jueves, 10 de julio de 2008

No olvidar las enseñanzas de la Historia

Por: Leonel González y Carlos C. Díaz

"No se puede ignorar que las experiencias revolucionarias del siglo pasado resultaron en definitiva frustradas, pues incluso cuando llegaron a expropiar a los capitalistas, resultaron incapaces de ir más allá del capital. Esto impone una tarea adicional: para pensar sin fantasmas el socialismo del Siglo XXI, hay que establecer qué ocurrió durante el siglo anterior con aquel socialismo que no fue". Aldo A. Casas. (1)

El análisis sobre las causas esenciales de la caída del campo socialista es terreno de lucha entre la burguesía y los trabajadores, entre los revolucionarios y los burócratas, entre revolucionarios de diferentes tendencias y concepciones, entre "idealistas y realistas", entre los que creen que la revolución debe ser dada en dádiva al pueblo y los que creen que son los trabajadores quienes tienen que liberarse a sí mismos.

Es claro que existe una "conspiración" a varias manos para evitar aceptar que fracasaron las tendencias "socialistas" que se desviaron del contenido socializante y democrático.

Partir de que el Socialismo es una utopía y un fracaso anunciado es como rendirse sin combatir, admitir la derrota de antemano, y aceptar que no hay alternativas al capitalismo, sistema inhumano, mercantilizado, depredador del hombre y la naturaleza, que es lo menos malo que encontraremos; tal, es coincidir con la argumentación básica del enemigo.

Apostar por administrar mejor el capitalismo en espera de tiempos mejores no parece ser fórmula adecuada para los trabajadores, que al final sólo reciben migajas constantemente en peligro de extinción, ante cualquier pequeña crisis y presión del capital internacional.

Creer que el problema fue una personalidad, un déspota no ilustrado, es desconocer no solo el marxismo sino toda la historia. El problema de las personalidades es importante pero no único, los valores y principios no hubieran podido ser violentados en la forma en que lo fueron, si el excedente y la propiedad hubieran estado más socializados, y compartidos entre las distintas formas de los colectivos de trabajadores y la comunidad y si no se hubiera endiosado a los líderes y esquematizado las ideas.

Es duro decirlo, pero si el sistema hubiera permanecido igual y no hubiera sido Stalin, si no otro, que fuera más/menos ilustrado no hubiera cambiado la ecuación final, aunque menos habrían sido los sufrimientos, tal vez.

Creer que la acción del imperialismo, sus servicios clandestinos, su propaganda de "sociedad de consumo", o los errores de Gorbachov, fueron las causantes principales que provocaron el desastre del Socialismo, es considerar como falsa las tesis esenciales marxistas sobre la sociedad y el hombre, sería como estimar a los trabajadores ignorantes y "débiles" seres, incapaces de alcanzar la madurez, la conciencia de su papel y haber admitido demasiada ingenuidad e insuficiencia en los órganos de poder revolucionario a pesar de haber demostrado su disposición al sacrifico durante más de 70 años. Sería dejarlo todo al campo de la subjetividad.

La "conspiración" para ocultar que fracasaron las tendencias que se desviaron de su contenido socializante y democrático, está muy extendida y responde a muchos factores objetivos e intereses clasistas. A ella han contribuido la incultura, el desconocimiento de textos importantes de los clásicos, intereses de la coyuntura, el oportunismo de las burocracias políticas y las tergiversaciones que el enemigo ha promovido en las teorías emancipatorias.

Desde Marx y Engels hasta recientes e importante reflexiones, se vienen abordando los antídotos democráticos para evitar la tragedia de la usurpación del poder de los trabajadores.

Sabemos que Marx y Engels, ironizaban sobre modelos imaginarios acerca lo que podrían ser socialismo y comunismo, y se preocuparon poco por "definirlos": su atención estaba enfocada en el análisis y también la negación del capitalismo, y en el proceso que transformarían radicalmente la sociedad; pero no dejaron de exponer sus rasgos distintivos esenciales como algunos han querido ocultar.

"Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal que ha de sujetarse a la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de las premisas actualmente existentes." También escribió Engels: "La llamada sociedad socialista según creo yo, no es una cosa hecha de una vez y para siempre, sino que cabe considerarla como todos los demás regimenes históricos, una sociedad en constante cambio y transformación." (2)

Marx planteó importantes consideraciones de carácter general para la sociedad socialista que pueden resumirse en: no apropiación del trabajo ajeno, utilización del plus producto en bien de la mayoría, participación de los implicados en las decisiones que le afectaban, especialmente en la redistribución de ese plus producto, desarrollo pleno de cada miembro de la sociedad (no alienación).

De acuerdo con su concepción, el paso del socialismo al comunismo - fase superior de la nueva sociedad - se daría a partir de una transformación de la forma de distribución de acuerdo al aporte, a una distribución según las necesidades de cada cual, pero abandonando la explotación asalariada. Otros dilemas y problemas teóricos están aún por resolver.

También afirmaron, "No tenemos ninguna intención de cambiar la libertad por la igualdad, estamos convencidos que ningún orden social podrá asegurar la libertad personal tanto, como una sociedad basada en la propiedad comunal."

En La Guerra Civil en Francia, Marx escribe: "... si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que el comunismo, comunismo "realizable"?...

En el Manifiesto inaugural de la Asociación internacional de los trabajadores, redactado por él, afirmo: "la experiencia del período comprendido entre 1848 y 1864 ha probado hasta la evidencia que, por excelente que sea en principio, por útil que se muestre en la práctica, el trabajo cooperativo, limitado estrechamente a los esfuerzos accidentales y particulares de los obreros, no podrá detener jamás el crecimiento en progresión geométrica del monopolio, ni emancipar a las masas, ni aliviar siquiera un poco la carga de sus miserias."

Para emancipar a las masas trabajadoras, la cooperación debe alcanzar un desarrollo nacional y, por consecuencia, ser fomentada por medios nacionales. "La conquista del poder político ha venido a ser, por lo tanto, el gran deber de la clase obrera."

Engels, en la Introducción de 1891 a la Guerra Civil en Francia, de C. Marx reafirma "el decreto mas importante de cuantos dictó la Comuna, dispuso una organización que no se basaba solo en la asociación de los obreros dentro dé cada fábrica, sino que debía también unificar a todas esas asociaciones en una gran unión que, como Marx dice muy bien en la guerra civil, forzosamente, habría conducido, en ultima instancia, al comunismo."

Es importante recordar las disputas de Marx con Lasalle, el ideólogo mayor del llamado socialismo de estado quien se imaginaba la llegada del socialismo desde el estado burgués apoyando el desarrollo cooperativo, a lo que Marx oponía: "pero en lo que concierne a las actuales cooperativas solo tienen valor en la medida que son creaciones de los trabajadores y no protegidas por el estado o la burguesía". También le llamó en su cara "bonapartista" y señaló: "Su actitud es la del futuro dictador de los obreros."

