido en la idea de socialismo de estado, como la forma hacia la que ha evolucionado el proceso sociopolítico cubano. Es necesario precisarlo por la importancia que para la estrategia de tránsito tiene el saber en qué estación se encuentra el Proyecto Socialista.


No pocas voces cubanas insisten en hablar de capitalismo de estado. Historiadores y analistas políticos se remiten a la experiencia de la revolución rusa. En la incursión obvian el meollo de la caracterización leninista de aquel capitalismo de estado por el cual la revolución socialista bolchevique tenía que por fuerza transitar. A la sazón el escenario socioeconómico estaba determinado estructuralmente por el modo de producción capitalista. Si la insipiencia de dicho estadio permite evaluarlo como pre-capitalista, ello no cambiaba el hecho de que en manos de propietarios privados estaba mucho de la infraestructura productiva y el conocimiento de la administración económica así como de la propia administración pública, es decir, el poder de la gestión eficiente. En tales condiciones era ineludible (en el convencimiento de V.I.U.Lenin) aprovechar todo ese potencial tanto para no ahogar la producción como para preparar a los nuevos cuadros de la revolución en el arte de la buena administración. No había alternativas viables ante el inconmensurable atraso de una extendida subcultura rural que debía convertirse en masa crítica para la industrialización. La Nueva Política Económica (NEP) en ningún caso tenía como objetivo potenciar el capitalismo de estado como sistema, sino propiciar el fomento de nuevas formas sociales de producción, imposibles de organizarse y desarrollarse bajo las condiciones de la economía del comunismo de guerra. De esa manera se asumía dialécticamente la necesidad del tránsito a través de un capitalismo de estado que potenciara el desarrollo de las nuevas fuerzas productivas. Esas nuevas formas de producción social estaban llamadas a subsumir las formas del modo de producción capitalista. Y es precisamente el haber advertido el peligro de real subsumisión, el que lleva a la burguesía y la aristocracia oligárquica a desencadenar la guerra civil contra el poder revolucionario. El estado (dictadura del proletariado por medio) apoyado en los soviet ejercería el poder sobre el funcionamiento de estructuras económicas capitalistas. Ése era entonces el sentido justo del momento histórico.


De esa misma forma lo asume hoy la Revolución Bolivariana de Venezuela. No existe otra alternativa para el Gobierno Bolivariano que la de transitar por un capitalismo de estado que a su vez permita gestar relaciones socioeconómicas de naturaleza socialista. La interacción entre éstas y las relaciones capitalistas irá conformando la correlación de fuerzas sociales que pueda favorecer el socialismo. La posibilidad de subsumisión de las formas capitalistas se consolidará en la medida que las formas socialistas de producción - estimuladas desde el Gobierno revolucionario - se conviertan en una alternativa de desarrollo socio-humano superior y viable. La burguesía y la oligarquía propietaria tratarán de evitar por todos los medios (como ya se ha probado) el proceso de subsumisión. El acertado control y gestión social del capitalismo de estado que la Revolución Bolivariana haga, podría saltarse el desvío hacia un indeseable socialismo de estado que frenara la socialización del modo de producción.


Es precisamente el hecho de haber saltado radicalmente por encima del capitalismo de estado (según aquella percepción leninista) lo que lleva a la Revolución cubana hacia la deriva del socialismo de estado.


Con la radical nacionalización y estatización de la propiedad la Revolución cubana desmantela estructuralmente el modo de producción capitalista. Los resquicios que sobreviven se mantienen justamente debido a la concepción de socialismo de estado en la que ancla el nuevo modo de producción. El trabajo asalariado encuentra ahí su otro nido, por cuanto las relaciones socioeconómicas, a pesar de haber sido desterrada la institucionalidad de la propiedad privada, no son regidas por un sistema de apropiación social de los factores de producción. La idea de la propiedad estatal pasa de ser la negación dialéctica del modo de producción capitalista y es convertida en paradigma de lo socialista. El socialismo es concebido desde la centralidad del estado.


Hoy el poder estado-centrista que rige el socialismo de estado se refuerza con la declaración (Raúl Castro R., 01.01.2009) de la creación de la Contraloría del Estado. Un órgano de supervisión y control del funcionamiento del Estado - se explica -, supeditado al Consejo de Estado. El Estado, erigido en juez y parte diluye la concepción política de Estado de Derecho. En cambio, la institución del Tribunal Constitucional como instancia suprema e independiente de control del orden constitucional de la República, resulta una herejía para la doctrina del socialismo de estado que cultiva la Dirigencia.


Y ese socialismo de estado constituye el marco que encorseta la transición hacia el Socialismo. La Revolución ha sido identificada con el poder del Estado para administrar la producción y distribuir la renta (la riqueza). El poder revolucionario es ante todo el poder del Estado. En consecuencia, el tránsito hacia el Socialismo no puede presentarse más que como la negación dialéctica de la Revolución. Para ello, como he expuesto, la Revolución ha de seguir siendo revolucionaria. Pero las definiciones sobre el Socialismo tienen que convertirse en la estrella polar de los marinos en quienes se encarna el pueblo.


Entre lo puntual y lo determinante


Los debates sobre los problemas puntuales son imprescindibles porque existen problemas que aquejan a la sociedad puntualmente. La definición de un conjunto de problemas puntuales a enfrentar en lo inmediato es necesaria y el pueblo lo ha planteado en miles de opiniones archivadas por el Partido. Pero es importante saber que las soluciones puntuales no son determinantes del rumbo, sino pan para hoy y hambre para mañana. El contraste de dos problemas puede explicarlo.


Haber restablecido el derecho al uso ciudadano de las infraestructuras hoteleras del país (una medida burocrática sobre una normalidad hasta antes del periodo especial 1990 y que nunca debió ser violentada por el Estado) elimina una prohibición antidemocrática, pero no dice nada sobre el derecho a la autodeterminación ciudadana. No definen ese rumbo.


