sábado, 11 de octubre de 2008

Fabricar mentiras con inconsecuencias y falsas premisas

Comentando un escrito de Roberto del Valle sobre las Propuestas Programáticas
de Pedro Campos y otros compañeros.


Pepe Pérez y Pérez Para Kaos en la Red
Coincido con del Valle en que cualquier alternativa que asuma el socialismo en Cuba debe preservar todos los logros alcanzados por la Revolución, su intransigencia frente al Imperio y la solidaridad que ha caracterizado su política internacional, pero todo eso no se preserva con más de lo mismo, sino haciendo cambios profundos en el esquema que ya fracasó en todas partes y que tiene a nuestro país en crisis permanente hace años y al borde de la reversión y la restauración plena del capitalismo.
Dicho esto, Del Valle, vayamos a su fabricación de falsedades y a las muchas inconsecuencias de su cavilación bajo el título: “Cuba, la crisis del socialismo y la cotidianidad del cubano”.
Comparto con Usted que el pueblo reclama transformaciones que conduzcan a un socialismo superior, pero en todo su escrito no hay una sola palabra que sugiera algo nuevo, distintos a lo que se ha venido haciendo en estos 50 años. Tampoco aporta Usted idea alguna que trate de explicar por qué no se logran las transformaciones que el pueblo reclama.
Se pregunta Usted qué sucedería en la sociedad cubana si las Propuesta Programática para un socialismo participativo y democrático se discutieran en Cuba como el discurso de Raúl y se responde confusamente intercalando, entre pregunta y respuesta, palabras de Fidel: “Si se tomara al pie de la letra el concepto de revolución dado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, donde en su primera parte dice: Revolución es sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que debe ser cambiado… pues la propuesta de Campos Santos desmontaría por completo las bases del socialismo en su concepción tradicional cubana”.
Sólo quien desconfía profundamente del pueblo, de los trabajadores y de la propia obra educacional e ideológica de la Revolución, puede imaginar que esas propuestas induzcan a confusión a los revolucionarios y lleven como objetivos desmontar el socialismo y eventualmente destruir la Revolución. Solo pensarían así los demagogos y oportunistas que alaben al pueblo cuando necesiten su apoyo y luego no lo tomen más en cuenta.
¿Y quien sería el más interesado en que no triunfen estas propuestas que podrían contribuir -como otras- a salvar el socialismo en Cuba? Del Valle, de seguro podría decirnos algo de esto, pero se lo guarda. Para mí está claro: el imperialismo y sus agentes.
¿Y Cómo desmontar un socialismo no logrado? ¿Cuál socialismo? Lo que se cayó en Checoslovaquia, la RDA, la URSS y ahora está en peligro en Cuba no fue el socialismo, sino un capitalismo estatal que el estalinismo se esforzó en hacer creer a todos que era socialismo, denunciado por el Che en los años 60, sin evolución alguna hacia la verdadera socialización y que no se cayó por propuestas como esas, sino porque intrínsecamente el capitalismo estatal, alberga todas las contradicciones del capitalismo privado y agrega otras, que lo hacen transitar inevitablemente a su origen, si por el camino la revolución socialista no llega por ninguna parte. Si Usted lo que quiere decir es que las propuestas programáticas tratan de dejar atrás, superar el socialismo de estado estalinista tropicalizado que no es socialismo, entonces sí tendría razón. Pero la palabra desmontar, no parece ajustarse, es un paso en la fabricación de una gran falsedad, ensamblada sobre una primera inconsecuencia.
Que en Cuba no hemos construido aún un verdadero socialismo, lo sabe cualquiera, ya no se puede seguir viviendo en un mundo idílico, y que lo llamado por usted “socialismo en su concepción tradicional cubana”, ni es verdaderamente socialista, ni es cubana, también es sabido. Esa idea extraña, fue importada de la URSS estalinista (sin llegar aquí a sus extremos, hasta ahora) y nada tiene en común con nuestras tradiciones martianas, ultra democráticas, influidas entonces y siempre por las corrientes socialistas más modernas, ni tampoco con el socialismo auténtico cubano que imbricó las ideas del socialismo marxista nacido en Europa con la independencia de España y de EE.UU., que nos llegó con los muchos españoles acriollados con influencias anarquistas, que estuvo presente en el Primer Partido Socialista fundado en pleno siglo XIX, en el Partido Comunista fundado en el 1925 con las ideas de Mella y Baliño, en La Joven Cuba y en los propios orígenes de la Juventud Ortodoxa y del Movimiento 26 de Julio, que de una u otra forma compartían los muchachos del 13 de Marzo. Sí tiene, ese supuesto socialismo de tipo estalinista mucho que ver con el despotismo militarista caudillista contra el que chocó Martí y nuestra sufrida patria tanto ha padecido.
Todo lo hermoso de socialismo auténtico que hay en esa historia revolucionaria del pueblo cubano podríamos perderlo por las inconsecuencias de pensamientos como el suyo. Tenemos sí una proceso revolucionario nacionalista, antiimperialista e inicialmente democrático que busca la justicia social, donde el pueblo trata de encontrar un camino hacia el socialismo, con ya 50 años, entorpecido por el bloqueo, el burocratismo y los múltiples errores cometidos, que han impedido la real socialización. Tenemos que sacar el proceso revolucionario del estancamiento en que se encuentra y hacerlo avanzar hacia más socialismo porque si no, camina hacia el capitalismo, por donde hace algunos años ya ha estado avanzando.
No discute Usted en ningún momento nada de las Propuestas, parte de la presunción, premisa triplemente errada, como otras de su escrito, de que la discusión “desmontaría por completo las bases del socialismo en su concepción tradicional cubana”. Y es triple porque como ya se ha explicado ni hemos culminado la construcción del socialismo, ni se intenta desmontar lo que hay de socialismo, ni eso es cubano y lo que intenta es hacer avanzar el proceso hacia su plena realización. Se trata de una valoración inducida, para establecer una premisa falsa, una insidia, para tratar de desacreditar las propuestas en forma premeditada y alevosa. En buenos términos, es una difamación y las leyes cubanas protegen a las personas de los calumniadores.
Esa presunción a su vez conduce a otra, implícita, a la callada, igual de superficial, sobre las mismas erradas presunciones que usted trata de colar de contrabando, porque abiertamente sería penada: “Con estas propuestas se pretende destruir el socialismo en Cuba”, a la que haría referencia, en otro artículo, otro del Valle cualquiera, amparado en el anonimato. Seguir esa “lógica de pensamiento”, sustentada en premisas falsas, inducciones e insidias, típicas de la guerra psicológica del enemigo, trataría de llevar a los lectores a donde Usted pretendería guiarlos con sus mensajes subliminales: “estos señores podrían ser presuntos traidores al servicios del enemigo”. Fabricada estaría entonces la gran justificación, no importará la ausencia de pruebas.
Así se podrían conseguir el verdadero objetivo, el que no se dice, el que Usted asoma pero que no podría lograrse en una discusión política y por tanto hay que conseguirlo de otra manera: evitar la discusión de las propuestas programáticas por el pueblo y tratar de descalificarlas antes de que sigan creciendo, tomen fuerza y los militantes del Partido las hagan suyas y las lleven al VI Congreso, puesto que nadie querrá hacerse eco de las “propuestas de un presunto y fabricado traidor, al que se descalifica por querer desmontar el socialismo”.
En fin que evade Usted, del Valle, la discusión de las propuestas, de sus conceptos fundamentales y de su sentido, que nada tienen que ver con “desmontar el socialismo”, sino precisamente todo lo contrario, acabarlo de montar y garantizar la continuidad de la Revolución; y en cambio, de arrancada va Usted, en el mejor estilo desinformador de los espías, provocadores, saboteadores y terroristas de la palabra al servicio de las campañas propagandísticas del imperialismo a atribuirle a las propuestas intenciones que no tienen y que además no pueden de ninguna manera tener, porque en Cuba nunca se ha culminado la construcción del socialismo y luego de endilgadas las tales intenciones entonces se dedica Usted a criticarlas, sin pudor ni ética, ni hacer la más mínima referencia al contenido de las propuestas. ¡Vulgar diversionismo, para desviar la atención del fundamento comunista de las mismas!