Marx estaba contra este tipo de dictadura estatal, no sólo porque fuera más-menos despótica, sino porque no concebía la revolución de los Mesías en nombre del pueblo, pero sin el pueblo.

No obstante, luego de Marx y Engels se difundió la denominación de "socialismo" muy ligada al estado y al período que iría desde el derrocamiento político de la burguesía y su estado hasta el comunismo. Pero la realidad crearía dilemas más peligrosos y el conflicto entre comunistas libertarios y estatistas, de diversos grados, se acrecentó hasta dividir el movimiento obrero.

El ideal de Lenin como lo fue el de Marx era una sociedad libre del dominio de clase y de la autoridad estatal, pero, de modo inmediato, trataba de fundar un nuevo Estado -la dictadura del proletariado-en condiciones diferentes a las previstas por aquel y aprovechando la coyuntura de la Guerra Mundial, insistía en que, a diferencia de los demás Estados, en la dictadura del proletariado no sería necesaria una burocracia que «se separe del pueblo, se eleve por encima de él y se oponga a él».

En su obra EL estado y la revolución, que escribió en vísperas de la toma del poder, describió la dictadura del proletariado como un Estado que se disolvería paulatinamente en la sociedad y que prepararía su propia extinción.

Durante los casi 6 años que Lenin estuvo al frente de la construcción del socialismo, la máquina administrativa que se iba formando se separaba peligrosamente del modelo ideal que había soñado. La realidad imponía su lógica: el predominio de comunistas estatistas en el control de la Revolución y de profesionales revolucionarios no provenientes de las luchas obreras junto al desconocimiento de la concepción cooperativista del socialismo de Marx, terminaron por imponer su sello al estado en ciernes: un ejército independiente poderoso, unos órganos de seguridad hipertrofiados, los fundadores del partido sacralizados, un sistema del de correas de transmisión que poco tenían que ver con la verdadera democracia revolucionaria desarrollada en los soviet que terminaron bajo el control del partido único y del pueblo y los trabajadores como habían empezado.

Desgraciadamente se confirmaron los presagios y las criticas de Rosa Luxemburgo (3):

??si se impide la vida política en todo el país, la parálisis llegara inevitablemente a los soviets. Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y de reunión ilimitada, sin una confrontación de opinión libre, la vida se marchita en todas las instituciones públicas y la burocracia queda?Algunas decenas de elementos del partido, aunque animados de una energía indomable y por un idealismo sin fronteras, dirigen y gobiernan, el poder real se encuentra en manos de una docena de individuos dotados de una eminente inteligencia, y la elite obrera solo es invitada de vez en cuando a asistir a reuniones para aplaudir los discursos de los dirigentes y para votar por unanimidad las resoluciones que se les proponen. Esto es, en el fondo, un gobierno de camarillas, la dictadura de un grupo de políticos, la dictadura en el sentido burgués, en el sentido del dominio jacobino, pero no la dictadura del proletariado?

Lenin no podía ser inconsciente de esto. Pero, durante algunos años, tuvo o pareció tener la conciencia tranquila, indudablemente porque se había retirado de su posición bajo la presión abrumadora de las circunstancias. Nos dice un compañero.

Con el caos de la Guerra Mundial y posteriormente la civil La Rusia revolucionaria, se creía se no podría sobrevivir sin un Estado fuerte y centralizado. No parecía posible superar la devastación, y la desintegración social resultante con los -todavía por experimentar- métodos de una democracia de los trabajadores. La clase obrera estaba agotada y desmoralizada. El pueblo revolucionario, rodeado de pequeña burguesía y campesinado atrasado no podía regenerarse por sí mismo, Parecía evidente que era necesario un poder fuerte para guiarlo desde arriba, a lo largo de lenta de transición.

De repente, Lenin pareció darse cuenta de que algo andaba mal y comprendió que la nueva maquinaria de poder se estaba convirtiendo en una burla de sus principios.... En un Congreso del Partido, en abril de 1922, el último al que asistió, expresó. «Poderosas fuerzas han alejado al Estado soviético de su «camino propio». Lenin advertía en ese último congreso del 1922, que Rusia escasamente podía ser llamada socialista: "No, aún no hemos puesto los fundamentos socialistas... La esencia del problema consiste en saber separar de manera firme, clara y serena lo que constituye el merito histórico de la revolución rusa, de lo que hacemos muy mal, de lo que aún no está creado y de lo que habrá que rehacer muchas veces todavía." comentó. Ahora en conciencia debemos decir "que denominamos nuestro a un aparato que nos es fundamentalmente extraño" Tenemos un Estado obrero con deformaciones burocrática, un aparato que adolece de muchísimos defectos, que es dos veces mas abultado de lo necesario, que muy a menudo trabaja no para nosotros, sino, contra nosotros. "el vehículo no marcha en la dirección que supone quien está sentado al volante, y muy a menudo [lo hace] en otra completamente diferente"

Confiaba en que podían mejorarlo, entonces sugirió "fortalecer un intercambio basado en la cooperación, en el cual deben participar en forma efectiva las auténticas masas de la población"

En 1923, en su trabajo Sobre el cooperativismo ya precisa con toda definición: "nos vemos obligados a reconocer que se ha producido un cambio radical en todos nuestros puntos de vista sobre el socialismo". Ahora bien, el régimen de cooperativitas cultos, cuando existe la propiedad social sobre los medios de producción, y cuando el proletariado ha triunfado como clase sobre la burguesía, es El socialismo.

En su lecho de enfermo, mientras luchaba con su parálisis, Lenin decidió hablar y denunciar. Pero Lenin no se exoneró a sí mismo de su responsabilidad; era presa del remordimiento...

El 30 de diciembre de 1922, engañando a sus médicos y enfermeras, empezó a dictar notas sobre la política soviética hacia las pequeñas nacionalidades, notas que pretendían ser un mensaje al próximo Congreso del Partido. «Soy, al parecer, fuertemente culpable ante los trabajadores de Rusia»; tales fueron sus palabras iniciales. Unas palabras que difícilmente pronunciarían un gobernante... Lenin se sentía culpable ante la clase obrera de su país porque - decía - "no había actuado con suficiente decisión y lo bastante pronto contra Stalin",... Ahora veía en qué «pantano» de opresión había ido a parar el Partido Bolchevique. Los bolcheviques «solamente habían dado un disfraz soviético», y nuevamente las minorías nacionales quedaban expuestas...

Este mensaje tuvo que ser ocultado al pueblo soviético durante treinta y tres años. Pero en estas palabras: «Soy, al parecer, fuertemente culpable ante los trabajadores de Rusia» en su capacidad para pronunciar estas palabras reside una parte esencial de la grandeza moral de Lenin.