Restablecer la oportunidad de la iniciativa particular en la edificación de viviendas, constituye una medida puntual de efectos contraproducentes que no da respuesta al problema estructural corrosivo. Se trata de la descentralización de la microeconomía, de manera que se permita la creación - en el sector de la construcción civil en este caso - de medianas y pequeñas empresas no-estatales en plena autogestión económica que hagan sostenible por eficiente el empeño constructivo. PYMEs de diseño arquitectónico, diseño socio-urbano, de ingeniería y construcción civil. Un movimiento de cadenas productivas autónomas en interacción directa con el demandante de la necesidad, la población, y bajo la supervisión de las agencias públicas de control técnico. Ése es el abordaje que marca el rumbo. Hoy mismo se observa cómo los importantes proyectos estatales de las llamadas petrocasas carecen de racionalidad socio-urbanística. Se utiliza un modelo de asentamientos de viviendas unifamiliares en detrimento del aprovechamiento del espacio, la versatilidad de la infraestructura y la funcionalidad comunitaria.
¿Podrá la iniciativa particular enfrascarse en la construcción de viviendas de acuerdo a modernas proyecciones arquitectónicas y urbanísticas? ¿Será capaz una iniciativa particular desarticulada crear el efecto económico multiplicador de las cadenas productivas que está llamado a generar el sector de la construcción en su conjunto? ¿Interesa o no al Gobierno la eficiencia sistémica de la economía cubana? ¿Le exigirá el pueblo responsabilidades personales a la Dirigencia del Estado por la dilapidación de recursos y energías sociales de sus decisiones?


Todo dependerá de a quién pertenezca la propiedad


La cuestión de la apropiación de los factores de producción constituye un problema determinante para la eficiencia del sistema socioeconómico. La transición hacia relaciones de producción socialistas implica el cambio del modo de producción en que se soporta del socialismo de estado. Por consiguiente, “Todo dependerá de a quién pertenezca la propiedad” (Felipe P. Roque, 2006).
La apreciación sobre el significado clave del carácter de la propiedad es plenamente acertada. Esa expresión del Ministro de Relaciones Exteriores se manifiesta ante la afirmación de Fidel Castro R. (nov. 2005) sobre la posibilidad real de la reversión de la Revolución por las contradicciones internas. Para el entonces Jefe de Estado lo reversible no era el Socialismo, sino la Revolución. En la idea del Primer Secretario del Partido, la Revolución no llega a ser sinonimia de Socialismo. Sin embargo, es preciso acotar que tampoco es su antinomia.


El Socialismo no está en peligro, sino las condicionantes de su construcción. De ahí la posibilidad objetiva actual de la deriva hacia el capitalismo. La Revolución, concebida como el proceso de transformación sociopolítica y económica de la realidad, crea en Cuba las condiciones para transitar hacia el Socialismo. El estadio intermedio ha sido el socialismo de estado.


Sin embargo, el socialismo de estado ha dejado de ser ese estadio de tránsito hacia el Socialismo, para erigirse en el modo que garantiza al Partido la gobernabilidad. En el socialismo de estado, el Estado se ha convertido en una forma de poder para sí. He expresado que la necesidad de cambios estructurales no puede ser sacrificada por el miedo a la ingobernabilidad del proceso sociopolítico. Persistir en el acomodo de las formas de gobernabilidad que propicia el socialismo de estado, implica enraizar la naturaleza represiva histórica del estado (en última instancia de todo estado). Con la construcción del Socialismo se niega dialécticamente la naturaleza represiva del estado. Para ello se han de crear nuevas formas de gobernabilidad que se sustenten en un sistema de participación social autonómico. La sociedad es dueña de su movimiento económico y sociocultural. El movimiento no es anárquico, se da dentro del consenso político sobre la institucionalidad socialista del modo de producción y de relaciones socioeconómicas afines. El Estado es la garantía del consenso y de la autonomía.


Ese sistema de participación social autonómico puede construirse únicamente a través de la plena socialización de la propiedad. Es decir, eliminandole el soporte estructural al socialismo de estado. El objeto de debate y toma de decisiones por la sociedad es transparente, no admite dobles lecturas.


Se ha hecho recurrente entre exponentes del pensamiento político, económico y sociológico en Cuba expresar la idea del sistema mixto de propiedad como la natural transfiguración del actual sistema de propiedad estatal. Se estima así cual una obviedad socialista por definición. Sin embargo, cuando se plantea que el sistema de propiedad debe convertirse en un sistema mixto y acto seguido se echa a esa gran olla los ingredientes a mano: propiedad privada, propiedad cooperativa, propiedad familiar, propiedad autogestionada y un largo etcétera; no se está discutiendo sobre la naturaleza de la propiedad en el Socialismo ni, consecuentemente, sobre la cualidad determinante del modo de producción socialista.


¿Qué se entiende por propiedad privada en el Socialismo y qué por propiedad social? ¿Cuáles han de ser, en consecuencia, los patrones de acumulación de capital? ¿Y cuál el paradigma de la distribución de la renta? Del seno del Partido no surgen ideas coherentes a este respecto. Mientras que en la práctica el sistema de propiedad estatal se va transformando por “la puerta trasera”, según el arbitrio del voluntarismo político y lo coyuntural. Todo lo cual extiende y enquista el socialismo de estado a favor de la burocracia estado-centrista que lo alimenta.
La socialización de la propiedad no puede concebirse sin la socialización de la producción e implementación de las ideas concurrentes.


Democracia socialista y transformación revolucionaria


El proceso sociopolítico cubano se encuentra ante la necesidad de sintetizar la democracia representativa y la democracia socialista. Democracia socialista implica el ejercicio real del poder popular. Significa discutir y hacer valer la voluntad popular. El debate abierto y el consenso social son las vías.


El ejercicio de la democracia socialista ha de jugar un papel determinante en la transformación de la realidad cubana y la transición hacia el Socialismo. El debate determinante hoy en Cuba es sobre el carácter y la expresión socioeconómica estructural de su concepción política. El orden del día no puede ser otro que el de la conformación de una plataforma programática sobre las imprescindibles transformaciones socialistas.


La vía del debate


La discusión en el seno de la sociedad de los problemas determinantes del Socialismo necesita superar la doctrina de la democracia tutelada. El debate social ha de darse a nivel de organizaciones gremiales, centros de trabajo y en interacciones libres entre el Partido y toda la sociedad, y ser plenamente reflejado por los medios de comunicación. Puesto que se trata de crear la masa crítica de la conciencia colectiva. La sociedad civil ha de hacer uso de su derecho para organizar y convocar foros, conferencias, seminarios y cuantos espacios de reunión y análisis estime conveniente para discutir sobre las transformaciones que conduzcan al mejoramiento de su realidad. No existe otra forma de desarrollar sensibilidad social fundamentada acerca de los cambios y proyecciones determinantes.


La plataforma programática sobre la transformación socialista no podrá conformarse sin la decidida participación del pensamiento intelectual revolucionario todo y el acervo del pensamiento popular. Y algo de relevante importancia política: no podrá legitimarse sin la abierta discusión con el pensamiento cubano que ideológicamente se le oponga.