Igualmente toma Usted como absolutamente ajustables en sentido negativo las definiciones de las frases del ex Presidente Fidel Castro sobre el concepto Revolución, a las propuestas programáticas, promoviendo la idea de que “no tienen sentido del momento histórico”. Ciertamente razón tenía Fidel en el concepto y su genialidad está en su aplicación. El momento histórico que vive Cuba fue claramente definido por el propio Fidel en su discurso el 17 de noviembre de 2005 en la Universidad de La Habana, cuando expresó que los revolucionarios mismos podríamos revertir la revolución si no éramos capaces de enfrentar sus problemas. Sus más recientes reflexiones están exponiendo con más claridad esos problemas: corrupción generalizada, burocratismo, privilegios. ¿Acaso algo más atinado, más a tono con este momento histórico, en la ausencia de un claro programa socialista, que presentarle al Partido un análisis de las causas de esos problemas y unas ideas básicas de cómo y hacia donde avanzar? ¿Quién no tiene sentido del momento histórico? ¿El que hace las propuestas o el que trata de destruirlas?
No se proponen las Propuestas Programáticas, según queda claro en su texto, pero sí veladamente Usted sugiere, renunciar a ninguno de los logros alcanzados por la Revolución, sino crear condiciones para hacerlos imperecederos y mejorarlos y garantizar que los trabajadores y el pueblo cubano no terminen como los pueblos rusos y este europeos rechazando el “socialismo irreal”, ese que nunca existió.
Usted, para ocultar las intenciones siniestras de su escrito, teclea en el clásico estilo de los que hablan de cambios pero nada quieren cambiar, que “hay que hacer cambios, pero no cosméticos” sin precisar a qué se refiere, qué cambios concretos podrían hacerse de verdad, para resolver los graves problemas de fondo de la sociedad cubana actual. Habla de hacer más de lo mismo, dejando intacto lo que acertadamente describe el documento como estatismo asalariado, y con lenguaje confuso y manipulador, típico de quien trata de delatar desconocimiento y muestra claramente que sabe muy bien lo que quiere y lo que no quiere, expresa: “No se puede pensar en elevar la disciplina laboral, la productividad y la calidad en el trabajo solo por reclamos de conciencia”, para entonces, con más de lo mismo, pasar a una defensa abierta del estancamiento: “Toda inversión es un riesgo, pues hay que crear un sistema de estimulación no solo para las empresas en perfeccionamiento o en el esquema de la divisa, sino para todas las que resulten estratégicas, en primera instancia, para el desarrollo y sobrevivencia de la Revolución, con control, pero con independencia para decidir el monto y modo de beneficio para los trabajadores y sus dirigentes sin afectar el imprescindible ingreso al estado”.
En ese párrafo aparentemente revolucionario y protector de la Revolución Usted desnuda todo el carácter antiproletario y estatista de su pensamiento: habla de un sistema de estimulación, como lo podría hacer cualquier capitalista, para las empresas que le interesan al estado que Usted confunde con la Revolución y a seguidas añade: “con control, pero con independencia para decidir el monto y modo de beneficio para los trabajadores”, de donde queda claro que Usted no quiere que sean los trabajadores los que decidan sobre sus ingresos, sino el aparato burocrático estatal, para seguir controlando la plusvalía que producen todos los trabajadores, como se ha hecho hasta ahora. Mientras esto no cambie, la verdad: nada ha cambiado.
Después dadivosamente expone una de sus más grandes inconsecuencias. “Hay sectores y oficios que resultan una carga para el estado, que su funcionamiento está matizado por falta de motivación, de estimulación o de recursos necesarios para su eficiente funcionamiento. Gastronomía, servicios técnicos y personales, construcción, etc. No se le puede temer a las cooperativas si bien controladas pagan el impuesto por su servicio”. Para Usted las cooperativas deberían ocuparse de las “cargas para el estado”, todo ese desastre sin motivaciones, estímulos ni recursos para su eficiente funcionamiento, vaya insignificancias: gastronomía, servicios técnicos y personales, construcción etc., señor mío ¡que manera de despreciar al pueblo, a los trabajadores y a sus necesidades! y que forma más irreverente e inconexa de reconocer lo que no acepta ningún estatista: que las cooperativas son capaces de levantar los muertos que no puede el estado. Del Valle, dan pena sus inconsecuencias.
Siguen sus inconsecuencias, hay otras muchas en su libelo: “Pero hoy en Cuba quien come, no viste ni tiene la opción de recreación. Esa triada desapareció con el muro de Berlín”. Doble embuste, en Cuba hay no pocas personas que además de comer, visten muy bien y van a los centros de recreación. La mayoría, son todos esos privilegiados beneficiados por las políticas capitalista del periodo especial que han separado cada vez más la brecha entre los que solo comen y muchos comen mal y los que comen muy bien, visten mejor y gastas miles de CUC y dólares en diversión. Pero además la pobrecía se las arregla para comer, vestir un día de fiesta y divertirse sin necesidad de gastar, pues los cubanos nos reímos hasta de nuestras desgracias y hemos demostrado saber administrarnos en la miseria. Y la triada no desapareció con el muro de Berlín. Los mejores, nunca amplios años 80, empezaron a decaer en 1985-86 cuando se declaró la rectificación de errores y tendencias negativas, que no se declaró por gusto, ya estaban presentes la corrupción, el estímulo insuficiente y el estancamiento en la producción a pesar de toda la ayuda de la URSS pues el trabajo asalariado y la excesiva planificación de todo desde arriba (tantas puntillas para tal obra aunque no tenga nada que construir), impedía el desarrollo de las fuerzas productivas. Quiso “la rectificación”, arreglar aquello con más centralización y el desastre que tuvimos pocos años después, se le cargó todo a la caída del Muro de Berlín, como ahora los destructores Gustav e Ike, cargarán con los platos rotos de estos pasados años.
Con su más infeliz inconsecuencia abre y cierra su escrito: Arriba comienza: “El pueblo reclama transformaciones…sin recetas foráneas…” y al final termina: “los cubanos….exigen y reclaman cambios…con fundamentos chino, vietnamitas”. Sin comentarios.
Ahora le voy a decir lo que yo creo que pasaría si esas propuestas se discutieran abiertamente en Cuba orientadas por el Partido: Se garantizaría la continuidad histórica de la Revolución, la gran mayoría del pueblo las asumiría, aplaudirían al Partido y a sus líderes por la iniciativa, la revolución reverdecería laureles, se renovaría el entusiasmo perdido y renacería la fe en el socialismo. Pero si además se llegaran a implementar, tenga la seguridad de que los jóvenes no se seguirían yendo del país, la producción, la productividad y el bienestar del pueblo todo se elevarían aceleradamente, no sería necesario poner a los viejos a trabajar 5 años más, las mujeres jóvenes empezarían a parir, muchos de los que se han ido regresarían, se acabaría con el robo y los desvíos de recursos sistémicos, la burocracia disminuiría considerablemente, los privilegios y las grandes diferencias salarias desaparecerían, la felicidad del pueblo sería enorme, el socialismo se haría una realidad y Cuba volvería a ser el faro revolucionarios de otros tiempos. Pero además, si se lograr hacer en vida de Fidel Castro y con su apoyo, él quedaría inscrito en la eternidad como el hombre que fundó el primer estado socialista que logró triunfar y del tal Campos, cuyo nombre no tendría porque aparecer en unas propuestas que sean del Partido, nadie se acordará, sus ideas quedarán diluidas y más que superadas en la discusión del los trabajadores y el pueblo, bajo la dirección del Partido Comunista y entonces sí, todos juntos empezarían a hacer ellos mismos su historia.
Por cierto, quien escribe esto, estuvo en el 40 Aniversario de la RDA en 1989 y vio desfilar a dos millones de alemanes, alzando fervorosamente las pancartas de viva Honecker y viva el socialismo. Pocas semanas después, esos mismos, derribaron el muro de Berlín.
Yo no quiero esa simulación ni ese fin para mi patria que tanto ha pagado ya por un socialismo esperado que nunca llegó. La verdad no está reñida con el socialismo. También quiero que mi Revolución, la de Fidel, Raúl, Camilo y el Che viva para siempre. Aprecio las Propuestas Programáticas de esos compañeros como una contribución en ese sentido, en este momento histórico