Ya todos conocemos la historia posterior: a su fallecimiento, Stalin ignoró al Marx antiestatista, ocultó el testamento de Lenin, desconoció sus últimos aportes sobre el cooperativismo y el control obreros, eliminó a Bujarin y a Trosky, las otras dos figuras emblemáticas del Partido y a otros líderes bolcheviques, hizo del modelo de Socialismo de Estado el "único verdaderamente revolucionario".

El ascenso de Stalin al poder fue posible a partir de la derrota de la revolución europea, sobre la cual los bolcheviques fundaban sus esperanzas. La guerra civil había liquidado la actividad política y el protagonismo de las masas, contenidos esenciales de una revolución y una democracia verdadera, el partido jamás fue el mismo después de esta contienda civil: la burocratización y militarización del partido, el aislamiento, el agotamiento de la clase obrera, las divisiones entre revolucionarios, la aparición de grupos privilegiados, fueron los elementos que dieron la base a esa posibilidad, y su consolidación tuvo lugar mediante la imposición de la coacción y hasta el terror sistemático sobre el conjunto de la sociedad, incluyendo a los mejores bolcheviques y la misma burocracia.

Todos los intentos posteriores de los revolucionarios por enrutar el camino, desde el XX Congreso hasta la Perestroika, llegaron demasiado tarde, enfrentaron una burocracia inamovible, carecieron de la profundidad, integralidad, y estrategia adecuadas, además de enormes ingenuidades respecto al enemigo externo e interno.

La complejidad fue total, pero cualesquiera que fueran las causas, insuficiencias filosóficas o materiales de origen, soledad, presión del enemigo, lentitud y errores respecto al desarrollo científico-técnico, errores en el internacionalismo, ceguera y sordera de poder, o simplemente, corrupciones y traiciones, no se supo luchar contra tendencias que condujeron la revolución a la derrota y el pueblo concluyó que el costo era demasiado.

¿Por que no triunfaron los revolucionarios?

Porque iniciaron los cambios demasiado tarde y el capitalismo se afincó en el seno social; porque no fueron suficientemente consecuentes con los principios y dudaron en romper decididamente con el predominio del trabajo asalariado; porque permitieron que la burocracia estatal devorara a la burocracia del partido; porque el pueblo fue defraudado muchas veces con promesas que jamás se cumplieron, porque se dejaron robar banderas revolucionarias -como los derechos humanos- por el enemigo; porque quedaron entrampados entre los capitalistas y los burócratas; porque el pueblo perdió el poder con la bolchevización de los soviets y porque miles de revolucionarios fueron represaliados, desde el plan piyama hasta la prisión y la muerte; resultado general: la conciencia social quebró.

No triunfaron porque confiaron en promesas del imperio, porque subestimaron su presión ideológica y cultural, porque la combinación de Socialismo de cuartel y enajenación cultural y social, despolitizó a la juventud y muy especialmente porque olvidaron el Marxismo para ?tiempos mejores?. Las elites que se formaron en el estatismo, no estaban dispuestas a entregar el poder a los trabajadores y prefirieron entregárselo al nuevo aliado de clases: su viejo enemigo, que en definitiva les permitió ser una nueva aristocracia, ya sin la careta de socialistas y "justos".

La existencia de un único empleador -el estado- que tomaba decisiones desde arriba sobre cargos y responsabilidades y hasta la supervivencia de las personas, fue más decisivo incluso que la coacción o represión abierta para enajenar a quienes tuvieron que soportar el experimento. Ese estado hipertrofiado fue tan poderoso, que su burocracia y sus sectores tecnocráticos devoraron a la dirección partidista y colaboraron en fortalecer la burocracia militar e ideológica, las que convirtieron en sus aliadas.

Cabe recordar aquí que en 1884, a solo un año de la muerte de Marx, ya Martí en La futura esclavitud reflexionaba sobre los peligros de un Socialismo burocratizado: "Mal va un pueblo de oficinista", escribió y comentó: Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, lo iría perdiendo el pueblo... Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio.

En realidad, la concentración de la propiedad en manos del Estado-Partido, procreó un enorme aparato burocrático para su control que se adueño de esos medios de producción y actuó en consecuencia. El papel de muchos de esos "funcionarios revolucionarios", fue el de impedir-incluso a su pesar- la socialización de la propiedad y los necesarios cambios de todo tipo en la sociedad, por lo que se convirtieron en mecanismos, "retrancas" de los más profundos ideales revolucionarios.

Aquel mal llamado "socialismo" puso en evidencia que el conflicto que lo desgarraba tenía su raíz en la subsistencia y acrecentamiento de muchos valores de la civilización del capital y de la jerarquizada división social del trabajo heredada de las sociedades de clase.

En el "socialismo de estado", las relaciones de poder económico existentes no están determinadas por derechos de propiedad privada, individual, o colectiva, sino que se derivan de la prerrogativa absoluta de la dirección para distribuir a su buen saber todo el producto nacional y disponer a su consideración de todos los bienes "de la nación".

El centro de gravedad de este poder distributivo lo constituye el reparto de los bienes más importantes, los cargos, dentro del mismo aparato jerarquizado y semi-militarizado de distribución.

Ese "partido" de funcionarios, encargado de hacer cumplir las orientaciones decididas centralmente, fue "sobornado" en un modelo de déficit en que el ingreso no era esencial sino los cargos que permitían prebendas extras, mejores bienes y status. Fue además, un proceso paulatino, inestable, complejo que demandó de esos funcionarios cuotas altas de sacrificio también y que no permitió a muchos honestos y verdaderos revolucionarios darse cuenta a tiempo del peligro.

El centro de la contradicción pues, está en el antagonismo entre el derecho de las personas o colectividades a disponer libremente del producto de su trabajo -con las limitaciones debidas a la solidaridad ciudadana y a la defensa común- y el no reconocimiento del mismo por la elite distribuidora. En el momento que los trabajadores hagan valer sus derechos dejaran de ser personas a cargo del estado para convertirse en productores desenajenados.

Si ello es así en el aspecto económico, en el ideológico-político el problema incluye impedir los mecanismos que permitan a toda persona o institución considerarse monopolizadora del saber, de las necesidades del pueblo y de los ideales progresistas, monopolizadora de la soberanía y legitimadora del dogmatismo y de cualquier mecanismo castrador del pensamiento crítico.

Aquel "socialismo" cuando dejó claramente establecido que no se rebasaría la lógica del capital en la economía y que en política siempre predominaría el abismo entre la palabra y los hechos, hizo que los trabajadores perdieran la fe y consecuentemente se volvieron indiferentes a su suerte.

La Habana, 6 de julio de 2008

1-Aldo A. Casa. "El socialismo que no fue".

2-F.Engels. Prólogo a la Guerra Civil de 1881.

3-Rosa Luxemburgo. "La Revolución Rusa".