La vía del consenso


La democracia socialista está llamada a imprimirle el carácter popular a los Poderes Populares instituidos. La vía para los consensos está en devolverle a los poderes populares su carácter democrático y su facultad de decidir. Las asambleas del Poder Popular de barrios, distritos, municipios y provincias han de ser las instancias donde se resumen y por donde transitan los postulados de los debates sociales determinantes. Sobre los cambios sistémicos y la estrategia de su desarrollo a corto, mediano y largo plazo. Esos son los foros donde el Partido a través de sus militantes tiene la oportunidad no de imponer “el borrador pre-enlatado” a ser aprobado, sino de poner en interacción sus ideas y propuestas con las ideas y visiones de todo el pueblo. El consenso popular formula principios y medidas. La plataforma política de transformación socialista se construye de abajo hacia arriba. Ahí está el poder popular que refrenda la democracia socialista.


Los delegados de los poderes populares no son otra cosa que representantes directos del pueblo. Su función política es la de exponer y defender en la Asamblea Nacional (Parlamento) la voluntad y el consenso político de los ciudadanos. Esa es la articulación del pensamiento social que tributa la democracia socialista. El momento histórico lo impone como demarcación de las cuestiones que ha de poner en agenda el VI Congreso del Partido. La proposición de aquella plataforma programática que el Partido, como organización política de la sociedad, llega a consensuar internamente se le presenta al Parlamento, no como documento único ni rector, sino como proposición política para ser discutida junto con las proposiciones que los diputados tienen la obligación de sostener y defender por el mandato popular. La plataforma consensuada en el seno de la Asamblea Nacional se somete a referendo nacional.


Agenda social y agenda política no pueden menos que coincidir en la discusión sobre el cambio cualitativo del modo de producción, la naturaleza del sistema de apropiación de los factores de producción, el problema del trabajo asalariado, la cuestión del mercado, lo imprescindible de su espacio y las características de su funcionamiento en una economía socialista, sobre las relaciones entre el Partido y el Estado, el real empoderamiento del pueblo y la autodeterminación ciudadana concomitante. El pluralismo de pensamiento y expresión ha de establecerse como cultura de la participación política. No existe otra manera de que se sostenga y sea eficiente políticamente el sistema de partido único. Y no existe otra forma de definir las formas del socialismo que queremos.


Si desde ya y a través de todo el presente año (2009) la sociedad cubana no se sumerge en la discusión abierta y sistemática sobre estos problemas, si no aprende y aporta sobre las cuestiones determinantes, si no se articula el proceso de debate y concertación de la voluntad popular hacia un consenso programático sobre los cambios conceptuales y estructurales necesarios, todas las decisiones que desde el Partido y el Estado se tomen o se dejen de tomar en el VI Congreso del Partido estarán atentando contra las posibilidades de progreso. El Proyecto Socialista seguirá fuera de los carriles de la viabilidad.


Roberto Cobas Avivar


[1] Un ciclo que cierra virtualmente en 1998, según lo analiza el economista cubano Alfredo González Gutiérrez ensu artículo: Economía y sociedad. Los retos del modelo económico; revista Temas, número 11/1998; editora Nueva Época; Cuba, 1998, pág.4.
[2] UJC – Unión de Jóvenes Comunistas; FEU – Federación de Estudiantes Universitarios; FEEM – Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media; UPC – Unión de Pioneros de Cuba.

Roberto Cobas Avivar en Kaos en la Red

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miércoles, 7 de enero de 2009

Tránsito del Estatalismo al SOCIALISMO.

¿Qué otros cambios MÁS ESTRUCTURALES? ¿Reducir ministerios, caerle al burócrata, separar Poderes, subir salarios, unificar monedas, cada cual levantando casa con recursos propios?

Félix Guerra Para Kaos en la Red




¿Por qué la mayoría aceptaría un Socialismo Democrático?

(Ver ¿Qué le falto siempre al Socialismo? Partes l, II y FINAL, publicada en Kaos.Cuba, en diciembre del 2008)