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viernes, 10 de octubre de 2008

Las crisis del capital y sus ¿salidas?

La clase obrera norteamericana aprovecharía mejor esta crisis si tuviéramos hoy un socialismo triunfante que hubiera realizado una verdadera socialización.


Pedro Campos
“Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso."
José Martí

La actual crisis financiera que ahora se manifiesta acusadamente en EE.UU. en el área inmobiliaria es consecuencia de la crisis general del sistema capitalista que ya, hace décadas, parece más permanente que cíclica y que tiene expresiones sistémicas y constantes en distintas regiones, en las guerras de rapiña, en los altos precios del petróleo, las materias primas y los alimentos, en sus efectos medioambientales y otros.
Las características específicas de sus manifestaciones visibles actuales han sido tratadas por varios especialistas, consistentes –fundamentalmente- en una cadena de impagos que se originó en la concesión de millones de pequeños créditos para aumentar el consumo, particularmente en el área de la construcción de viviendas, finalmente hipotecadas, obligaciones que fueron compradas y aseguradas por bancos y aseguradoras que ahora no pueden honrar sus deudas, porque nunca los consumidores originarios de los créditos pudieron pagarlos. Salida momentánea: dinero para cubrir esas deudas y mantener a salvo la cadena.
El capitalismo, sistema económico-social sustentado en el trabajo asalariado para la obtención de plusvalía, no puede subsistir si no es a base de nuevas inversiones para obtener más ganancias, con las cuales invertir más, para seguir obteniendo otras ganancias, pero cuando esas inversiones no producen los dividendos esperados vienen las pérdidas y con ellas la retracción de la inversión: la recesión. Es lo que ocurrió al invertir miles de millones en hipotecas que nada producen, simple acción especulativa del capital.
Por mucho que esta realidad no quiera o no pueda ser reconocida por los defensores del sistema que, más que creer ciegamente en la filosofía de la libre explotación de la fuerza de trabajo en forma asalariada, la necesitan para mantener y ampliar sus dividendos, la misma termina por convertir en cero la cuota de ganancia, debido a la ley de su tendencia decreciente, ampliamente explicada en el siglo XIX por Carlos Marx (1), puesto que el ineludible aumento del costo del capital constante (medios de producción), asfixia inevitablemente la inversión en capital variable (fuerza de trabajo), provocando la disminución sistémica y permanente de ganancias debido a que la única mercancía que la crea, es la fuerza de trabajo. En este caso especulativo, el colmo fue que la inversión en fuerza de trabajo fue cero.
Muchos hablan de las “causas” de la crisis, cuando en verdad están explicando las manifestaciones del fenómeno: hipotecas no pagadas, la ausencia de garantías en los préstamos, desconfianza entre instituciones financieras y otras por el estilo. Mírese como quiera verse, la causa esencial de la crisis está en que se invirtió dinero sin respaldo productivo, para más consumo, en actividades donde no aparece por ningún lado la inversión en la reproducción y mantenimiento de la fuerza de trabajo, el más importante de todos los recursos productivos, el único capaz de crear nuevos valores. Lo que los capitalistas post-modernistas llaman “capital humano”, puesto que para ellos todo es “capital” explotable.
El capitalismo creyó poder controlar la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia expandiendo el crédito artificialmente, en el área de la circulación monetaria, lo cual generó un proceso inflacionario indirecto, en las llamadas burbujas, que al no poder recuperar ni reciclar el capital invertido, han dado por resultado esta crisis que se expandirá del sector inmobiliario a otros. Paliativos encontrará el sistema, como siempre a costa del trabajo, cerrará más fabricas, despedirá más obreros, rebajará salarios, ampliará la jornada laboral, recortará los fondos de la seguridad social, emitirá más dinero; pero no resolverán los problemas sistémicos que solo encontrarán solución verdadera en un cambio en las relaciones de producción.
Como corresponde al gobierno del gran capital, se dedican 700 mil millones de dólares a salvar de la quiebra a los más ricos, estatizando importantes “empresas financieras” e inyectando dinero a los bancos para que puedan enfrentar sus operaciones, acciones que algunos han tildado de “medidas socialistas” por la simple intervención del estado, esos que olvidan que el capitalismo es un sistema de producción, que acude a la estatización o la privatización según convenga a sus intereses. Los defensores del estatismo en todas sus variantes creerán ver allí y ahora la demostración palpable de la importancia de la participación del estado en la economía. En verdad, malabares y muecas de la economía sustentada en el trabajo asalariado en sus reajustes estructurales para tratar de sobrevivir.
Sí habría que considerar a estas medidas como del tipo keynesiano, no neoliberales, lo que vendría a demostrar la capacidad dialéctica del gran capital para moverse de una a otra de sus tendencias y olvidarse de hipotéticos fundamentalismos escolásticos, cuando el agua les viene al cuello. Son por tanto una demostración del fracaso, en las condiciones actuales, del neoliberalismo en su propia meca. Los teóricos del sistema capitalistas que siempre abogaron por más control estatal sobre la inversión, la emisión de moneda y el crédito, por una mayor acción reguladora gubernamental, se sentirán ahora vencedores, cuando ayer eran vapuleados por la “ineficiencia” de sus programas y medidas. Pero no confundir, son iguales de capitalistas.
Esta crisis, por profunda y abarcadora que se presenta, y por darse en el más importante consumidor mundial, razón por la cual tendrá repercusiones en muchos países, no parece significar el fin del sistema, sino el testimonio de su incapacidad para sostener los niveles de gastos y crecimientos que experimentaba la economía estadounidense a costa de insuflar más y más dinero a inversiones no productivas y a expensas de otros países.
Las propuestas del “Plan de rescate” presentado por el gobierno norteamericano al Congreso y aprobado por este, son esencialmente más de lo mismo, trataría de inyectar más dinero del Banco de la Reserva Federal para salvar los bancos y aseguradoras. A la corta se lograría evitar el pánico y la caída libre de las bolsas, pero a la larga será más dinero sin respaldo productivo tirado al ruedo circulatorio, cuyas consecuencias no tardarán en manifestarse en otros sectores y así, todos tendrán que ir pasando por una fase crítica, dada la interconexión del sistema, hasta que el “reajuste” pueda equilibrarlo o empiece a “hacer agua por otra bodega”.
No obstante el paquete contempla, además de los 700 mil millones de dólares, medidas que merecen un análisis particular que no debe escapar a ningún economista marxista. Al margen de que el plan tiene como propósito fundamental, salvar al gran capital, obsérvense estos otros objetivos del paquete de medidas, al parecer impuestas por el Congreso: Se pretende: estimular el uso de la energía alternativa; incentivar a empresas renovadoras, así como a pequeños negocios; posibilitar a los contribuyentes acceder a acciones de las empresas beneficiadas por el paquete; y limitar los “paracaídas dorados”, es decir los grandes beneficios a los directivos de las firmas en quiebra.
Estos elementos sugieren claramente que el gran capital ha tenido que hacer concesiones –aunque ligeras- en la negociación del paquete, a otros intereses de la sociedad norteamericana y aceptar, a su pesar, una cierta socialización de las ganancias, en detrimento de su absoluta concentración, desde luego todavía dentro del capitalismo y preservando los intereses, por encima de todo, de los grandes negocios, principales beneficiados.
Se trata de la natural e inevitable tendencia de la sociedad capitalista a la socialización de la apropiación, después del proceso de maduración del capital, reivindicada por Marx (2) al valorar precisamente el papel del crédito en la sociedad por acciones; lo que no quiere decir que el capitalismo vaya a realizar la plena socialización de la propiedad y el excedente por generación espontánea, ni se caiga por su propio peso; habrá que tumbarlo, pues el gran capital hará siempre lo imposible por evitarla.
Pero esto es una muestra de cómo cualquier variante de solución, aún parcial e ineficaz, a las crisis del capitalismo, necesariamente se relaciona con lo que Marx y Engels definieron como la contradicción principal del sistema, la existente entre la producción cada vez más social y la apropiación cada vez más privada, a lo que corresponde como solución inexcusable, hacer la apropiación más social, la cual solo puede lograrse por medio de la revolución en las relaciones de producción.
La clase obrera internacional, los trabajadores todos, especialmente los norteamericanos hubieran podido estar en mejores condiciones para aprovechar mucho más esta crisis, imponer sus intereses como clase y presionar por una verdadera socialización, si en lugar de un socialismo fracasado como está en el recuerdo de todos, tuviéramos hoy en el mundo un socialismo triunfante que hubiera realizado una efectiva socialización de la propiedad y la apropiación y sirviera de ejemplo y atracción en las circunstancias actuales.
Ésta, como las subsiguientes crisis del capitalismo, solo tendrá salida efectiva con el socialismo, pero no con cualquier “socialismo” que siga sujeto al trabajo asalariado, sino con otro, que asuma nuevas relaciones socialistas de producción sustitutivas de aquel, capaces de echar abajo los puntales rotos del capitalismo, sus “armas melladas” y de modificar, en su desarrollo, todas las leyes y categorías de esa economía y avance hacia una auténtica socialización.
La clase mundial de los asalariados modernos no ha logrado todavía estructurar un nuevo paradigma socialista que sea mayoritariamente aceptado, no hemos sido aún capaces de salir de la crisis ideológica que nos dejó el “socialismo real”. Los comunistas, los revolucionarios, los trabajadores de todo el mundo tenemos que ocuparnos en esta dirección, acabar de unir nuestros esfuerzos y olvidarnos de nuestras viejas rencillas entre todos esos ismos que tanto nos han dañado y dividido, para conformar sin prejuicios, ni especiales protagonismo, el nuevo proyecto de socialismo en este siglo XXI.
La práctica ha demostrado que lo cualquier elaboración, necesariamente tendrá que ser participativa, democrática, humanista, autogestionaria, inclusiva, libertaria, integracionista, ecologista y orientada a la sustitución del intercambio mercantil por el de equivalencias. Muchos comunistas, socialistas y revolucionarios del mundo entero han venido trabajando en su conformación, basándose en los principios de los clásicos del marxismo y la experiencia socialista fracasada del siglo XX. No es necesario mencionar nombres, lo importante es que cada vez más se incorporen nuevas organizaciones y figuras de la política, la economía, la filosofía, las Ciencias y las Artes en este nuevo empeño.
Las ideas de un Socialismo Participativo y Democrático, que estamos defendiendo en Cuba, abarcadoras de esas propiedades tendrían la oportunidad de mostrar sus posibilidades en el proyecto revolucionario del ALBA, que comprende a varios países, si todos sus gobernantes y sus respetivos partidos y organizaciones políticas las debatieran públicamente en cada uno de sus países.
El Che, aunque no está de cuerpo presente, con su legado está participando en este esfuerzo.
La Habana, 8 de Octubre de 2008, en homenaje al Che, a 41 años de su caída. . http://ar.mc396.mail.yahoo.com/mc/compose?to=perucho1949@yahoo.es
Notas:
1- C. Marx. El Capital. T-III, Sección Tercera. Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1973.
2-Carlos Marx. El Capital. Tomo III (Capítulo XXVII “El Papel del Crédito en la Producción Capitalista). Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 1973.




Se recomienda la lectura del ensayo del autor: “El socialismo de estado es inviable económica y socialmente”, donde de analizan las causas sistémicas de las crisis capitalistas.
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lunes, 29 de septiembre de 2008

El Socialismo Democrático:Chávez y Venezuela versus Cuba y Fidel - La dialéctica de las revoluciones


Con los pronunciamientos en noviembre del 2005 sobre la posibilidad real de reversibilidad de la Revolución cubana, su Líder, Fidel Castro R., propinaba una sacudida en los estados de opinión sobre el destino del país, dentro y fuera de sus fronteras. ¿Devoraría una vez más una revolución a sus propios hijos?[1]

La llamada de atención no fue seguida por reflexiones del mandatario que arrojaran luz sobre los problemas de fondo que podían fundamentarla. Todo lo contrario. Los análisis derivados apuntaron a la inconsistencia ideológica en las filas de los hacedores del socialismo, el pueblo, como la principal causa de la endeblez que pudiera dar al traste con casi 50 años de Revolución proletaria. La corruptela generalizada vendría a ser el síntoma inequívoco. De esa controvertida percepción política no podían más que sobrevenir correcciones paliativas a un problema complejo con evidentes características de fenómeno socio-económico. El ejemplo elocuente está en la convocación de brigadas sociales juveniles para “intervenir” las gasolineras del país. Verdaderos huecos negros en el contrabando de combustible, un recurso crítico escaso de la economía cubana. Si el problema puntual lograba controlarse en algún grado importante (“sofocar un fuego”), la conclusión política reforzaría, claro está, la hipótesis de la inconsistencia ideológica en las masas. A pesar de que el trabajo ideológico del Partido quedaría implícitamente cuestionado, nunca lo sería en el ámbito de los conceptos sobre el socialismo practicado.

Dos años después es el nuevo Presidente del Consejo de Estado de la República (sep. 2007), Raúl Castro Ruz, quien bajo una creciente presión social convoca a la población a discutir sobre los problemas acuciantes de la realidad. Una cantidad desbordante de juicios, críticas y propuestas de cambios ha sido el resultado. El reflejo del cúmulo de contradicciones internas irresueltas. La opinión pública cubana, la sociedad, desconoce hasta el momento el conjunto de sus opiniones. La dirección del Partido no ha estimado conveniente propiciar la posibilidad de concienciación colectiva del pueblo acerca de su propio estado de opinión y evaluación crítica de la realidad. El protagonismo del pueblo se relega a un plano secundario.

A diferencia de la evaluación que en 2005 hiciera el Primer Secretario del PCC sobre la reversibilidad de la Revolución, el hoy Presidente del Consejo de Estado es quien apunta a la necesidad de enfrentar cambios conceptuales y estructurales en el Proyecto Socialista de la Revolución. El planteamiento hace pensar en las contradicciones de fondo del Proyecto. Sin embargo, como entonces, esta vez ha quedado sin continuidad reflexiva el problema. El vacío del diálogo político con la sociedad se remienda con la sugerencia de que el sexto congreso del Partido, anunciado para noviembre del 2009, será el foro encargado de dilucidar y dar las respuestas que sobre su realidad y sus expectativas posee la sociedad cubana. La práctica del verticalismo político excluyente se ratifica como método de gobernabilidad. “…el pueblo es convocado a una perenne batalla de ideas que le veda el asalto a las ideas sobre la concepción y el modelo de socialismo que desea para sí. Hablamos de “batallas” de ideas cualitativamente determinantes”[2].