Publicado en: Kaos en la red

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Por: Leonel González y Carlos C. Díaz

"No se puede ignorar que las experiencias revolucionarias del siglo pasado resultaron en definitiva frustradas, pues incluso cuando llegaron a expropiar a los capitalistas, resultaron incapaces de ir más allá del capital. Esto impone una tarea adicional: para pensar sin fantasmas el socialismo del Siglo XXI, hay que establecer qué ocurrió durante el siglo anterior con aquel socialismo que no fue". Aldo A. Casas. (1)

El análisis sobre las causas esenciales de la caída del campo socialista es terreno de lucha entre la burguesía y los trabajadores, entre los revolucionarios y los burócratas, entre revolucionarios de diferentes tendencias y concepciones, entre "idealistas y realistas", entre los que creen que la revolución debe ser dada en dádiva al pueblo y los que creen que son los trabajadores quienes tienen que liberarse a sí mismos.

Es claro que existe una "conspiración" a varias manos para evitar aceptar que fracasaron las tendencias "socialistas" que se desviaron del contenido socializante y democrático.

Partir de que el Socialismo es una utopía y un fracaso anunciado es como rendirse sin combatir, admitir la derrota de antemano, y aceptar que no hay alternativas al capitalismo, sistema inhumano, mercantilizado, depredador del hombre y la naturaleza, que es lo menos malo que encontraremos; tal, es coincidir con la argumentación básica del enemigo.

Apostar por administrar mejor el capitalismo en espera de tiempos mejores no parece ser fórmula adecuada para los trabajadores, que al final sólo reciben migajas constantemente en peligro de extinción, ante cualquier pequeña crisis y presión del capital internacional.

Creer que el problema fue una personalidad, un déspota no ilustrado, es desconocer no solo el marxismo sino toda la historia. El problema de las personalidades es importante pero no único, los valores y principios no hubieran podido ser violentados en la forma en que lo fueron, si el excedente y la propiedad hubieran estado más socializados, y compartidos entre las distintas formas de los colectivos de trabajadores y la comunidad y si no se hubiera endiosado a los líderes y esquematizado las ideas.

Es duro decirlo, pero si el sistema hubiera permanecido igual y no hubiera sido Stalin, si no otro, que fuera más/menos ilustrado no hubiera cambiado la ecuación final, aunque menos habrían sido los sufrimientos, tal vez.

Creer que la acción del imperialismo, sus servicios clandestinos, su propaganda de "sociedad de consumo", o los errores de Gorbachov, fueron las causantes principales que provocaron el desastre del Socialismo, es considerar como falsa las tesis esenciales marxistas sobre la sociedad y el hombre, sería como estimar a los trabajadores ignorantes y "débiles" seres, incapaces de alcanzar la madurez, la conciencia de su papel y haber admitido demasiada ingenuidad e insuficiencia en los órganos de poder revolucionario a pesar de haber demostrado su disposición al sacrifico durante más de 70 años. Sería dejarlo todo al campo de la subjetividad.

La "conspiración" para ocultar que fracasaron las tendencias que se desviaron de su contenido socializante y democrático, está muy extendida y responde a muchos factores objetivos e intereses clasistas. A ella han contribuido la incultura, el desconocimiento de textos importantes de los clásicos, intereses de la coyuntura, el oportunismo de las burocracias políticas y las tergiversaciones que el enemigo ha promovido en las teorías emancipatorias.

Desde Marx y Engels hasta recientes e importante reflexiones, se vienen abordando los antídotos democráticos para evitar la tragedia de la usurpación del poder de los trabajadores.

Sabemos que Marx y Engels, ironizaban sobre modelos imaginarios acerca lo que podrían ser socialismo y comunismo, y se preocuparon poco por "definirlos": su atención estaba enfocada en el análisis y también la negación del capitalismo, y en el proceso que transformarían radicalmente la sociedad; pero no dejaron de exponer sus rasgos distintivos esenciales como algunos han querido ocultar.

"Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal que ha de sujetarse a la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de las premisas actualmente existentes." También escribió Engels: "La llamada sociedad socialista según creo yo, no es una cosa hecha de una vez y para siempre, sino que cabe considerarla como todos los demás regimenes históricos, una sociedad en constante cambio y transformación." (2)

Marx planteó importantes consideraciones de carácter general para la sociedad socialista que pueden resumirse en: no apropiación del trabajo ajeno, utilización del plus producto en bien de la mayoría, participación de los implicados en las decisiones que le afectaban, especialmente en la redistribución de ese plus producto, desarrollo pleno de cada miembro de la sociedad (no alienación).

De acuerdo con su concepción, el paso del socialismo al comunismo - fase superior de la nueva sociedad - se daría a partir de una transformación de la forma de distribución de acuerdo al aporte, a una distribución según las necesidades de cada cual, pero abandonando la explotación asalariada. Otros dilemas y problemas teóricos están aún por resolver.

También afirmaron, "No tenemos ninguna intención de cambiar la libertad por la igualdad, estamos convencidos que ningún orden social podrá asegurar la libertad personal tanto, como una sociedad basada en la propiedad comunal."

En La Guerra Civil en Francia, Marx escribe: "... si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, más que el comunismo, comunismo "realizable"?...

En el Manifiesto inaugural de la Asociación internacional de los trabajadores, redactado por él, afirmo: "la experiencia del período comprendido entre 1848 y 1864 ha probado hasta la evidencia que, por excelente que sea en principio, por útil que se muestre en la práctica, el trabajo cooperativo, limitado estrechamente a los esfuerzos accidentales y particulares de los obreros, no podrá detener jamás el crecimiento en progresión geométrica del monopolio, ni emancipar a las masas, ni aliviar siquiera un poco la carga de sus miserias."

Para emancipar a las masas trabajadoras, la cooperación debe alcanzar un desarrollo nacional y, por consecuencia, ser fomentada por medios nacionales. "La conquista del poder político ha venido a ser, por lo tanto, el gran deber de la clase obrera."

Engels, en la Introducción de 1891 a la Guerra Civil en Francia, de C. Marx reafirma "el decreto mas importante de cuantos dictó la Comuna, dispuso una organización que no se basaba solo en la asociación de los obreros dentro dé cada fábrica, sino que debía también unificar a todas esas asociaciones en una gran unión que, como Marx dice muy bien en la guerra civil, forzosamente, habría conducido, en ultima instancia, al comunismo."

Es importante recordar las disputas de Marx con Lasalle, el ideólogo mayor del llamado socialismo de estado quien se imaginaba la llegada del socialismo desde el estado burgués apoyando el desarrollo cooperativo, a lo que Marx oponía: "pero en lo que concierne a las actuales cooperativas solo tienen valor en la medida que son creaciones de los trabajadores y no protegidas por el estado o la burguesía". También le llamó en su cara "bonapartista" y señaló: "Su actitud es la del futuro dictador de los obreros."

Marx estaba contra este tipo de dictadura estatal, no sólo porque fuera más-menos despótica, sino porque no concebía la revolución de los Mesías en nombre del pueblo, pero sin el pueblo.