1) Porque sabemos que si el exilio más reaccionario y sus auspiciadores regresan y las propiedades vuelven a sus viejos dueños, NOSOTROS, los cubanos, y los de NUESTRA AMERICA, los que permanecemos en cualquier sitio al sur del Continente, TENDRÍAMOS ENORMES POSIBILIDADES de volver a la indigencia neocolonial. Ese programa, que acabó de redactar la administración Bush, fue el mayor espaldarazo a la revolución cubana que pudiera dar nadie.
2) Incluso, POR PONER UN EJEMPLO, ni siquiera los bodegueros y carniceros de toda Cuba, hoy no desean que vuelva los dueños de antes ni el capitalismo, aunque ellos no profesan en un 95 por ciento las ideas del socialismo.
Lo hacen porque si no perderían el mayor privilegio que han tenidos nunca, huronear con impunidad y señorío, sentirse dueños sin serlos, ser estado sin serlos, ser personas importantes y populares de la comunidad, aunque no elegibles para cargos del poder popular (ética comunitaria), por lo cual también se alegran.
3) ¿Quién no aceptaría ser propietario(a) o copropietaria(o), con el visto bueno de la sociedad y la comunidad y apoyado en el colectivo?
Y recibiendo parte de las ganancias mensuales o trimestrales o anuales. Sin que se le duerman los lechones en la barriga y poniendo usted su interés, entusiasmo y gestión, su inteligencia y opinión, su experiencia y conocimientos, sobre cómo fabricar o mejorar la fabricación y fabricando efectivamente este o aquel otro objeto, otra sustancia, otro producto, otro fruto, otro servicio, otra información, otra obra.
¿El capitalismo, de forma masiva y expansiva ofrece eso a sus poblaciones rurales o urbanas? El señor capitalista se lo ofrece a sí mismo y a los herederos. Y sus personas se tornan mas creativas, interesadas y tenaces, más dueñas de sus destino, más soñadoras y ambiciosas (nada es perfecto). Esos lucharán por lo suyo con todas las herramientas a su disposición.
El socialismo (sin truco, de propiedad social) creará personas sumamente interesadas en los ahora áridas temáticas de producción, productividad, proveer y ensanchar el mercado, disponer de una oferta adecuada y hasta óptima, abastecer una demanda en crecimiento, darle calidad a la vida, etcétera. Esa preocupación del Estado sería ampliamente sobrepasada por productores libres, dueños de sus fuerzas y tiempos de trabajo.
4) Algunos, no desestimable en cantidad y calidad, aceptaríamos porque no le vemos futuro al capitalismo. Fuimos revolucionarios siempre, socialistas algunos de cuna, o convencidos por la épica histórica, con una tradición martiana y maceista que no la enfriaron decenios de ESTATALISMO y últimamente de ESTATISMO en Cuba.
5) Porque los más viejos vieron y contaron aquellos días infames de una juventud ingenua y corajuda inmolándose en las montañas y calles de ciudad, amaneciendo al nuevo día con un fraudulento paquete de TNT entre las manos yertas. Esos jóvenes tenían, como todos, familiares y dejaron atrás padres, hermanos, hijos, huérfanos, mujeres, viudas. Y un recuerdo que se conserva en fotos dentro de sus herméticos portarretratos.
6) Porque antes Vietnam y ahora Irak y Afganistán, etcétera, dejan claro que si el imperio lo desea , desata guerras, invade, ocupa, mata a diario, bombardea indiscriminada o selectivamente, y no deja más que algunos títeres con cabeza, siempre a su disposición. Ya ocurrió más o menos en Cuba antes, además de legarnos una Base Naval y la Enmienda Platt y retornar con sus tropas cada vez que se hizo imprescindible en el primer tercio del siglo XX.
7) Porque mucha pero mucha gente abrió los ojos a la nueva Isla-archipiélago en 1959 y se emocionó, coño, y se estremeció, carajo, y se esperanzó y supo que tenían corazones y lágrimas como cualquier hijo de Dios o de sus Padres, con cada expropiación y nacionalización, mientras le hablaban del Poder del Pueblo y de la espectacular Propiedad Social.
8) ¡Porque la PROPIEDAD SOCIAL entonces es posible! Y no una simple fanfarrea verbal o verborrea fantasmal, aunque hasta ahora los dirigentes del socialismo se la hayan puesto difícil a la gente.
¿Si entregamos tierra a grupos campesinos, ellos hace producir la tierra? ¿Las cooperativas son las que mayoritariamente surten el agro y dan para poner almuerzo y comida con vegetales y viandas y frutas casi a diario?
¿Por qué no probar más de ese tipo de propiedad, por ejemplo, en la gastronomía, los servicios, el turismo, el transporte, la tierra misma, por supuesto sin desechar del todo y de momento la pomposa y cara propiedad estatal (que tiene precios altos, da mal servicio, paga salario que obligan al trabajador a compensar o desviar por la izquierda para su supervivencia individual y familiar?
Un detalle gigantesco, que casi decide la batalla, es que la revolución expropió y nacionalizó, en su instante oportuno, los recursos naturales, la maquinaria industrial y todo lo demás, para facilitar el tránsito hacia la propiedad social. Será no solo un tránsito pacífico y ordenado, sino tan armonioso como jamás se registró antes con sucesos semejantes. Una Historia para contar.
9) Si los dirigente socialistas provisionalmente pelean por mantener un Estado regulador o que dirija las acciones, hasta un día, pero que saben, porque lo dijo Carlos Marx, su personaje favorito, que el Estado se extinguirá poco a poco y algún día será un chisporroteo mañanero, una prehistoria recordada y olvidada, ¿quién puede, sino, a todas luces, ser el propietario del futuro, el propietario inédito?
¿Quién el que se expande y absorbe a las nuevas generaciones y es capaz de un sentimiento de pertenencia y de una productividad grande, rentable, sustentable, sin perder de vista que debe preservar esa propiedad, cualquier que sea, modernizarla y dejarla en estado funcional para quienes vienen detrás a sustituir y mantener viva a la humanidad y al planeta?
10) La lógica de la Historia. En voz de Manual. Comunidad primitiva y ausencia de propiedad privada. Luego el Señor Esclavista y la Sociedad Esclavista. El Señor Feudal y la Sociedad Feudal. El Señor Capitalista y la Sociedad Capitalista. ¿Luego qué? La propiedad del Estado y el Señor Dirigente. Algo faltas para hablar con “propiedad” de la próxima estación. ¿El Señor Socialista, no tiene propiedad?
¿Quién la usurpó? ¿En los primeros tiempo para reorganizar e impedir el caos? ¿Luego para acabar con la monoproducción, para salir de ese atasco que fue ser un país manufacturero y eminentemente agrícola? ¿Para industrializar?
La monoproducción finiquitó, incluyendo la producción masiva de azúcar del gran productor mundial. De esa forma inusual dejamos de ser aquellos monoproductores. Ya no somos tampoco el país casi totalmente agrícola. Ahora importamos buena partes de nuestros alimentos imprescindibles, cuando un 50 por ciento de la tierra permanece inculta, desaprovechada, infructuosa, improductiva.
10) Ahora puestas al descubierto ciertas grietas y el hecho cierto de que todos, o la gran mayoría, pueden convertirse en propietario, sin dañar nada, ni con el pétalo de una rosa, enrolarse y emocionarse en la transformación socialista de la economía y de la sociedad, y con la posibilidad cierta de que esa propiedad social nos haría más fuerte, resistentes, cohesionados, productivos, más personas, individuos, patriotas, más Nación, ¿qué falta?
¿No resta solo entonces comenzar a pasar la propiedad al dueño natural, a las criaturas que estaban en el clan de los orígenes antes de que llegaran invasores, conquistadores, clases sociales, colonialistas, señores esclavistas, señores feudales y capitalistas, políticos, dirigentes y el Poder omnipresente del Estado.

FÉLIX GUERRA.
ENERO 6 DE 2009. CIUDAD DE LA HABANA.

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jueves, 1 de enero de 2009

Cuba: legados y desafíos en nuestro 50 aniversario.




A 50 años del 1/1/1959, Cuba combina logros sociales, defensa de la soberanía y promoción de una cultura solidaria,con una participación ciudadana acotada por la estatización de las esferas públicas.