Hoy (27.09.2008) el Primer Secretario del PCC le expone al pueblo una reflexión sobre el “Socialismo Democrático”[3]. Pero son las urgencias de la revolución bolivariana de Venezuela la motivación del análisis. “El "capitalismo democrático" de Bush tiene una respuesta exacta: el socialismo democrático de Chávez”[4].

Para el pueblo cubano, en cambio, la interrogante es sencilla y meridiana: si el socialismo de Chávez es un socialismo democrático, ¿puede serlo al mismo tiempo el socialismo de Fidel? ¿Ha querido el Líder cubano plantear de esa manera ambigua a la sociedad y al propio PCC el debate conceptual sobre el Socialismo en Cuba? ¿Se acercan las posiciones en la máxima dirección del PCC acerca de la verdadera dimensión de las contradicciones internas que minan el proyecto Socialista cubano?[5] ¿Puede la fatiga social del pueblo prolongar la espera sin que antes salte hecha añicos la paciencia popular?

Tras la plasticidad de dichos cuestionamientos se devela el problema conceptual que gravita sobre el Proyecto Socialista de Cuba.

El Presidente Hugo Chávez F. “chocó con ideas preconcebidas de izquierda y derecha e inició la Revolución Bolivariana en las más difíciles condiciones subjetivas de toda la América Latina”[6]. La idea hace alusión directa a los propios fenómenos de la insurrección y la revolución cubana. Una vanguardia es capaz de identificar con objetividad el momento histórico de cambios en una sociedad y emprende un movimiento revolucionario capaz de subvertir el orden político que se le contrapone. Para ello será necesario chocar con ideas preconcebidas de izquierda y derecha. El ideario político del Presidente Hugo Chávez en constante formación lo hace, “no ha dejado de sembrar ideas incesantemente”[7].

No es ahora la lucha armada el instrumento idóneo para la toma del poder popular. La audaz afirmación del Presidente H.Chávez se verbaliza a pesar de que sea el enemigo de clase -como en el caso de la insurrección armada del FARC-EP en Colombia- el que en su desesperación impone las condiciones de la lucha. Justo como lo atestigua la insurrección rebelde dirigida por Fidel Castro. ¿Responde la legitimación de las formas de lucha de los oprimidos a los contextos en que se dan o a coyunturas geopolíticas o la interacción de ambos factores?

Conciente de su abrumadora mayoría parlamentaria y del extendido apoyo social le hemos escuchado exponer al Presidente H.Chávez desde la cuna de la Revolución francesa (26.09.2008), cual alegoría a aquel poder revolucionario jacobino, que no es hoy la dictadura del proletariado la idea política que puede conducir al socialismo. La certeza le llega al Líder de la Revolución Bolivariana a pesar del enconado antagonismo de clases, entre una amplia masa proletaria y una enquistada oligarquía capitalista, que condiciona todo el proceso de cambios sociales revolucionarios en Venezuela.

El cuestionamiento traspasa el significado que podría tener en el proceso de lucha por el poder (lucha en sí) y toca el apotegma leninista sobre la condición necesaria para la consolidación de la revolución proletaria en el poder (lucha para sí). H.Chávez sugiere que en Venezuela no tiene lugar una revolución proletaria sino una revolución democrática. El parangón con el carácter nacionalista popular de la lucha insurreccional armada liderada por F.Castro es perceptible. Las formas de lucha hacen la diferencia en el radicalismo revolucionario, siempre en la idea martiana sobre lo radical. Donde lo radical no puede escapar a la influencia de los contextos.

H.Chávez “Plantea para su propia Patria una revolución socialista, sin excluir importantes factores productivos”[8]. Para la Revolución cubana los años del decenio de 1960 son el escenario de un radical proceso de nacionalizaciones de la gran propiedad capitalista criolla y extranjera. A la burguesía local y a la foránea se le ha arrancado en encarnizada guerra el poder. Si la primera huye despavorida fuera del país, la segunda ostenta el poder económico para la contra ofensiva. Quedan así excluidos importantes factores productivos. Pero el integrismo revolucionario se impone y toca a toda una masa de micro, pequeños propietarios y negocios familiares, debido a la llamada ofensiva revolucionaria expropiadora que hace tabula rasa del espectro socio-económico y decide la proletarización a ultranza de la sociedad. La propiedad campesina no sucumbe al dogmatismo estalinista de la cooperativización forzada, a pesar de la radical reforma agraria. La proletarización se establece sobre la ya mano de obra asalariada del campo.

La oligarquía venezolana y sus patronos externos han tenido que ceder el poder según las reglas de su propio juego democrático. Y aunque intentan el golpe fascista contra un gobierno democráticamente elegido y confirmado repetidamente por igual vía en el poder, el contexto geopolítico del renaciente nuevo milenio no le permite a la clase burguesa capitalista retomar ilegítimamente su poder. No podían ahora repetir impunemente el “caracazo” de miles de muertos, no obstante tener igual respaldo de los EEUU. Apenas 20 años atrás ese respaldo había hecho posible tanto el golpe fascista que asesina al Presidente democráticamente electo Salvador Allende como la masacre de buena parte del pueblo chileno que lo llevó al gobierno. No era una revolución radical como no lo es la Revolución Bolivariana. Era un proceso nacionalista popular que, como en Venezuela hoy, planteaba entonces para su propia Patria una revolución socialista.

¿La negación de la dictadura del proletariado en Venezuela está condicionada por la apropiación del inmenso poder económico que ha significado la recuperación de las riquezas petroleras? Fuera de toda duda, lo cierto es que la consolidación del poder político de la Revolución se da sobre la consolidación de un poder económico de fuerte impacto internacional. La Revolución cubana queda asfixiada desde sus inicios por razones justamente opuestas. La consolidación del poder revolucionario no podía prescindir del legado leninista sobre la dictadura del proletariado. No han sido premeditaciones teóricas acabadas ni en Venezuela ni en Cuba, sino la dinámica de procesos de cambios sociopolíticos en sus propios contextos históricos y materiales.

La consolidación del poder político desde el poder económico no es, sin embargo, suficiente para la Revolución Bolivariana. Entenderlo así ha sido el factor que lleva al Presidente H.Chávez a desencadenar un proceso de integración revolucionaria sui generis en la región suramericana. El poder económico de la Revolución se pone en función de una alianza energética de nuevo tipo, sin precedente alguno en la historia continental. La Revolución cubana habiendo igualmente entendido que en el internacionalismo está su consolidación, ha logrado desencadenar un factor integrador desde la sociedad del conocimiento. El centro de su poder económico está en el “capital” humano. Ambas estrategias confluyen de manera natural. Pero la capacidad de integración económica de Cuba queda bajo signos de interrogación. No es casual que el Presidente H.Chávez haya instado a las autoridades cubanas y en esencia a la sociedad, a asumir las urgencias de la transformación de la economía cubana[9].

“Emerge con claridad que desde Caracas se conciencia que el socialismo venezolano no será posible o muy difícil sin la integración estratégica socialista con Cuba. Para Cuba es necesario comprender que la viabilidad de su proyecto socialista se define hoy dentro de la misma perspectiva. La autopista de la integración socialista es de doble sentido”[10].

Pero la consolidación en el poder de ambas revoluciones depende, en última instancia, de la transformación de la realidad interna de acuerdo a las exigencias de sus contextos sociopolíticos. La revolución es un proceso de transformación de las condiciones que propicien establecer una trayectoria viable hacia el Socialismo. Esos caminos en Cuba y Venezuela no por diferentes son divergentes.

Si la respuesta al capitalismo “democrático” de Bush es, en opinión del Líder de la Revolución cubana, el socialismo democrático de Chávez, ¿qué impide a la dirección del Partido cubano reconocer que la democracia socialista se presenta como la única alternativa viable para el Socialismo en Cuba?

No es en Cuba hoy tampoco la dictadura del proletariado el camino hacia el socialismo. No lo es por razones distintas a las que identifica en Venezuela el Líder de su Revolución. La transformación socioeconómica cubana ha llevado a una inequívoca proletarización de la sociedad. Y esa condición sociopolítica constituye actualmente una contradicción que frena la expansión de las fuerzas productivas. El ciudadano cubano se desenvuelve sobre niveles de educación que no permiten ya su reducción a mano de obra asalariada. Es decir, a una suerte de proletarización forzada. El trabajador cubano no necesita seguir sumido a la institución burguesa del contrato laboral que le obliga a continuar vendiendo su fuerza de trabajo, puesto que en Cuba es ya irreducible al estatus de mercancía.

El trabajador cubano está facultado para ser pleno sujeto del modo de producción y de los procesos productivos. No es el empleo de su mano de obra, sino el empleo de todas sus facultades culturales lo que necesita de condiciones abiertas para la creativa expansión de las mismas.

De ahí que el modo de producción que ha de asimilar dicha creatividad deba propiciar la autonomía de organización y movimiento de las fuerzas productivas. La premisa básica para ello es la transformación del sistema de propiedad estatal actual en un sistema que permita la autodeterminación de los trabajadores en cuanto a la forma de organizarse para producir.

La autodeterminación del trabajador, y más abarcadoramente del ciudadano cubano, puede darse solamente bajo condiciones de democracia socialista. El trabajador deja de ser dependiente del poder económico del Estado para asumir la responsabilidad no tutelada de su existencia económica. El trabajador posee total libertad de asociación para producir. Al trabajador no se le paga un salario, el trabajador decide sobre la remuneración de su trabajo. Lo hace de forma colegiada en su colectivo de producción, de acuerdo al resultado productivo de la autogestión de la empresa y al marco de las regulaciones fiscales del Estado. La democracia económica se establece como factor de participación y decisión solidaria hacia el seno de la empresa.

El Socialismo en Cuba está llamado a constituir una respuesta alternativa viable al capitalismo. El socialismo en Venezuela está obligado a la democracia que implica la necesidad de consolidación del poder de la Revolución en un contexto de intereses de clases antagónicos. Ese escenario político ha sido superado por la revolución social cubana. No existen clases sociales antagónicas en Cuba. La contradicción antagónica se da hoy entre el capital estatal y la alienación generalizada del trabajo asalariado. Entre la condición proletaria de la sociedad y la necesidad de su emancipación cultural. No es la fuerza de trabajo o su prole lo único que posee el trabajador cubano para poder vivir. No puede ser, por lo tanto, la obligación de vender esa fuerza de trabajo lo que le ate a la reproducción cultural de su vida[11].