No obstante, luego de Marx y Engels se difundió la denominación de "socialismo" muy ligada al estado y al período que iría desde el derrocamiento político de la burguesía y su estado hasta el comunismo. Pero la realidad crearía dilemas más peligrosos y el conflicto entre comunistas libertarios y estatistas, de diversos grados, se acrecentó hasta dividir el movimiento obrero.

El ideal de Lenin como lo fue el de Marx era una sociedad libre del dominio de clase y de la autoridad estatal, pero, de modo inmediato, trataba de fundar un nuevo Estado -la dictadura del proletariado-en condiciones diferentes a las previstas por aquel y aprovechando la coyuntura de la Guerra Mundial, insistía en que, a diferencia de los demás Estados, en la dictadura del proletariado no sería necesaria una burocracia que «se separe del pueblo, se eleve por encima de él y se oponga a él».

En su obra EL estado y la revolución, que escribió en vísperas de la toma del poder, describió la dictadura del proletariado como un Estado que se disolvería paulatinamente en la sociedad y que prepararía su propia extinción.

Durante los casi 6 años que Lenin estuvo al frente de la construcción del socialismo, la máquina administrativa que se iba formando se separaba peligrosamente del modelo ideal que había soñado. La realidad imponía su lógica: el predominio de comunistas estatistas en el control de la Revolución y de profesionales revolucionarios no provenientes de las luchas obreras junto al desconocimiento de la concepción cooperativista del socialismo de Marx, terminaron por imponer su sello al estado en ciernes: un ejército independiente poderoso, unos órganos de seguridad hipertrofiados, los fundadores del partido sacralizados, un sistema del de correas de transmisión que poco tenían que ver con la verdadera democracia revolucionaria desarrollada en los soviet que terminaron bajo el control del partido único y del pueblo y los trabajadores como habían empezado.

Desgraciadamente se confirmaron los presagios y las criticas de Rosa Luxemburgo (3):

??si se impide la vida política en todo el país, la parálisis llegara inevitablemente a los soviets. Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y de reunión ilimitada, sin una confrontación de opinión libre, la vida se marchita en todas las instituciones públicas y la burocracia queda?Algunas decenas de elementos del partido, aunque animados de una energía indomable y por un idealismo sin fronteras, dirigen y gobiernan, el poder real se encuentra en manos de una docena de individuos dotados de una eminente inteligencia, y la elite obrera solo es invitada de vez en cuando a asistir a reuniones para aplaudir los discursos de los dirigentes y para votar por unanimidad las resoluciones que se les proponen. Esto es, en el fondo, un gobierno de camarillas, la dictadura de un grupo de políticos, la dictadura en el sentido burgués, en el sentido del dominio jacobino, pero no la dictadura del proletariado?

Lenin no podía ser inconsciente de esto. Pero, durante algunos años, tuvo o pareció tener la conciencia tranquila, indudablemente porque se había retirado de su posición bajo la presión abrumadora de las circunstancias. Nos dice un compañero.

Con el caos de la Guerra Mundial y posteriormente la civil La Rusia revolucionaria, se creía se no podría sobrevivir sin un Estado fuerte y centralizado. No parecía posible superar la devastación, y la desintegración social resultante con los -todavía por experimentar- métodos de una democracia de los trabajadores. La clase obrera estaba agotada y desmoralizada. El pueblo revolucionario, rodeado de pequeña burguesía y campesinado atrasado no podía regenerarse por sí mismo, Parecía evidente que era necesario un poder fuerte para guiarlo desde arriba, a lo largo de lenta de transición.

De repente, Lenin pareció darse cuenta de que algo andaba mal y comprendió que la nueva maquinaria de poder se estaba convirtiendo en una burla de sus principios.... En un Congreso del Partido, en abril de 1922, el último al que asistió, expresó. «Poderosas fuerzas han alejado al Estado soviético de su «camino propio». Lenin advertía en ese último congreso del 1922, que Rusia escasamente podía ser llamada socialista: "No, aún no hemos puesto los fundamentos socialistas... La esencia del problema consiste en saber separar de manera firme, clara y serena lo que constituye el merito histórico de la revolución rusa, de lo que hacemos muy mal, de lo que aún no está creado y de lo que habrá que rehacer muchas veces todavía." comentó. Ahora en conciencia debemos decir "que denominamos nuestro a un aparato que nos es fundamentalmente extraño" Tenemos un Estado obrero con deformaciones burocrática, un aparato que adolece de muchísimos defectos, que es dos veces mas abultado de lo necesario, que muy a menudo trabaja no para nosotros, sino, contra nosotros. "el vehículo no marcha en la dirección que supone quien está sentado al volante, y muy a menudo [lo hace] en otra completamente diferente"

Confiaba en que podían mejorarlo, entonces sugirió "fortalecer un intercambio basado en la cooperación, en el cual deben participar en forma efectiva las auténticas masas de la población"

En 1923, en su trabajo Sobre el cooperativismo ya precisa con toda definición: "nos vemos obligados a reconocer que se ha producido un cambio radical en todos nuestros puntos de vista sobre el socialismo". Ahora bien, el régimen de cooperativitas cultos, cuando existe la propiedad social sobre los medios de producción, y cuando el proletariado ha triunfado como clase sobre la burguesía, es El socialismo.

En su lecho de enfermo, mientras luchaba con su parálisis, Lenin decidió hablar y denunciar. Pero Lenin no se exoneró a sí mismo de su responsabilidad; era presa del remordimiento...

El 30 de diciembre de 1922, engañando a sus médicos y enfermeras, empezó a dictar notas sobre la política soviética hacia las pequeñas nacionalidades, notas que pretendían ser un mensaje al próximo Congreso del Partido. «Soy, al parecer, fuertemente culpable ante los trabajadores de Rusia»; tales fueron sus palabras iniciales. Unas palabras que difícilmente pronunciarían un gobernante... Lenin se sentía culpable ante la clase obrera de su país porque - decía - "no había actuado con suficiente decisión y lo bastante pronto contra Stalin",... Ahora veía en qué «pantano» de opresión había ido a parar el Partido Bolchevique. Los bolcheviques «solamente habían dado un disfraz soviético», y nuevamente las minorías nacionales quedaban expuestas...

Este mensaje tuvo que ser ocultado al pueblo soviético durante treinta y tres años. Pero en estas palabras: «Soy, al parecer, fuertemente culpable ante los trabajadores de Rusia» en su capacidad para pronunciar estas palabras reside una parte esencial de la grandeza moral de Lenin.

Ya todos conocemos la historia posterior: a su fallecimiento, Stalin ignoró al Marx antiestatista, ocultó el testamento de Lenin, desconoció sus últimos aportes sobre el cooperativismo y el control obreros, eliminó a Bujarin y a Trosky, las otras dos figuras emblemáticas del Partido y a otros líderes bolcheviques, hizo del modelo de Socialismo de Estado el "único verdaderamente revolucionario".