Armando Chaguaceda [I] Para Kaos en la Red




Para “Mayo” y Fernan, amigos irreverentes.
Arena de pasiones encontradas, mitos ideológicos y conquistas sociales, Cuba conmemorará en unos días el medio siglo del histórico triunfo revolucionario de 1959. Y lo hace ataviada con realidadescontrastantes. La isla es el único país de América Latina cumplidor de las metas del Milenio de la o­nU, cuenta con la mortalidad infantil más baja del hemisferio (7 por cada 1000 nacidos vivos) y una expectativa de vida de 78 años, posee un 99% de los niños escolarizados, la mitad de su población entre 18 y 25 años está incorporada a la educación superior y todos existen una cobertura de salud y seguridad social universales. Los niveles de desigualdad son acotados y se apoya a las regiones y familias vulnerables, con un control estatal de los recursos naturales y económicos fundamentales, que permite diseñar y aplicar políticas de desarrollo relativamente autóctonas. La psicología y cultura popular nacionales reivindican valores como la equidad, solidaridad, la dignidad y el espíritu emprendedor; reforzados en su mayoría por políticas de la Revolución.
Sin embargo, la isla también enfrenta desafíos mayúsculos: desde hace 30 años no garantiza su reemplazo poblacional de largo plazo, y desde el 2006 la población cubana decrece[II] y envejece ante el efecto combinado de la baja natalidad (hija del alto nivel educativo), la buena cobertura médica, el peso de las dificultades económicas y una migración con énfasis en jóvenes calificados. Existe un 20% de pobreza urbana y una extensión del subconsumo; pulula una amplia economía informal y elirrespeto de una legalidad frecuentemente interpretada como ilegitima por una ciudadanía carente de cultura jurídica.El interés de institucionalizar los procesos choca con el hasta ahora amplio ejercicio discrecional dedecisiones ejecutivas y la (con)fusión entre el Partido Comunista de Cuba (PCC), el Estado y el Gobierno; con una cultura de gestión política centralizada y verticalista, que ha estimulado poco el desarrollo efectivo de los poderes populares locales y restringido funciones ministeriales. Mientras que al gobierno de los Estados Unidos se le percibe como amenaza histórica a la independencia nacional, la sociedad gringa aparece como horizonte de vida deseable para cantidades significativas de personas.
Durante el período que va de agosto de 2006 a febrero de 2008 fue efectuado sin sobresalto el relevo de liderazgo, las funciones de mando fueron repartidas y el presidente Raúl Castro impulsó un fortalecimiento de la institucionalidad, dirigido por el Partido. Los cambios son particularmente necesarios para un70% de los 11 millones de cubanos nacido después de 1959, con énfasis en los tres millones de habitantes menores de 20 años, para los que la crisis material y sus efectos morales constituye “su vida y visión del socialismo”. El saldo de la etapa se expresó en un conjunto de decisiones puntuales: el ajuste de las inversiones de la "Batalla de Ideas"[III]; el pago de deudas estatales a campesinos privados y la elevación hasta en un 250% de los precios "de acopio" que paga el Estado por la leche y carne producidas por aquellos; cierta flexibilización de la política aduanera para permitir la importación individual de artículos electrodomésticos. Y se produjo el anuncio de una añorada reforma salarial que eliminaría los topes a los ingresos devengados, estimulando el desempeño personal.
Durante la etapa se emprendieron algunas inversiones industriales (petroquímica), se rehabilitaron acueductos y viales, se acometieron cruciales obras hidráulicas en las provincias orientales, afectadas por la sequía. También se impulsó la producción y comercio territoriales de hortalizas y leche, hubo un sensible mejoramiento del transporte público en la capitaly cierta recuperación en sector de la salud, la gastronomía y el comercio. Sin embargo continuó restringida la oferta de la libreta de racionamiento (válida para cubrir por 15 días[IV] las necesidades básicas de alimentación), se mantuvo el estancamiento de losingresos personales reales (cada familia destina actualmente a la alimentación casi el 80 %de sus ingresos personales), mientras el modesto incremento salarial de fines del 2005 fue reducido por el aumento de la tarifa de electricidad para el ahorro energético.
Aunque algunas demandas populares (fin de restricciones a viajes al exterior de los ciudadanos, más espacio a iniciativa personal, etc.) siguen durmiendo el sueño de los justos, se han levantadoprohibiciones relativas al acceso a los hoteles; al servicio de comunicación celular y a la venta de varios tipos de bienes de consumo demandados por segmentos solventes de la sociedad. Desde diversas ópticas estas “aperturas” han sido frecuentemente valoradas desde enfoques polares (apuesta de la libertad personal con énfasis en derecho formal versus defensa de una equidad social anclada en la capacidad efectiva de realizar el consumo) revelando la necesidad de un marco de creación y ejercicio de derecho con participación ciudadana y del control de acciones discrecionales del funcionariado. Ya que tanto unperfeccionamiento democrático del socialismo, como la defensa de los intereses populares ante una potencial restauración capitalista (dirigida porsegmentos de la tecnoburocracia), supondría el impulso a formas de contraloría social, rendición de cuentas y creación de interfaces “sociedad civil-estado” donde la primera no sea mera correa de transmisión de las decisiones del segundo.
En la dimensión exterior, la necesaria y promisoria orientación latinoamericanista recibe hoy impulsos con la continua condena al bloqueo yanqui, la entrada cubana al Grupo de Río, y el espaldarazo del gobierno brasileño (con incremento del comercio, el crédito y las inversiones) simbólicamente sancionado con la invitación de Lula a Raúl para una visita a tierras cariocas. La normalización migratoria con México, y las mejoradas relaciones con Argentina y Colombia, parecen apuntar a una dirección positiva. Sin embargo, el acercamiento Cuba-A. Latina confronta varios escollos fundamentales. Las dificultades internas de los aliados (conflicto de autonomías en Bolivia, disputa electoral en Nicaragua, fortalecimiento de la oposición en Venezuela); las presiones de la actual crisis económica mundial; y el hecho de que los nuevosgobiernos «progresistas» de la región hablan un lenguaje diferente del discurso y cultura política oficiales cubanas, son algunos de ellos.