El socialismo democrático en Cuba no puede menos que propiciar la elevación del espíritu libertario del cubano. El campo fecundo de su manifestación es el trabajo exento de explotación del prójimo. Ese principio político está en la base de la democracia socialista. En este sentido no son ni pueden ser sinónimos el socialismo democrático en Venezuela y Cuba. No en estas fases del desarrollo histórico de ambos procesos sociopolíticos. La no exclusión del factor productivo que para el socialismo democrático de Venezuela representa hoy la propiedad privada capitalista, no implica su restauración en el socialismo democrático al que puede y debe marchar Cuba hoy.

Lo que el socialismo democrático significa para Cuba hoy es la transformación estructural del modo de producción, dando paso al concepto de la no-propiedad, como forma superior y emancipadora de organización de las fuerzas productivas.

La idea de la no-propiedad se corporiza en el concepto de usufructo social de los factores productivos. La dinámica respuesta de la población cubana a la instrumentación del programa de entrega de tierras ociosas para que sean trabajadas en usufructo[12] -emprendido en medio de la devastación que han causado los fenómenos naturales-, marca un precedente que no puede ser reducido al utilitarismo político de medidas administrativas coyunturales. Esa medida puntual amerita ser enmarcada y desarrollada bajo una concepción a mediano y largo plazo de transformación estructural del modo de producción y el sistema económico[13].

La sociedad cubana necesita que se instaure el diálogo determinante sobre el socialismo democrático en Cuba y se transforme en voluntad política. Voluntad política para cambiar, sin dilaciones o­nerosas para el sentido de emancipación cultural del ciudadano cubano, todo lo que haya que cambiar. Hoy urgen reformas socio-económicas de carácter estratégico.

Al PCC le cabe la responsabilidad institucional de propiciar los consensos sobre la plataforma de cambios estructurales que necesita hoy el Proyecto Socialista de la Revolución. A su Primer y Segundo Secretarios le corresponde la máxima responsabilidad de abrir paso a los cambios conceptuales y depositar con ello todo el poder político en manos del pueblo[14]. De esa voluntad democrática depende que la transición hacia el Socialismo no se convierta en un proceso díscolo y traumático de lucha entre intereses sectarios dentro y fuera del poder estadocrático y necesidades socioeconómicas legítimas del pueblo.

“¿No es acaso la maduración de la conciencia colectiva sobre el costo de los errores propios cometidos durante medio siglo de dura y sinuosa transformación poscapitalista lo que pone a prueba la opción por el Socialismo en Cuba? ¿No es precisamente la maduración de esa conciencia la condición sine qua non para poder plantearse un cambio dialéctico en la modelación socialista? El cuestionamiento es tan complejo para el inmovilismo de los dirigentes de la Revolución como perturbador para sus detractores”[15].

“Es difícil no coincidir con el Líder de la Revolución cubana cuando expresa que Cuba ha de seguir su rumbo dialéctico[16]. Pero es imposible no asociar la dialéctica de ese rumbo con la necesidad de cambios determinantes en la naturaleza del Proyecto Socialista de la Revolución. No es dialéctico asumir el fin de una etapa[17] y al mismo tiempo poner en entredicho la necesidad de cambios conceptuales y estructurales en la modelación socialista cubana. O sea, cambios determinantes de su cualidad”[18].

Si, tal como nos expresa el Líder de la Revolución cubana, “Dentro del capitalismo democrático, la autocrítica no es una categoría incluida”[19], el Socialismo Democrático no puede menos que marcar la diferencia. Puesto que asumir con conciencia crítica la responsabilidad política por la amenaza de irreversibilidad de la propia Revolución significa entender la objetividad de cambios radicales. Entenderlo es imprescindible. Emprenderlos esimperativo.

La absolución de la Revolución cubana por la Historia no llega sino con la irreversibilidad de la República Socialista[20].

Roberto Cobas Avivar



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[1] Roberto Cobas Avivar, “Cuba: ¿devoran las revoluciones a sus propios hijos?”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-devoran-revoluciones-propios-h ijos

[2] Ibídem

[3] Fidel Castro Ruz, “El socialismo democrático”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/el-socialismo-democratico

[4] Ibídem

[5] Roberto Cobas Avivar, “El socialismo cubano y la dialéctica de su implosión”, en:http://www.kaosenlared.net/noticia/socialismo-cubano-dialectica-imp losion-7

[6] Ibídem, nota 3

[7] Ibídem, nota 3

[8] Ibídem, nota 3

[9] Roberto Cobas Avivar, “Trascendental contribución de Hugo Chávez al debate sobre el desarrollo de Cuba”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/trascendental-contribucion-hugo-cha vez-debate-sobre-desarrollo-cuba

[10] Ibídem

[11] Roberto Cobas Avivar, “El trabajo asalariado: incompatible con el sentido de dignidad del cubano”, en:http://www.kaosenlared.net/noticia/trabajo-asalariado-incompatible-sen tido-dignidad-cubano

[12] Diario Granma, “5115 solicitudes para trabajar tierras ociosas”, en: http://www.granma.cubaweb.cu/2008/09/18/nacional/artic12.html

[13] Roberto Cobas Avivar, “Hacia el cambio del modo de producción en Cuba: del concepto a la práctica”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/hacia-cambio-modo-produccion-cuba-c oncepto-practica

[14] Roberto Cobas Avivar, “¿Es realmente del pueblo el poder en Cuba?” , en: http://www.kaosenlared.net/noticia/realmente-pueblo-poder-cuba

[15] Roberto Cobas Avivar, “La transición hacia el socialismo y el nuevo ciclo político en Cuba”, en: http://lahaine.org/index.php?blog=3&p=28338 , http://www.kaosenlared.net/noticia/transicion-hacia-socialismo-nuevo-c iclo-politico-cuba

[16] Fidel Castro Ruz, “Lo que escribí el martes 19”, en: http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/ref-fidel/art001.html

[17] Ibídem

[18] Ibídem, nota12

[19] Fidel Castro Ruz, “La autocrítica de Bush”, en : http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/ref-fidel/art52.html

[20] Roberto Cobas Avivar, “Cuba: hacia el consenso sobre la transformación socialista”, primera y segunda parte, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-hacia-consenso-sobre-transform acion-socialista-primera-parteyhttp://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-hacia-consenso-sobre-transform acion-socialista-segunda-parte

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miércoles, 23 de julio de 2008

COOPERATIVA, COOPERATIVISMO Y AUTOGESTION SOCIALISTA

Por: Pedro Campos

Tres conceptos claves de la economía política del socialismo.

Nunca serán suficientes el tiempo y el espacio dedicados a tratar de esclarecer las diferencias y relaciones entre la cooperativa, el cooperativismo y la autogestión socialista, tres de los conceptos claves de la economía política del socialismo, toda vez que de su comprensión dependerá, en gran medida, que se pueda llegar a entender el carácter de las nuevas relaciones de producción en el socialismo, sus formas fundamentales de propiedad y las ideas centrales del Socialismo Participativo y Democrático (SPD).

La cooperativa es una forma colectiva específica de propiedad que surge en el seno del sistema capitalista, estructurada sobre la unión voluntaria de varios propietarios de medios de producción (para fines de la producción agrícola, industrial o de servicios) que, puestos de acuerdo explotan en común esos medios. No es la única forma de propiedad en el socialismo.

El cooperativismo o autogestión es la manera en que se organiza la producción, el trabajo, en las cooperativas, caracterizada por la propiedad colectiva sobre los medios de producción, la gestión democrática (elección de la dirección, planificación de la producción, búsqueda de recursos, inversiones, comercialización de los productos y otros) y la distribución equitativa (justa, no igualitaria) de una parte de las utilidades. Es el nuevo tipo de relaciones de producción. El cooperativismo o autogestión obrera es al socialismo, lo que el trabajo asalariado es el capitalismo.

La Autogestión Socialista (AS) es la forma general integral del funcionamiento de la sociedad socialista que implica la generalización de las propiedades del sistema cooperativista o autogestionario a todas y cada una las instituciones de su superestructura y a toda la sociedad en su conjunto, ajustando el funcionamiento diferenciado a las que se alimentan del presupuesto estatal o comunal (salud, educación y otras). El ser social generado por las relaciones cooperativistas de producción, y sus principios colectivistas, democráticos, solidarios, libertarios, justos y humanistas inherentes a sus formas de propiedad, gestión y distribución, es lo que dará lugar a una nueva conciencia social socialista. La conciencia individual es otro fenómeno y tiene otras causas y manifestaciones. Para consolidarse, la AS deberá extenderse, al menos, a un grupo de países.

La Autogestión Socialista se diferencia de la yugoslava en que además de empresarial, es social, sus atributos organizativos se asumen por toda la organización comunal y social y por este contenido social, naturalmente tiende a la sustitución del mercado por la planificación democrática y a la transformación del intercambio de mercancías por el intercambio de equivalentes, a la creación de Uniones de Asociaciones y a la formación de una gran unión de cooperativas, en un plan común, como previó Marx. Procesos que no se imponen, sino que derivan de la propia naturaleza del régimen de producción al socializarse. Diverge de la autogestión administrativa burguesa, en que ésta sólo brinda participación limitada y dividida a los trabajadores en la propiedad (por acciones), en la gestión y en una parte pequeña de las ganancias, sin afectar el grueso de la plusvalía.

Con toda precisión Carlos Marx identificó como el nuevo régimen de producción a la forma en que las cooperativas organizan la producción, en el Capítulo XXVII del Tomo III del Capital “El Papel del Crédito en la Producción Capitalista”, al señalar:

“... Las fábricas cooperativas de los obreros mismos son, dentro de la forma tradicional, la primera brecha abierta en ella, a pesar de que, dondequiera que existen, su organización efectiva presenta, naturalmente, y no puede por menos de presentar, todos los defectos del sistema existente. Pero dentro de estas fábricas aparece abolido el antagonismo entre el capital y el trabajo, aunque, por el momento, solamente bajo una forma en que los obreros asociados son sus propios capitalistas, es decir, emplean los medios de producción para valorizar su propio trabajo. ...
… Estas fábricas demuestran cómo al llegar una determinada fase de desarrollo de las fuerzas materiales productivas y de formas sociales de producción adecuadas a ellas, del seno de un régimen de producción surge y se desarrolla naturalmente otro nuevo.”