El ascenso de Stalin al poder fue posible a partir de la derrota de la revolución europea, sobre la cual los bolcheviques fundaban sus esperanzas. La guerra civil había liquidado la actividad política y el protagonismo de las masas, contenidos esenciales de una revolución y una democracia verdadera, el partido jamás fue el mismo después de esta contienda civil: la burocratización y militarización del partido, el aislamiento, el agotamiento de la clase obrera, las divisiones entre revolucionarios, la aparición de grupos privilegiados, fueron los elementos que dieron la base a esa posibilidad, y su consolidación tuvo lugar mediante la imposición de la coacción y hasta el terror sistemático sobre el conjunto de la sociedad, incluyendo a los mejores bolcheviques y la misma burocracia.

Todos los intentos posteriores de los revolucionarios por enrutar el camino, desde el XX Congreso hasta la Perestroika, llegaron demasiado tarde, enfrentaron una burocracia inamovible, carecieron de la profundidad, integralidad, y estrategia adecuadas, además de enormes ingenuidades respecto al enemigo externo e interno.

La complejidad fue total, pero cualesquiera que fueran las causas, insuficiencias filosóficas o materiales de origen, soledad, presión del enemigo, lentitud y errores respecto al desarrollo científico-técnico, errores en el internacionalismo, ceguera y sordera de poder, o simplemente, corrupciones y traiciones, no se supo luchar contra tendencias que condujeron la revolución a la derrota y el pueblo concluyó que el costo era demasiado.

¿Por que no triunfaron los revolucionarios?

Porque iniciaron los cambios demasiado tarde y el capitalismo se afincó en el seno social; porque no fueron suficientemente consecuentes con los principios y dudaron en romper decididamente con el predominio del trabajo asalariado; porque permitieron que la burocracia estatal devorara a la burocracia del partido; porque el pueblo fue defraudado muchas veces con promesas que jamás se cumplieron, porque se dejaron robar banderas revolucionarias -como los derechos humanos- por el enemigo; porque quedaron entrampados entre los capitalistas y los burócratas; porque el pueblo perdió el poder con la bolchevización de los soviets y porque miles de revolucionarios fueron represaliados, desde el plan piyama hasta la prisión y la muerte; resultado general: la conciencia social quebró.

No triunfaron porque confiaron en promesas del imperio, porque subestimaron su presión ideológica y cultural, porque la combinación de Socialismo de cuartel y enajenación cultural y social, despolitizó a la juventud y muy especialmente porque olvidaron el Marxismo para ?tiempos mejores?. Las elites que se formaron en el estatismo, no estaban dispuestas a entregar el poder a los trabajadores y prefirieron entregárselo al nuevo aliado de clases: su viejo enemigo, que en definitiva les permitió ser una nueva aristocracia, ya sin la careta de socialistas y "justos".

La existencia de un único empleador -el estado- que tomaba decisiones desde arriba sobre cargos y responsabilidades y hasta la supervivencia de las personas, fue más decisivo incluso que la coacción o represión abierta para enajenar a quienes tuvieron que soportar el experimento. Ese estado hipertrofiado fue tan poderoso, que su burocracia y sus sectores tecnocráticos devoraron a la dirección partidista y colaboraron en fortalecer la burocracia militar e ideológica, las que convirtieron en sus aliadas.

Cabe recordar aquí que en 1884, a solo un año de la muerte de Marx, ya Martí en La futura esclavitud reflexionaba sobre los peligros de un Socialismo burocratizado: "Mal va un pueblo de oficinista", escribió y comentó: Todo el poder que iría adquiriendo la casta de funcionarios, lo iría perdiendo el pueblo... Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio.

En realidad, la concentración de la propiedad en manos del Estado-Partido, procreó un enorme aparato burocrático para su control que se adueño de esos medios de producción y actuó en consecuencia. El papel de muchos de esos "funcionarios revolucionarios", fue el de impedir-incluso a su pesar- la socialización de la propiedad y los necesarios cambios de todo tipo en la sociedad, por lo que se convirtieron en mecanismos, "retrancas" de los más profundos ideales revolucionarios.

Aquel mal llamado "socialismo" puso en evidencia que el conflicto que lo desgarraba tenía su raíz en la subsistencia y acrecentamiento de muchos valores de la civilización del capital y de la jerarquizada división social del trabajo heredada de las sociedades de clase.

En el "socialismo de estado", las relaciones de poder económico existentes no están determinadas por derechos de propiedad privada, individual, o colectiva, sino que se derivan de la prerrogativa absoluta de la dirección para distribuir a su buen saber todo el producto nacional y disponer a su consideración de todos los bienes "de la nación".

El centro de gravedad de este poder distributivo lo constituye el reparto de los bienes más importantes, los cargos, dentro del mismo aparato jerarquizado y semi-militarizado de distribución.

Ese "partido" de funcionarios, encargado de hacer cumplir las orientaciones decididas centralmente, fue "sobornado" en un modelo de déficit en que el ingreso no era esencial sino los cargos que permitían prebendas extras, mejores bienes y status. Fue además, un proceso paulatino, inestable, complejo que demandó de esos funcionarios cuotas altas de sacrificio también y que no permitió a muchos honestos y verdaderos revolucionarios darse cuenta a tiempo del peligro.

El centro de la contradicción pues, está en el antagonismo entre el derecho de las personas o colectividades a disponer libremente del producto de su trabajo -con las limitaciones debidas a la solidaridad ciudadana y a la defensa común- y el no reconocimiento del mismo por la elite distribuidora. En el momento que los trabajadores hagan valer sus derechos dejaran de ser personas a cargo del estado para convertirse en productores desenajenados.

Si ello es así en el aspecto económico, en el ideológico-político el problema incluye impedir los mecanismos que permitan a toda persona o institución considerarse monopolizadora del saber, de las necesidades del pueblo y de los ideales progresistas, monopolizadora de la soberanía y legitimadora del dogmatismo y de cualquier mecanismo castrador del pensamiento crítico.

Aquel "socialismo" cuando dejó claramente establecido que no se rebasaría la lógica del capital en la economía y que en política siempre predominaría el abismo entre la palabra y los hechos, hizo que los trabajadores perdieran la fe y consecuentemente se volvieron indiferentes a su suerte.

La Habana, 6 de julio de 2008

1-Aldo A. Casa. "El socialismo que no fue".

2-F.Engels. Prólogo a la Guerra Civil de 1881.

3-Rosa Luxemburgo. "La Revolución Rusa".

Publicado en: Kaos en la red

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Stalin previno la restauración capitalista

Por: Pedro Campos

"El pecado original de esta concepción estuvo en el desconocimiento u ocultamiento por el estalinismo de la concepción cooperativista integral de Carlos Marx sobre el socialismo y en la creencia de que el socialismo se cimentaba en la propiedad estatal y el trabajo asalariado"


Yeltsin toma el poder

La posibilidad de la reversión del proceso revolucionario y la restauración capitalista, siempre fue un tema que preocupó a los líderes del socialismo soviético. En el XI Congreso del Partido Comunista (bolchevique) celebrado en marzo-abril de 1922, Lenin (1) censuraba el "escolasticismo" de Preobrazhenski por insistir éste en que "el capitalismo de estado era capitalismo" al cual Lenin y otros dirigentes del Partido creían necesario consolidar con la NEP y poder controlar por la dirección que ejercía la vanguardia de la clase obrera, el Partido, sobre el estado.