Afortunadamente, existe en el liderazgo un consenso en la necesidad perentoria de sacar adelante la economía y aumentar la producción de alimentos.[V] Estas, y otras medidas de beneficio popular (construcción de vivienda, aumento de pensiones- limitadas en su aplicación y expansión ante las demandas acumuladas y los factores demográficos ya señalados-, y cese de prohibiciones absurdas) pueden mejorar el entorno donde se ejerce la gobernabilidad, y rebajar la presión social. Pero no bastan para reconstruir el monopolio estatal de asignación de recursos, valores y movilidad social de décadas pasadas, mientras las prácticas generalizadas de ilegalidad vinculadas a economías de sobrevivencia minan los fundamentos morales y la base material del poder.
La actual coyuntura es sin dudas un espacio de retos y oportunidades, siempre influidos por las contingencias. Como plantea un destacado politólogo cubano “En la burocracia uno se puede encontrar personas más propensas y menos propensas al cambio, pero dentro de la burocracia en posiciones de poder hay un sector recalcitrante, que no querría ceder un ápice de poder, descentralizar, darle más participación a la gente en las decisiones.[VI] Obviamente, con un liderazgo histórico en declive, los gobernantes tendrán que desarrollar nuevos mecanismos de movilización y participación política, es decir, tendrán que establecer nuevas “reglas del juego” para lograr consenso y manejar los conflictos internos. La pregunta entonces será si se radicalizarán estrategias ancladas en visiones conservadoras de “los valores históricos de la Revolución”; si se emprenderán reformas económicas al estilo chino o vietnamita; o si se reinventa, participativamente, el socialismo cubano.
El reto más subversivo, difícil y urgente es garantizar la continuidad sostenible de las grandes promesas de la Revolución (soberanía nacional, desarrollo autóctono, justicia social) imbricándolas con mayores cotas de protagonismo popular y reconocimiento de la pluralidad. Ello implica, como acertadamente dice Rafael Hernández, director de la prestigiosa revista Temas “(…) abordar problemas de fondo, entre ellos: ampliar las formas de propiedad de los medios de producción para incluir la propiedad social y privada, fortalecer la hoy deficiente participación de los ciudadanos en las decisiones de gobierno y en el control de las políticas públicas y rearticular el consenso político en torno a un nuevo modelo de socialismo (…)” y sobre todo aceptar que “(…)En el socialismo, el diálogo entre los dirigentes y la opinión pública, y los cambios derivados de éste deberían ser parte de la política normal, no una campaña o una consigna para ciertas etapas de crisis. Que el proyecto socialista se renueve depende en buena medida de esa capacidad del liderazgo para interactuar con un pueblo educado, gracias a la revolución, y que por eso mismo tiene su propio criterio.”[VII]
Preservar un conjunto de conquistas de la Revolución, destacándose la noción de derechos sociales efectivos, universales y asimilados cómo responsabilidad estatal,junto a la aspiración a una creciente participación política de sujetos populares, son condiciones para desplegar unademocracia socialista. En Cuba, ello supone la necesidad de superar la fragmentación asociativa generada desde la institucionalidad estatal, el fomento de espacios autónomos de organización popular, la reactivación y resignificación de las organizaciones de masas (reorientando su misión social), el impulso a las formas de democracia laboral, descentralización y gestión participativa de lo local, y una real democratización de las instituciones y organizaciones políticas capaz de frenar el fortalecimiento burocrático.[VIII] Pero estemos alerta: aquellos que apostamos por una reforma radical dentro de la institucionalidad revolucionaria podemos ser rebasados por las coyunturas si las demoras de transformación generan movimientos pendulares hacia posturas neoliberales, concitando el potencial apoyo de franjas de la poblaciónque llevan subconsumiendo casi 20 años, de cara al influjo erosionador de la propaganda de Miami. A fin de cuenta, dentro del campo de tendencias socialistas coexisten tanto reformistas light, tecnocráticos y funcionales a los burócratas conservadores, como posturas excesivamente antiestatistas que desconocen que el sujeto real del cambio (la población) como la complejidad de desafíos de un país como el nuestro (pobre y acosado por el imperialismo) no pueden afrontarse sin un estado compacto, eficiente y funcional, pero también socialmente controlado e ideológicamente comprometido con fuerzas socialistas de auténtica raigambre popular.
Los cambios en curso (y los esperados) supondrían también el despliegue de un modelo de desarrollo agrícola ecológicamente virtuoso, integrador de factores productivos, sociales y culturales, que reconozca preferencia a las formas socialistas y no meramente las estatales. Junto a ello la complementariedad de modalidades de propiedad y gestión cooperativas, populares, comunitarias y privadas, y la conformación de redes económicas territoriales que sustenten un desarrollo local armónico y centrado en las necesidades ciudadanas.
El legado es tan grande cómo los desafíos. Respecto a esta relaciónno encuentro palabras más precisas y hermosas que las que escribiera el colega Mario Castillo quién, en un texto lamentablemente inédito afirmó “La Revolución convirtió en cultura política de nuestro país la idea de que los humildes, los nietos de lavanderas y carpinteros, de cañeros cansados y sirvientas, delimpiabotas y costureras, de maestras sin trabajo y estibadores, somos los protagonistas de nuestras vidas, que el mundo pasa por nuestras manos y que nosotros contamos en todo lo referido a el (…)la Revolución para que rectifique su sentido originario debe dejar de ser el manto glorioso que cubre al estado cubano y volver a ser el escenario donde descubrimos una vez que éramos los protagonistas no asalariados, auténticos y fecundos, del drama de nuestra historia”. Fin de la cita. A fin de cuentas, el socialismo cubano, vencido el reto de la sobrevivencia, tiene ante sí la enorme responsabilidad de revitalizarse, cómo esperanza para la gente de a pie, tanto dentro como fuera de la heroica y hermosa isla caribeña.