Igualmente en muchos escritos Marx dejó bien establecido que la clase trabajadora tendría que proponerse la abolición del trabajo asalariado y sustituirlo por la nueva forma de producción cooperativa. En la Guerra civil en Francia, donde analizó la Comuna de París, señaló: “... si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que el comunismo, comunismo “realizable”?…”

De manera que cuando los partidarios del Socialismo Participativo y Democrático, SPD, abogamos por el desarrollo del cooperativismo o autogestión obrera, por la extensión de las nuevas relaciones cooperativistas-autogestionarias, no nos estamos refiriendo, como creen algunos, al simple establecimiento de cooperativas cuyas primeras formas existían ya desde los albores del capitalismo, sino a la ampliación y generalización a toda la organización productiva y social del sistema de trabajo que surgió en las cooperativas.

La propiedad sobre los medios de producción asume como apellido la forma en que son explotados, por lo cual la simple clasificación de la propiedad en privada o social, no abarca todo el significado de una propiedad específica en un nivel de desarrollo histórico determinado. Hubo propiedad privada en la esclavitud, en el feudalismo, en el capitalismo y también habrá propiedad privada en el socialismo, como hubo formas de propiedad “social” en función de la sociedad en todas las formaciones socioeconómicas anteriores, las llamadas tierras del estado, las comunales, y las empresas que siempre ha explotado estatalmente el capitalismo.

La propiedad capitalista es la que se explota en forma capitalista, por medio del trabajo asalariado y con el fin determinado de obtener ganancias a través de la plusvalía. La propiedad socialista es la que se explota en base a las nuevas relaciones socialistas de producción cooperativas-autogestionarias y su propósito principal es la realización de la justicia social. Así la propiedad y la forma de su explotación van unidas, aunque puedan describirse separadamente.

Pero las cooperativas solas, aisladas en el capitalismo, si bien funcionan en forma socialista a lo interno de la cooperativa, están inmersas en un mar de capitalismo y como escribió Marx “ no pueden por menos de presentar, todos los defectos del sistema existente”, de manera que las cooperativas asumirán una forma socialista en sus relaciones externas solo cuando el poder político esté en manos de los trabajadores y la sociedad en su conjunto avance al predominio de las nuevas relaciones cooperativas, lo que permitirá que entre las Asociaciones Económicas empiecen a desarrollarse formas de intercambio distintas a las típicas del mercado capitalista.

De acuerdo con la práctica histórica, las formas más comunes de la propiedad socialista parecen ser: la cooperativa, propiamente dicha, la asociación autogestionada y la asociación cogestionada (entre el estado o nivel comunal correspondiente y los trabajadores). Existen otras denominaciones utilizadas por distintos especialistas, pero sus rasgos esenciales son los mismos. Estas formas serían comunes para la agricultura, la industria y los servicios y que sean de un tipo u otro dependerá de las propias características concretas de los medios de producción, forma de adquisición, volumen e importancia de los mismos.

Cooperativa. Es la cooperativa tradicional, las primeras que surgieron en el capitalismo, que puede considerarse la forma de producción socialista inferior, pues los medios de producción aportados son de propiedad original de los trabajadores y generalmente de un bajo nivel de desarrollo. Corresponde a pequeños campesinos unidos, pequeñas empresas industriales o de servicios, más bien de tipo artesanales.

Asociación autogestionada. Sería la entidad económica propiedad de los trabajadores, adquirida o entregada en propiedad por el estado a un grupo específico de trabajadores, sea por cesión de propiedad, venta directa o a través de crédito bancario pagadero según los arreglos establecidos entre el estado o su banco y la empresa autogestionada. Este tipo de propiedad socialista, parece ser la más adecuada para las pequeñas y medianas empresas, debiendo quedar estatuido que son indivisibles e invendibles, y su fusión o unión con otras empresas quedar sujeta a leyes.

Asociación cogestionada (entre el estado y los trabajadores) La propiedad se mantendría total o parcialmente en la Comunidad (el nivel correspondiente, sea nación, provincial, municipio o comunal) y sería explotada en usufructo por los trabajadores que la administran en base a los principios de la autogestión obrera. Parecen las más convenientes para aplicar en las empresas de interés nacional o estratégico, con alto nivel tecnológico, que demandan una enorme cantidad de recursos y personal altamente especializado que solo puede ser aportado por el presupuesto estatal o el capital extranjero en países menos desarrollados. El carácter de propiedad Comunal y en usufructo compartido con los trabajadores, garantizaría que no haya eventuales subestimaciones de los intereses generales de la nación o el surgimiento de tendencias localistas, regionales o sectoriales perjudiciales. Podría haber también una administración compartida, donde exista un representante del estado o Comuna, como preferían llamarle Marx y Engels.

El trabajo por cuenta propia y familiar, es también una forma autogestionaria de producción, pues no explota trabajo ajeno, el mismo dueño es el trabajador que gestiona toda su labor. La imposibilidad de usar trabajo asalariado, el que por explotador debe quedar proscrito en el socialismo, impide a esta forma autogestionaria de producción aunque privada, desarrollar la reproducción ampliada. Por ser menos competitiva y reconfortante, deberá tender en general a integrarse en las formas cooperativas. De manera que la reproducción mercantil simple, es una forma que tiene cabida en el socialismo y cumple multitud de funciones sociales, especialmente relativa a los artistas, artesanos, consultores y otros tipos de trabajo que las nuevas tecnologías están originando.

La adopción mayoritaria del sistema de trabajo cooperativo llevaría de la mano a cambiar el ingreso según el pago de la fuerza de trabajo, el salario, la forma en que lo hace el capitalismo, que se extiende por un tiempo inicial en el socialismo, por la repartición equitativa de una parte de las utilidades, fórmula más justa, que no llega a ser la comunista “según las necesidades”. Tal fórmula posibilita a su vez que se vayan modificando paulatinamente las leyes y categorías de la producción mercantil, como las leyes del valor y de oferta y demanda y el intercambio de mercancías se vaya convirtiendo en intercambio de equivalentes, lo cual supondría ya el triunfo de la sociedad socialista.

El predominio de la Autogestión Socialista en toda la superestructura irá condicionando la desaparición de las diferencias entre el trabajo manual y el intelectual, en la división general social del trabajo, entre la ciudad y el campo, entre las clases y, finalmente, la transformación paulatina del propio estado hasta su extinción.

Socialismo por la vida.

La Habana, 18 de julio de 2008

Contacto: perucho1949@yahoo.es

Ver artículos relaciones en:
http:/www.kaosenlared.net/rss/kaos_colaboradores_195.xml http://analitica.com/va/internacionales/opinion/8777149.asp.
http://es.geocities.com/amigos_pedroc/index.html






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Los cuatro elementos


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¿Estamos construyendo el socialismo?

Por Pedro Campos Santos.

A partir de la pregunta realizada por el nuevo presidente de Cuba ante la Asamblea Nacional del Poder Popular el 11 de julio pasado, Pedro Campos retoma las medidas tomadas - y las que se deberían tomar - desde la asunción de Raúl Castro

Esa pregunta la hizo el General de Ejército Raúl Castro en su importante primer discurso como nuevo Presidente de Cuba ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 11 de julio pasado, Esta interrogante y otros elementos del discurso sugieren que la dirección actual de la Revolución pudiera estarse acercando ya a un efectivo abordaje del problema fundamental, el determinante, el que tiene que ver con todos los demás problemas de la sociedad cubana y de los cubanos: qué tipo de socialismo queremos.

El tema subyace y se desplaza difusamente por toda la intervención del líder revolucionario cuando se refiere al sentido de pertenencia de los trabajadores; al criticar el burocratismo, el igualitarismo y los excesivos subsidios fuentes de corrupción; al estimular la validez del poder soberano de la Asamblea Nacional por encima del Consejo de Estado; al promover que las leyes sean discutidas por todo el pueblo; al mostrar modesto respeto en el trato hacia los funcionarios; al evidenciar un estilo de dirección colectiva; al llamar nuevamente a todos a pensar y a aportar sobre las soluciones a los problemas planteados, al señalar que las regiones deben resolver ellas mismas sus constructores, maestro y policías y especialmente al reconocer cabida en el socialismo al cooperativismo y al trabajo por cuenta propia además de a las empresas estatales.

También al llamar a “virarse para la tierra”, está haciendo un planteamiento de fondo, más allá de la simple convocatoria a aumentar la producción agrícola. Ya se había dicho: la autosuficiencia alimentaria es un problema de seguridad nacional. Se trataría de un cambio en el esquema que pretende resolver los problemas del país a partir de “una economía de servicios mercantiles” para un mercado capitalista externo y el reconocimiento tácito de su fracaso.

Con este discurso, donde hay un tratamiento a fenómenos medulares de la problemática actual cubana, quedan en un segundo plano los simples llamados a la disciplina y a combatir el “robo” que han estado caracterizando las apelaciones de una parte del aparato burocrático. Para Raúl, los problemas son mucho más graves y complejos, como se observa cuando trata de explicarse la actitud indiferente de los trabajadores y sus soluciones apuntan a las relaciones de producción, propiedad, distribución y consumo, más que a la arenga exhortativa inmovilista.

La propuesta del nuevo anteproyecto de ley de seguridad social contiene algunos elementos que beneficiarían a los trabajadores, pero otros son muy controvertidos, por lo cual pudiera no ser éste el momento más oportuno para su discusión, cuando la gente espera decisiones que claramente beneficien a las mayorías y nos encontramos abocados a un proceso de transformaciones que demandarán mucho apoyo popular. El propio concepto de seguridad social y sus vías de realización en el socialismo merecerían ser reconsiderados.

Aún cuando el nuevo gobierno ha eliminado algunas viejas y absurdas prohibiciones, ha mostrado un estilo de dirección más flexible y tolerante y ha estado dando pasos para tratar de aligerar los problemas más agobiantes como la alimentación, el transporte y la vivienda, todo lo realizado hasta aquí no ha cambiado en nada el esquema básico del cada vez más resquebrajado sistema estatal asalariado que, ya sabemos, conduce al desastre.