E. Preobrazhenski, (2) en su trabajo "Perspectivas de la Nueva Política Económica" sentenció: "La alianza contra natura entre el estado socialista y el gran capital extranjero fracasa y es reemplazada por una alianza natural entre este último y todas las fuerzas burguesas de Rusia."

En 1928, en su discurso "Sobre el peligro de derecha en el Partido Comunista (bolchevique) de la URSS", (3) Stalin señaló:

"¿Existen en nuestro país, en el país soviético las condiciones que hagan posible la restauración del capitalismo? Sí, existen, tal vez esto parezca extraño, pero es un hecho camaradas? ¿Dónde anidan esas raíces? Anidan en la producción de mercancías, en la pequeña producción de la ciudad y sobre todo del campo. La fuerza del capitalismo reside, como dijo Lenin en la fuerza de la pequeña producción pues esta engendra al capitalismo y a la burguesía constantemente (La enfermedad infantil del izquierdismo?)"

Posteriormente, Stalin hace una argumentación más detallada sobre ese supuesto origen pequeño burgués de la amenaza restauracionista, de donde las conclusiones fundamentales derivadas fueron la necesidad de "eliminar los elementos capitalistas de la ciudad y el campo". Luego de este discurso se abandonaron los principios de la NEP, que habían permitido el desarrollo del capitalismo privado (pequeño y medio), para avanzar aceleradamente a la industrialización bajo dominio pleno del estado en la ciudad, a la promoción de la colectivización forzosa en el campo para poder aplicar la base técnica de la "gran producción moderna" capitalista; a la centralización de la planificación (empiezan los planes quinquenales) y el comercio y a la represión de las "manifestaciones mercantilistas" en la ciudad y el campo, bajo el criterio de que estatización era sinónimo de socialización. La solución fue el desarrollo máximo del capitalismo monopolista de estado.

Se inicia el período de las represiones abiertas contra las "desviaciones de izquierda y derecha, el trotskismo y el bujarinismo" y todos aquellos procesos que condujeron al asesinato de los propios líderes históricos del partido, la represión a los miembros del Buró Político y del Comité Central, la concentración del poder en el Secretario General, el culto a la personalidad y el tenebroso período del estalinismo. Buscando evitar la restauración capitalista, consiguió luego todo lo contrario.

Los historiadores soviéticos siempre consideraron que sin aquel período de desarrollo acelerado de la industria estatal y la cooperativización forzada en el campo, a costa de obreros, campesinos y pequeño burgueses, y la concentración de todo el poder político, militar y económico hubiera sido imposible el desarrollo militar que permitió el enfrentamiento y derrota del fascismo alemán en la II Guerra Mundial. Otros historiadores marxistas, no comprometidos con aquella visión, estiman que fueron precisamente el totalitarismo estalinista y sus políticas represivas durante esos años, los factores principales que aterrorizaron a la burguesía europea, incluida la pequeña y mediana y a parte del movimiento obrero, contribuyeron al aumento de la represión contra la izquierda y los comunistas en Europa y llevaron a la división del frente democrático en el viejo continente, circunstancias que posibilitaron el desarrollo del fascismo, la creación del eje Berlín-Roma-Tokyo y la II Guerra Mundial. ¿Qué engendró qué? Valore Usted.

Lo cierto es que fueron varios los errores conceptuales cometidos por el estalinismo en su análisis sobre las bases de la restauración capitalista, en la identificación de las políticas a seguir y los "blancos" definidos.

El pecado original de esta concepción estuvo en el desconocimiento u ocultamiento por el estalinismo de la concepción cooperativista integral de Carlos Marx sobre el socialismo y en la creencia de que el socialismo se cimentaba en la propiedad estatal y el trabajo asalariado. Dos aberracionesdel "socialismo de estado" que están en la génesis de su autodestrucción como ya se ha explicado ampliamente en otros trabajos de este y otros autores, donde se demuestra que, la esencia de la debacle del "socialismo de estado" o "real", estuvo en no avanzar a las relaciones de producción socialistas (cooperativistas-autogestionarias), mantener el trabajo asalariado y concentrar la propiedad en el aparato burocrático, cuyas partes más corruptas se convirtieron en una nueva burguesía que terminó pactando con el capitalismo internacional y traicionando a la clase trabajadora y al socialismo.

La práctica demostró que el verdadero peligro de restauración no provenía de la pequeña producción mercantil citadina o campesina, sino del sistema estatal asalariado y la excesiva centralización. No fue la pequeña burguesía la que restauró el capitalismo en Rusia, sino la parte aburguesada de la burocracia engendrada por el propio capitalismo de estado sostenido y "controlado" por el Partido vanguardia de la clase obrera. Al parecer, Preobrazhenski en este aspecto no estaba tan desacertado.

Lenin no se equivocaba, ni tampoco Stalin, al señalar que la pequeña burguesía engendraba capitalismo. Eso es verdad, sí, pero en el capitalismo atrasado. Y por eso precisamente en ese capitalismo de estado que ellos mantuvieron y alimentaron, la pequeña burguesía se desarrolló vertiginosamente en apenas dos años y se convirtió en un peligro para las empresas estatales menos rentables y productivas por razones obvias cuando se desarrolló el capitalismo estatal con la NEP, el cual luego Stalin hiperbolizó cuando declaró la guerra a todos los pequeños capitalistas, estatizó los chinchales de todo tipo, violentó la colectivización de los pequeños granjeros y estatizó todo el comercio. Eso no fue llamado ?totalitarismo? por gusto.

Lo que Lenin (4) sí entendió antes de morir y Stalin y sus seguidores nunca comprendieron era que el socialismo para serlo debía pasar del capitalismo de estado a la generalización del sistema cooperativo, dondeciertamente la pequeña producción mercantil simple no tiene ningún futuro, porque demostrado está que el trabajo cooperativo es más productivo, decoroso y estimulante en todos los ordenes. Si la producción mercantil simple tuvo posibilidades de salir adelante en aquel "socialismo" reconocido capitalismo de estado, fue por la incapacidad de su sistema estatal-asalariado parar superar siquiera la productividad que alcanzaban los pequeños negocios.