[I] Politólogo e historiador. Profesor del Campus Virtual de CLACSO, miembro de la Cátedra Haydeé Santamaríade la Asociación Hermanos Saìz (Cuba). Versiones ampliadas del presente texto se encuentran en proceso editorial con el Social Sciences Research Council y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.
[II] Por factoresaún no suficientemente claros, algunas cifras indican que en el primer semestre de este año se produjo un moderado crecimiento poblacional, fenómeno que habría que seguir atentamente.
[III] Conjunto de planes e inversiones sociales de variable impacto, inspirados por Fidel Castro y dirigidos centralmente por equipos constituidos al efecto, que tratan de enfrentar problemas y demandas acumulados en los críticos años 90: desempleo juvenil, falta de personal docente y de salud, servicios médicos de alta tecnología, restauración de centros culturales, ediciones masivas de libros, entre otros. Funcionando paralelamente a (e imbricándose con) los servicios públicos tradicionales, han utilizado grandes montos de recursos del presupuesto nacional, a partir de su despliegue en el año 2000.
[IV] Se trata de un dato que refiere lo asignado en Ciudad de la Habana, ya que el resto de las provincias y especialmente las zonas rurales reciben aún menos productos. Y en todo el país hay rubros (aseo, grasas, cárnicos, lácteos, verduras, etc.) que deben comprarse en establecimientos corrientes, a precio de mercado, tensionando fuertemente los magros salarios.
[V] El vicepresidente Esteban Lazo, enuna reunión del PCCen la provincia de Matanzas el 17 de junio de 2008, llamó a trabajar «con disciplina» y «mayor eficiencia » para aumentar la producción de alimentos, disminuir las importaciones cómo “estrategia fundamental del país y la mayor contribución que puede hacer hoy el Partido para salvar el socialismo”. Durante la Asamblea Provincial del PCC en la provincia de Santiago de Cuba, a finales de julio de 2008, el primer vicepresidenteJosé Ramón Machado Ventura, mencionó «la baja productividad de las fuerzas, falta de exigencia, ausentismo y el descontrol existente en no pocas entidades»como factores responsables de los «insuficientes niveles productivos » en el sector agropecuario de la provincia, más allá de la limitación de recursos.
[VI] “En juego, un nuevo modelo del socialismo en Cuba”;entrevista a Rafael Hernández,Gerardo Arreola, La Jornada, 29 de noviembre.
[VII] Rafael Hernández, “El reto, un nuevo modelo”, revista Procesos No 1634, 24 de febrero de 2008, México. Enfoques esencialmente compartidos por este autor son los de Carlos Alzugaray, “Una aproximación desde la Isla, El ser y el devenir político de Cuba en los albores del siglo XXI”, Dossier “Cuba el cambio a debate”, revista Encuentro, 2008; y “Cuba en su laberinto”, entrevista realizada a Aurelio Alonso, publicada el 15 de noviembre de 2008 en la revista digital La Ventana, de Casa de las Américas. Sugerentesresultan algunos criterios vertidos en“Sobre la transición socialista en Cuba: un simposio” revista Temas, no 50-51, abril-septiembre de 2007.
[VIII] Julio César Guanche, La autogestión del futuro (inédito), ponencia presentada en Belén do Pará, Brasil, en el verano de 2008. TambiénHaroldo Dilla “La dirección y los limites de los cambios”, revista Nueva Sociedad, No 216, julio-agosto de 2008 y Armando Chaguaceda, “La ley y el desorden: lecturas desde la suciedad incivil”, revista Alma Máter, octubre de 2008, la Habana.