La recién anunciada repartición de tierras ociosas pudiera ser un paso en un nuevo camino, si es acompañada de la liberación de la tutela burocrática estatal que frena y desestimula las iniciativas de los colectivos laborales y en cambio, éstos reciben apoyo y créditos del estado. Para el 26 de Julio próximo muchos esperamos otras medidas, de nueva orientación socialista.

Socialismo por la vida

La Habana, 19 de julio de 2008

Contacto: perucho1949@yahoo.es


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Cuba y Venezuela: ante las urgencias de un cambio de época

Por: Roberto Cobas Avivar

A partir de la tesis, defendida por Cobas Avivar en varios de sus artículos, de la necesidad de un cambio en las relaciones de producción en Cuba, en este texto analiza las economías de Cuba y Venezuela y reconoce que permanecen "atadas conceptualmente a la fuerza inercial de su subdesarrollo económico estructural".



Todo el petróleo de Venezuela no alcanzará para crear los fundamentos estructurales del socialismo en ambos países ni, por consiguiente, en la región, si es que no se plantea el concepto de desarrollo tecnológicamente sostenible. El socialismo es inviable bajo los auspicios de cualquier estrategia de transformación de las fuerzas productivas que no redefina desde ya la política de desarrollo a mediano y largo plazo en términos de un nuevo modelo de sostenibilidad energética.

La revolución energética no consiste en el ahorro de petróleo ni en su uso racional, por importante que ello sea hoy, sino en el cambio radical del modelo tecnológico energético.

Las revoluciones cubana y bolivariana han caído en la hipnosis del desarrollo extensivo que induce la riqueza petrolera venezolana. Para Cuba la dinámica del intercambio económico con Venezuela que roza ya los 5 mil millones de dólares, hasta ayer impensable, viene a reforzar el esquema del socialismo de estado en la isla y del modelo extensivista de desarrollo. En Venezuela todo indica que la economía extractiva apunta al mismo esquema del desarrollismo extensivo.

Ni el gobierno de Cuba ni el gobierno de Venezuela han formulado estrategias de desarrollo que apunten a un salto de magnitud en la reconversión tecnológica estructural de sus economías. Ambas economías permanecen atadas conceptualmente a la fuerza inercial de su subdesarrollo económico estructural.

No son un alarde de la ciencia social los estudios que apuntan al declive de la fase descendente del desarrollo capitalista global, correspondiente al ciclo empírico de sus últimos 50 años. Menos aún el hecho demostrable de que el cambio de las matrices energéticas del desarrollo económico define la transmutación de las fases descendentes en ascendentes en periodos de 100 años y, con ello, la revolución de la base material y cultural del mismo desarrollo. Acéptense o no tales estudios y predicciones, la realidad actual muestra el agotamiento del modelo tecnológico energético de desarrollo.

El socialismo o es una impetuosa proyección moderna y modernizante de las fuerzas productivas o no será socialismo, por mucho que sea el empeño ideológico. El desgaste de las potencialidades humanas en esquemas de desarrollo extensivos continuará siendo el camino fértil hacia la profundización del subdesarrollo estructural de las economías y las sociedades en ambos países. Y esa debilidad conceptual y estructural de las visiones de desarrollo hará pasto de las llamas a ambos proyectos sociales más tarde o temprano.

Es de especial importancia advertir que el colapso de la economía estadounidense está planteado en términos de su actual dependencia política de un esquema de desarrollo atado al modelo energético petrolero. De manera aguda lo acaba de definir Al Gore. La supervivencia del American way of life, tal como hasta ahora lo han conocido los estadounidenses, es insostenible. EEUU necesita y puede - ha expresado - reconvertir la matriz energética en 10 años. Pasar a producir toda su energía eléctrica a partir de fuentes de energías renovables. El impacto de tal alerta en los estados de opinión en el Establishment ha sido estremecedor. El reto no es sólo político para la nueva Administración, sino un desafío al poder de los tradicionales grupos industriales-financieros en los EEUU, estrechamente fusionados con la matriz energética petrolera. No es éste un desafío por desinteresado amor ecológico. Lo que está planteado en esa avanzada económica del capitalismo mundial es la lucha entre grupos de poder por el dominio económico sobre las ganancias del nuevo ciclo energético. “Su visión (de Al Gore) está en integrar el medio ambiente con el mercado de capitales”[1]. Es así como se han producido históricamente las revoluciones tecnológicas que han potenciado hacia niveles más altos cada vez las fuerzas productivas capitalistas. El resultado ha sido el predominio tecnológico histórico del modo de producción capitalista.
Hablar de socialismo y obviar en los discursos la precariedad del pensamiento propio cuando no pone de relieve la dimensión estratégica del reto que para la viabilidad de los proyectos socialistas, sean el de Cuba o el de Venezuela, implica el desarrollo de las fuerzas productivas, es permanecer anclados en una concepción insolvente sobre las posibilidades de una alternativa de desarrollo capitalista.

Ha sido el Presidente Rafael Correa quien ha advertido de manera somera en su discurso durante la reciente inauguración de la refinería ecuatoriano-venezolana en territorio de Ecuador (15.08.2008), que el objetivo de la explotación de los recursos naturales no renovables es crear las condiciones para que el desarrollo no dependa de ellos. Pero la importancia determinante del problema, puntualizo: determinante, no permite el tratamiento somero de su significado.

Es necesario que hagamos hincapié en la cuestión cubana.

Puesto que el problema no se limita a la explotación de fuentes renovables de energía, sino a su combinación con la capacidad de renovación y expansión de las fuerzas productivas. Es en este sentido que llama la atención el discurso del Presidente del Consejo de Estado de Cuba en la reciente clausura de las sesiones del Parlamento cubano. El contenido del discurso, más allá de abordar cuestiones puntuales del desarrollo socio-económico, deja el vacío del pensamiento estratégico acerca de la concepción de desarrollo del Proyecto Socialista. Es decir, del desarrollo estratégico de las fuerzas productivas de la sociedad cubana. La visión crítica acerca del modo de producción cubano se ha reducido a enfatizar la importancia para la economía del país de la “gran empresa estatal socialista”, a partir de las experiencias de las empresas “militares”, sin menoscabo, se explica, de las formas de propiedad cooperativa que se dan en el sector agrario. Constatar el comportamiento eficiente o no de determinados entes económicos no habla sobre la eficiencia sistémica del modo de producción cubano.

En efecto: “La disfuncionalidad del modo de producción y relaciones socioeconómicas consume el crecimiento económico en el extendido subsidio de la ineficiencia económica del sistema. Una constatación relevante expone la naturaleza de la contradicción. Hoy, en franco proceso de autofagia económica, funciona con pérdidas alrededor del 50% del total de las empresas del país. Lo que para los medios de comunicación y los informes de las instancias estatales y partidistas se sigue apreciando imperturbablemente como “problemas con la eficiencia y la disciplina”, en realidad refleja una crisis estructural del modelo socio-económico. Un cuadro de disfuncionalidad económica del sistema empresarial que se mantiene durante el medio siglo que experimenta el modo de producción establecido. Una disfuncionalidad que fue la causante del estremecimiento de los cimientos de la propia supervivencia nacional ante el colapso de las relaciones económicas con el antiguo “campo socialista”. No existen casualidades sino contradicciones de fondo”[2].

Un sistema administrativo de precios al por menor y otro bajo el juego de la oferta y la demanda, un sistema estatal de precios mayoristas, una fragmentación orgánica, por consiguiente, de los mercados, un sistema monetario dual, una profunda incoherencia en el sistema tributario, un sistema de funcionamiento empresarial sujeto a la recaudación centralizadora de las ganancias para el Estado, reñido con toda idea de autogestión socio-económica, son a grandes rasgos factores que evidencian las premisas de la ineficiencia sistémica de la economía.
El debate neurálgico acerca de la viabilidad del modo de producción cubano sigue inhibido a nivel central. Se toman atajos hablando sobre la necesidad de la productividad y la dependencia del salario a ella, sin tocar en lo absoluto el problema de las condiciones estructurales que pueden hacer realmente efectivos tales deseos. Se explica que las decisiones se van tomando sin prisa ni improvisaciones y se trasmite la impresión al pueblo de que Cuba posee todo el tiempo del mundo disponible a su favor. El mensaje es contradictorio. Lo expresa en sus expectativas de cambios el propio pueblo. El tiempo no está a favor del Proyecto Socialista de la Revolución. Cincuenta años de resistencia pueden crear la impresión de que el futuro le pertenece al socialismo, sin advertir los costos sociales y económicos acumulados. El mensaje viene sesgado con un vicio de oficio, puesto que se subvalora la capacidad de subsumisión económica del sistema capitalista global. El trasfondo en el plano interno son las propias palabras del Líder de la Revolución en la Universidad de la Habana en noviembre del 2005, acerca de que el socialismo en Cuba podría ser destruido por sus contradicciones internas. Paradójicamente, la nueva Dirección del Estado asume una visión escéptica con respecto a tal evaluación de la realidad cubana.

El atraso tecnológico de la economía cubana, de sus fuerzas productivas, amerita una revolución conceptual e inversionista para poder ser superado en el tiempo escaso que se dispone y se necesita. Esta realidad debe ser discutida en voz alta por todos los medios de comunicación del país. Tomar conciencia sobre el salto de magnitud cualitativa que necesita dar la economía cubana es la primera condición básica para liberar las energías hoy atadas del pensamiento creador a todos los niveles.

La alianza estratégica para el desarrollo con Venezuela, en primer lugar, no puede dejar de plantearse un objetivo inamovible, puesto en debate público claro y en programas concretos: la reconversión tecnológica de las fuerzas productivas en un horizonte de tiempo racionalmente predecible e imperturbable, si de las voluntades endógenas se trata. No hablo de una declaración de intenciones, sino del compromiso abierto y debatido sobre la necesidad del cambio de la concepción de desarrollo y de las estructuras socio-económicas que han de potenciarlo.

Ese objetivo supremo, al cual lógicamente han de supeditarse todos los movimientos tácticos, será una quimera para Cuba si no se discute la transformación radical del modo de producción y de relaciones socioeconómicas actuales.