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Demasiada calma cuando hace falta prisa.


Se hace énfasis en la necesidad de que se cumpla el principio socialista de aportar para recibir, a la vez que se critica la lentitud en la toma de medidas por parte de la dirigencia Cubana


Carlos Morejón Para Kaos en la Red



El que escribe estas líneas es un comunista cubano de 53 años. Creo en la factibilidad de un sistema socialista en Cuba y por ese motivo, durante toda mi vida he defendido esta opción. Los revolucionarios defendemos ideas, recalcaba un compatriota en un comentario en kaos y estoy de acuerdo con él.
No somos fanáticos ni seguidores ciegos de una doctrina o de algún líder. En mi caso, pienso que el socialismo no solo es posible, sino imprescindible para la especie humana. Además es la garantía de la supervivencia de la nación cubana frente al país más poderoso del mundo.
Y en cuanto a los líderes revolucionarios, estoy convencido de la honestidad, inteligencia, valentía y capacidad que han demostrado Fidel y Raúl durante toda su vida.
En ese sentido los admiro y los respeto, aunque como todo ser humano pensante, en ocasiones no haya estado de acuerdo con alguno de ellos y considere que en su actuar político han cometido errores.
No hay obra humana sin errores y la propia naturaleza se corrige constantemente a sí misma.
Creo que la inmensa mayoría de los revolucionarios cubanos pensamos de este modo y defendemos y defenderemos la opción socialista en Cuba. Pero para hablar y discutir de algo debe definirse clara e inequívocamente de qué se habla para luego discutir.
Y es que la definición de Socialismo nunca ha sido clara e inequívoca.
De manera general se entiende por socialismo al sistema socio-económico en el cual predomina la propiedad social sobre los medios de producción. En eso casi todos estamos de acuerdo.
Pero no en cuanto a qué cosa es propiedad social. Para unos es lo que ha existido hasta ahora: Propiedad Estatal.
Para otros es la propiedad colectiva de dichos medios por parte de los trabajadores de la finca, la fábrica o taller.
En éste último caso, el asunto se complica cuando se trata de una escuela, hospital o servicios públicos básicos, en los cuales sería aconsejable una participación del trabajador en la administración de su centro y no una propiedad colectiva, de la misma manera que debiera ser en las grandes empresas de importancia nacional.
Yo, personalmente, soy partidario de estas formas de propiedad colectiva, es decir, la propiedad cooperativa, la co-gestión estado-obrero en las grandes empresas y servicios básicos (conservando el estado la propiedad), además de permitir un espacio para la pequeña propiedad privada y el trabajo por cuenta propia. A esto cabe agregar la participación de empresas extranjeras en asociaciones con empresas nacionales.
Para que esto funcione, debe existir una amplia descentralización de los poderes del estado, pasando la mayor parte de las decisiones a los niveles de base (municipios, consejos populares) y utilizando a su vez al máximo los mecanismos de participación y consulta popular con fuerza ejecutiva, tales como referendos, asambleas etc.
También deberían crearse todo tipo de mecanismos de control, auditoría y revisión por parte de de la sociedad a los distintos niveles. Los niveles superiores de la administración del estado deben a su vez, recibir un impuesto sobre las ganancias de las empresas, productores y servicios que son administrados a nivel municipal y conservar el control administrativo (en co-gestión participativa con los trabajadores) de las empresas, servicios y productores de importancia provincial y nacional.
El estado debería contar con leyes y mecanismos de control que regulen las potestades y faciliten la interacción entre los diversos escalones de la vida económica, política y social del país.
De fundamental puede calificarse el papel del Partido, como vanguardia política de esta sociedad de trabajadores cultos y cooperativos, ya que constituiría la garantía de la existencia de valores humanos superiores en la construcción de la riqueza colectiva.
El parlamento, las asambleas provinciales y municipales del poder popular, los consejos populares y circunscripciones, con la participación decisiva de las organizaciones de masa y bajo el papel dirigente del partido, serían organismos vivos, en perenne y aguda discusión de las diferentes problemáticas de la vida de la nación, en busca de soluciones que saldrían de estas instancias y no de la cúpula del poder, cuya función fundamental debiera ser justamente estimular la administración colectiva de la sociedad por todos los que aportan a ella y con luz larga e inteligencia, guiar a la nación en su interacción con los demás países y bloques de este mundo cada vez más globalizado.
Eso, de manera muy abreviado, es lo que creo debiera ser el socialismo, las soluciones deben aportarlas los trabajadores. Sin embargo, el motivo fundamental de mi participación aquí es otro.
Ayer leí lo que dijo Raúl en la Asamblea Nacional.
Por lo visto, nuestros dirigentes piensan que los trabajadores cubanos podemos seguir esperando tranquilamente a que la dirigencia halle un modo de sacar al país de la profunda crisis económica y social en que se encuentra, con síntomas de convertirse en crisis política de imprevisibles consecuencias.
Un ejemplo de esa calma chicha de los dirigentes cubanos, es el asunto de los millones de hombres y mujeres que en Cuba no trabajan y reciben los mismos subsidios y prestaciones que los trabajadores, jubilados y estudiantes.
No se piense que es una cifra despreciable. El subsidio a los precios de esa pequeña cantidad de alimentos normados, que reciben todos los cubanos, trabajen o no, vale cientos de millones de dólares al año.
A pesar del incremento de la tarifa eléctrica, el estado subsidia en una cifra similar el costo de la electricidad a clientes privados y estatales. También son subsidiados los precios de todos los tipos de transporte público (ese mismo que es tan deficiente), el agua y otros servicios básicos a la población.
El estado da derecho a los servicios de salud a todas las personas, trabajadores (junto a jubilados y estudiantes) o vagos. Los hijos de todos tienen acceso a la educación sin averiguar cuanto aportan sus padres.
Todos los cubanos cuentan con protección policial y son defendidos por nuestras gloriosas FAR, así sean trabajadores o no.
La suma de todos estos gastos para las personas que nada aportan es superior a los 1500 millones de dólares anuales.
Esto no sale del bolsillo de Fidel, de Raúl, de Almeida ni del de Ramiro solamente (porque ellos sí trabajan), sino del bolsillo de TODOS LOS TRABAJADORES cubanos, que sumamos una cantidad apreciable, aunque cada vez menor. Cada día que pasa sin tomar medidas contra esta situación es una bofetada en el rostro de cada trabajador, jubilado, militar y estudiante cubano. Es un insulto a la memoria de todos los caídos por la libertad y el socialismo en Cuba.
Cada tarde que vuelvo del trabajo y veo al gordo bandido de al lado de mi casa echándose fresco en los c...., traficando con cuanta cosa pueda robarse y pervirtiendo a Mahoma en vez de trabajar y oigo a nuestros dirigentes decir que hay que seguir esperando con calma a que ellos encuentren la solución correcta para lograr que la gente trabaje, me parece que alguien se está burlando de mí.
En cualquier país del mundo, excepto Cuba, el que no aporta al presupuesto ni come, ni va al médico, ni tiene casa, ni puede hacer que sus hijos estudien. Qué porquería de sistema tenemos en Cuba que privilegia al vago, al ladrón y al insconciente?
Por qué diablos el gobierno me OBLIGA a mantener a los vagos? Cuando se va a hacer realidad el tan cacareado principio socialista "De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo" ? Tengo que esperar otros 50 años?
Insisto que no solo me refiero a los vagos del sexo masculino, sino también a las de sexo femenino. En Cuba el trabajo por parte de la mujer no es obligatorio. Por lo general no se incluyen las mujeres que no trabajan en las cifras oficiales de desempleo.
Por qué yo tengo que ayudar a mantener a la mujer de mi vecino, que no ha trabajado nunca porque no ha querido? Por qué yo tengo que contribuir a pagarle sus tratamientos médicos, su protección policial, su gasto de electricidad si ella no tira un chícharo?
Hasta cuando los dirigentes de este país, en nombre de los más altos valores de solidaridad humana, se van a apropiar de las ganancias de los trabajadores, obtenidas con enormes sacrificios, para repartirlas a los vagos e inconscientes? Esa basura es SOCIALISMO?
Yo se muy bien que la máxima dirigencia de la Revolución está consciente de este problema. Raúl habló de eso en el discurso del 26 de Julio del 2007. Han pasado 18 meses y no solo no han hecho ni c..., sino que ahora plantea que hay que seguir esperando, porque el problema no se resuelve solamente con una ley, debe encontrarse una solución de tipo económico, que obligue a la gente a trabajar.
Correcto. Pero en 18 meses (por poner una fecha de inicio, como si hubiesen descubierto el problema entonces) no se ha adelantado ningún plan, ninguna idea. No se le ha dicho a los trabajadores "vamos a hacer esto y lo otro, con su participación", todo se deja para cuando los dirigentes entiendan.
Cierto que el problema es complicado. Involucra la necesidad de crear empleos suficientes (aún cuando escasea la mano de obra en un montón de tareas), estudiar como eliminar subsidios indiscriminados y gratuidades indebidas. Pero en 18 meses ni un rayito de luz ni de esperanza...Y los ciclones vienen, desbaratan lo poco que tenemos, las casas que llevan milenios sin mantenimiento.
Pero los vagos siguen ahí, incólumes, impertérritos, indestructibles, protegidos y mantenidos por un estado que dice ser revolucionario y de los trabajadores, y que los mantienen, los sanan y los protegen a costa del sudor y hasta la sangre de los trabajadores!!!
Puede concebirse algo más insólito? Puede algún lector extranjero citarme el nombre de algún país de este planeta donde el gobierno OBLIGUE a la población a mantener a quienes ni trabajan ni pagan impuestos?
Es necesario que la dirigencia histórica de la Revolución tome conciencia de la situación actual del país, los trabajadores necesitamos urgentemente ver una luz al final del túnel, un rayito de esperanza, no bastan palabras imprecisas de que se va a trabajar en solucionar los problemas, aunque sabemos que se trabaja muy seriamente para el Congreso del Partido.
Pero hay que bajar a la calle a los centros de trabajo, resulta imprescindible poner a trabajar al pueblo en la búsqueda de soluciones, no brindarle soluciones ya hechas en los edificios del gobierno.
Hay que actuar con rapidez, con inmediatez. Si en los dos primeros años de la Revolución se transformó toda la estructura política, económica y militar del país, con la participación decisiva de los trabajadores, estudiantes y otras capas sociales progresistas, ahora hay que hacer algo similar, si es que queremos salvar el Socialismo y por tanto a la Patria.
Urge terminar con los subsidios indiscriminados, con ese dinero incrementar salarios y pensiones y privar a todos los vagos de beneficios inmerecidos, hasta tanto reformas económicas más profundas y mejor consensuadas puedan ponerse en marcha. Ofertar las plazas laborales disponibles y abrir más capacidades de trabajo por cuenta propia y cooperativo. Incluso, si fuese necesario, es preferible crear el subsidio por desempleo, si es que una persona no tiene trabajo disponible en un momento dado, antes que continuar haciendo lo que hacemos hoy.
El Socialismo tiene que ser la sociedad de los trabajadores, de la gente que aporta riquezas materiales y espirituales con sus manos y su inteligencia. Llamo a los revolucionarios cubanos a debatir estos temas en kaos y en todos los medios y circunstancias posibles.
Es fundamental que la sociedad cubana comience a moverse para resolver sus problemas. Hay que salvar la Revolución, la Patria y el Socialismo.

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