A fuer de ser insistente, es oportuno que recuerde los disímiles trabajos en los que desde distintas ópticas he intentado abordar el problema de la transformación del modo de producción cubano actual. Incursionando en aspectos teóricos y prácticos. Desde Cuba no se produce el debate directo que permitiría el enriquecimiento de las ideas. Las contadas voces del pensamiento crítico que dentro de Cuba insisten igualmente en el problema tampoco tienen acceso mayor al debate popular amplio. Es evidente que el Partido dirigente reserva para sí el monopolio de la discusión sobre los problemas de fondo que, sin embargo, conciernen igualmente a toda la sociedad. Por tal razón es necesario que se diga públicamente que no faltan ni han faltado voces que intentan aportar ideas a un debate de ideas conculcadas al saber ciudadano. Puesto que se trata de la confluencia de todas las ideas que puedan brindar horizontes amplios y decididos de pensamiento. Cuando se expone esta arista del fenómeno de la participación social en Cuba, algunos querrán interpretar que no existe un acervo del pensamiento socialista cubano propio ni que se estudian los problemas económicos y sociales del socialismo en Cuba. Lo que expreso es que no está ése acervo acumulado y en actividad enfocado al planteamiento de la tesis sobre el problema fundamental:

¿Es necesaria la transformación estructural del modo de producción cubano actual?

Cuando se evita plantear esa tesis abiertamente se está tomando partido político en contra del reconocimiento del agotamiento del modelo actual de organización y funcionamiento del sistema económico cubano. Asumir la tesis no significa por defecto tomar partido político a favor del reconocimiento de lo contrario. Significa asumir la actitud dialéctica del pensamiento, la única posible si del desarrollo se trata.
Quiero llamar la atención sobre la consideración que en última instancia obliga a asumir la tesis en cuestión en el caso cubano. A la distancia de 50 años de recorrido del modo de producción actual y de sus relaciones socioeconómicas no existen contradicciones de nuevo tipo en su funcionamiento. Es decir, el conjunto de contradicciones que aquejan al sistema son, en esencia, las mismas que hace tantos años atrás. El sistema (en sentido cibernético) socioeconómico cubano no está en condiciones de generar contradicciones de nuevo tipo, de otra cualidad.

Un simple ejercicio periodístico bastaría para demostrar esa incapacidad del sistema para generar las nuevas contradicciones que su movimiento dialéctico produciría en caso de que realmente se diera tal movimiento. Ese ejercicio periodístico podría sin duda develar el sostenimiento del mismo discurso político acerca de la eficiencia o la no eficiencia del sistema socioeconómico cubano en los últimos 4 decenios. Ese ejercicio de investigación periodística vendría a demostrar que las contradicciones no sólo son las mismas en esencia, sino que se han agudizado. Y que su capacidad de implosión es directamente proporcional a la negativa de aceptar la tesis de discusión planteada.

Los que piensan que determinados cambios de la macroeconomía pudieran contradecir la afirmación que expongo tendrán que convenir, sin embargo, en que el modo de producción no se transforma cambiando aspectos de la superestructura político-económica sin alterar la naturaleza orgánico-funcional de la microeconomía.

Es lógico que asumir la tesis en cuestión implica discutir a fondo sobre los fundamentos estructurales del modo de producción actual. En principio sobre el sistema de propiedad y de relaciones de intercambio. Es claro que, en consecuencia, ello implica discutir sobre el sistema de participación socio-económica actual. Es evidente que todo ello conduce a cuestionarnos el modelo de desarrollo socialista tal como lo hemos concebido hasta ahora. Y que llegados a ese punto, estaremos revisando las ideas básicas del Proyecto Socialista.

El capitalismo acepta sus contradicciones internas porque el modelo sociopolítico está regido por el liberalismo del movimiento de su economía. Ésa es tanto su ventaja como su debilidad. En tales circunstancias se lucha por sacarle el mayor partido a las ventajas de tal orden de factores, tratando de minimizar las debilidades. Los procederes están sujetos a un proceso reflexivo de destrucción creativa.

Por el contrario, los hacedores del socialismo han definido el carácter político del proceso de su construcción para restarle importancia al carácter liberal de los procesos económicos creativos. La contradicción es ficticia. Porque lo que no se llega a entender es que el modo de producción debe tener vida propia. Es decir, la dimensión microeconómica del modo de producción obedece, para que su movimiento pueda aspirar a ser eficiente, a principios que rigen el comportamiento autónomo de las empresas, de los actores económicos. La superestructura política establece las reglas del juego, pero el juego ha de ser dominio autónomo de sus actores. Y es cierto que ello implica que el mercado y las relaciones monetario-mercantiles puedan funcionar en toda su capacidad técnica.

En consecuencia, es menester dar por superada definitivamente la discusión bizantina del pensamiento marxista ortodoxo (valga esa necesaria contradicción) que insiste en desgastarse en la criminalización política del mercado en el socialismo. A sabiendas que se hace acudiendo a interpretaciones metafísicas sobre las ideas acerca de la gran producción mercantil o la producción mercantil ampliada, supuestamente defendidas por K.Marx como causa primera del modo de producción extorsivo y de acumulación excluyente capitalista. Los que en esa discusión se desgastan reducen su pensamiento al tratamiento escolástico de las tesis de K.Marx y renuncian a hacer uso de la herramienta que nos legó para que entendiéramos mejor el materialismo histórico: la dialéctica materialista.

Mientras tanto, el tiempo sigue corriendo en desfavor. Asistimos hoy en América Latina al enfrentamiento más radical que se ha conocido entre la insurgencia de los intereses populares y la decisión de las oligarquías criollas no sólo a no ceder, sino a recuperar lo que se haya perdido. Así lo demuestra el carácter de los conflictos políticos en Venezuela, Bolivia, en Argentina y Ecuador. Pero especialmente en Colombia, donde mucho se decide en contra de los intereses progresistas en la región si es que las FARC fuesen definitivamente eliminadas como actor político. Da fe de ello el renovado interés de los EEUU en dar el susodicho golpe de timón al conflicto colombiano y consolidar con ello el apalancamiento de Colombia como su punta de lanza a imagen y semejanza de Israel en el Medio Oriente. Esa fisura de profundo calado en los planes integracionistas impulsados por Venezuela abocaría dichos procesos a un fracaso estratégico. Una vez descabezada la insurgencia radical y apuntalados los grupos de poder, lloverían millones de dólares a Colombia para crear el "estado de bienestar a lo israelí o a lo chileno" con el que deslumbrar el entorno y descalificar los procesos socialistas emergentes. Allí donde los gobiernos progresistas latinoamericanos han asumido la defensa de intereses sociales legítimos, se producen los escenarios que develan la naturaleza de las guerras avisadas.

Desde el Norte los escenarios futuros están ya declarados. Todo el lobby político detrás del presidenciable Barack Obama deja claro que una de las prioridades primeras del nuevo presidente será recuperar el patio trasero. Y es en ese contexto que toma profunda importancia política el grito de Al Gore, militante demócrata, sobre reducir al máximo la dependencia tecnológica de los EEUU de la matriz petrolera. Diez años es un tiempo extremadamente corto para lograrlo, pero no imposible si de la capacidad de redireccionamiento de los intereses de la economía empresarial estadounidense se trata.

Estamos, por lo tanto, ante un escenario de alta potencialidad en el mediano plazo de una tendencia a la baja pronunciada de los precios del petróleo y de la reducción con ello de la capacidad de influencia política de Venezuela y de la OPEC en general. A ello hay que añadir los planes de expansión de la producción de energía atómica tanto en los propios EEUU como en Europa y China, a pesar de sus peligros y la insostenibilidad fósil y ecológica a largo plazo. Puede arriesgarse la afirmación de que el petróleo está condenado a dejar de ser en el mediano plazo una ventaja económica comparativa. No necesariamente por la limitación de las reservas mundiales, sino por la rápida relativización de su importancia económica estratégica. Si se asume que la “civilización“ se encuentra ante un cambio revolucionador de la matriz energética, no puede más que apostarse por una consecuente revolución tecnológica.

La inversión estratégica acelerada para Venezuela y Cuba está en los sectores de la educación, la salud y las ciencias aplicadas. Es altamente sintomático que Cuba esté atravesando por una crisis estructural de su sistema educacional y que su sistema de salud corra igual peligro. Todo el petróleo que fuere necesario ha de sembrarse en lograr en el mediano plazo sistemas de educación escolar, técnica y superior universales y de excelencia incuestionable. A la par de ello, tendría que desarrollarse un vasto conjunto de programas complejos de desarrollo tecnológico-industrial en ambos países, de manera que el esfuerzo mancomunado diera resultados de excelencia en horizontes cortos planificables.

Es de primera importancia decir en voz alta que para el socialismo hoy la conciencia política está encarnada en el desarrollo dinámico de las ciencias aplicadas. El nivel de inversiones en I+D estará definiendo la independencia política de los proyectos socialistas. Es decir, en el grado en que las ciencias aplicadas determinen el desarrollo las fuerzas productivas de la sociedad. Al desarrollo intensivo de las fuerzas productivas le está dado preservar la viabilidad del proyecto socialista, sea en Cuba o Venezuela. El empuje de las fuerzas productivas, como sabemos, lleva a los extremos de su capacidad al modo de producción. Esa saludable contradicción dialéctica se hace antagónica e implosiva cuando el sistema político reduce y maniata la capacidad de movimiento autónomo de la sociedad.

El compromiso revolucionario con los problemas cardinales del ser o no ser del Proyecto Socialista de la Revolución y, en consecuencia, del futuro de la nación cubana, no puede reducirse, como nos conmina el discurso de clausura de las sesiones del Parlamento cubano, a dedicarnos “cada cual en el puesto que le corresponde, al cumplimiento diario y estricto del deber”. La apelación resulta contraproducente cuando los deberes, establecidos verticalmente, no llegan a cumplir con las expectativas de participación y creatividad de los ciudadanos. Una constatación irrebatible no por algún ejercicio mental, sino porque la naturaleza verticalista del actual modo de producción y de las relaciones socioeconómicas que lo caracterizan no dejan resquicio alguno a la autodeterminación ciudadana.
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NOTAS


[1] “Al Gore y el cambio climático como negocio”, en: http://www.soloenergias.com/2007/12/30/al-gore-y-el-cambio-climatico-c omo-negocio/ (fuente primaria: El País)
[2] Roberto Cobas Avivar ,“Principio y final del socialismo en Cuba”, en: http://www.kaosenlared.net/noticia/principio-final-socialismo-cuba

Publicado en: www.kaosenlared.net

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