El error teórico principal estriba, en no entender que la producción mercantil simple, sea individual o familiar, jamás podría tener posibilidades objetivas de pasar a la reproducción ampliada en el nuevo sistema socialista autogestionario por la sencilla razón de que no podría explotar trabajo asalariado, el cual debería quedar -además- prohibido por ley por su carácter explotador. Para prohibirle el trabajo asalariado a los pequeños productores, el estado primero tiene que prohibírselo a sí mismo, lo que solo es posible con el desarrollo de la autogestión obrera socialista. Este mismo factor obligaría de forma natural a la pequeña producción a integrarse paulatinamente ?como norma- al trabajo cooperativo, tendencia que sería lógicamente reforzada por la propia naturaleza autogestionaria de la producción mercantil simple.

De todo esto, queda claro que no se trata de eliminar la pequeña producción mercantil simple para evitar la restauración capitalista, sino de sustituir el sistema estatal de trabajo asalariado por el cooperativo-autogestionario.

Por las propias características de algunas labores puntuales y el desarrollo de nuevas tecnologías que permiten la individualización de trabajos productivos, específicamente artistas, artesanos, consultantes y otros, de todas formas deberá permitir la continuidad de este tipo de organización productiva en forma indefinida.

Por último, si vamos a ser consecuentes con la alianza obrero-campesina como uno de los ejes del triunfo del socialismo; con el comportamiento práctico de la pequeña burguesía durante todos los procesos revolucionarios, donde siempre han apoyado las causas más radicales y han estado en las posiciones de vanguardia; con el análisis clasista de la de la pequeña burguesía como productora directa, que nos lleva a aceptar que ella es también trabajadora; y -por último- con el hecho de que el capitalismo tiende a su destrucción, no podemos menos que reconocer que la pequeña burguesía es naturalmente anticapitalista y tiene un papel importante que jugar en el proceso de la construcción socialista, tanto en su fase inicial revolucionaria como en el período propiamente socialista hasta su natural y no forzada extinción como clase.

N. Bujarin (5) en su escrito "Una nueva revelación sobre la economía soviética o como se puede deshacer el bloque obrero y campesino", luego de reconocer que "la teoría del bloque obrero y campesino es el rasgo original esencial del leninismo", señala: "¿Es cierto que hemos de pasar fatalmente por la destrucción de la pequeña producción agrícola? En nuestra opinión es radicalmente falso. Esta forma de plantear la cuestión no es leninista y de ninguna manera corresponde con la evolución hacia el socialismo?. La práctica parece haberle dado la razón.

En política la creación de un enemigo artificial, solo tiene por objeto evadir el enfrentamiento al real. Convertir a la pequeña burguesía en el enemigo fundamental que engendra capitalismo en el "socialismo de estado" solo sirve para desviar la atención de los trabajadores sobre el verdadero origen de la restauración capitalista: la parte corrupta del aparato burocrático que concentra la propiedad y, por medio del trabajo asalariado, sigue apropiándose y decidiendo sobre los resultados del trabajo de todos, nueva clase burguesa que en todas partes ha preferido pactar con el capital internacional antes que compartir el poder económico y político con los trabajadores.

Según datos recientes de investigadores rusos el 61 % de la clase política actual y el 71 % de los directivos empresariales en la Rusia de hoy provienen de la vieja nomenclatura soviética.

Socialismo por la vida.

La Habana 5 de julio de 2008.
Contacto: perucho1949@yahoo.es

Notas:

1-V.I. Lenin. Discurso de resumen de la discusión sobre el informe político del CC del PC (b) de Rusia. 28 de marzo de 1922 en el XI Congreso. V.I. Lenin. Discursos pronunciados en los Congresos del Partido (1918-1922). Editorial Progreso. Moscú.

2-E. PreobrazhenskiPerspectivas de la Nueva Política Económica. Teoría económica y economía política en la construcción del Socialismo. Ediciones Roca. S.A. México 1974.

3-J. Stalin. Sobre el peligro de derecha en el partido comunista (bolchevique) de la URSS. 19 de octubre de 1928. Cuestiones del Leninismo. Ediciones en lenguas extranjeras. Moscú 1946.

3-V.I. Lenin. Sobre la cooperativización. T- XXXIII. O.C. Editora Política. La Habana.1964

4-N. Bujarin. Una nueva revelación sobre la economía soviética o como se puede deshacer el bloque obrero y campesino. Teoría económica y economía política en la construcción del Socialismo. Ediciones Roca. S.A. México 1974.

Artículos y ensayos relacionados en:

http:/www.kaosenlared.net/rss/kaos_colaboradores_195.xml http://analitica.com/va/internacionales/opinion/8777149.asp.
http://es.geocities.com/amigos_pedroc/index.html

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El trabajo asalariado: incompatile con el sentido de dignidad del cubano.

Por: Roberto Cobas Avivar

"Los que piensan en un cambio de 180 grados en el modelo de sociedad y estado cubanos, deberían respondernos si dicho cambio asume la transformación del trabajo asalariado estatal en trabajo asalariado privado. Es decir, si lo que nos proponen es que no sea el Estado - que estamos de acuerdo no es el más eficiente administrador, por lo menos no en todo lo que administra -el que capitalice el valor del plustrabajo, sino que sea el propietario privado el que lo haga."


El mito de la libertad del ciudadano asalariado es, por supuesto, el opio con que se drogan las multitudes asalariadas en las sociedades capitalistas. La dicotomía entre el sentido de emancipación que implica la ciudadanía y la naturaleza esclava de la condición de asalariado, para ser digerida, se intenta disfrazar minuto a minuto con la mediocridad existencial que significa elevar la autoestima entrando a un establecimiento comercial para consumir o contemplar.

La vulgaridad del pensamiento de las supuestas elites de los establecimientos políticos en los estados burgueses- ponga Ud. cualquiera de ellos, más visible si se trata de los europeos y más elocuente de España en particular - se acopla a la mediocridad intelectual de sus inteligentzias. El proyecto de idiotizar a las multitudes asalariadas ha cobrado vida propia y acaba cobrándose a las propias elites del establecimiento cultural capitalista.

Si como ilustración de la constatación anterior se toma la idea con la que el Presidente del Gobierno español, J.L.Zapatero, clausura el Congreso del PSOE (véase el significado de las siglas: Partido Socialista Obrero Español), no se piense con igual complicidad mediocre que se trata de simples y habituales eslóganes políticos. "Gracias, todas las gracias, a trabajar y también conviene que consumáis", (subrayado mío, 05.07.2008). Ha sido la despedida en un supuesto congreso de ideas políticas.

¿Qué relación guardan los valores económicos con otra clase de valores? Se pregunta G.Soros. "No es una pregunta que se pueda contestar de manera eterna y universalmente válida, salvo decir, que los valores económicos por sí mismos, no pueden ser suficientes para sostener a la sociedad"[1] (subrayados míos). El financista especulador razona espantado por lo que percibe a medida que la mente se le hunde en el agujero negro de los mercados capitalistas. En cambio, el Líder del llamado partido obrero, consciente del 20% de la población del país que subsiste en los umbrales de la pobreza, del endeudamiento al 110% de las familias, del encarecimiento del crédito para beneficio de los dueños del capital financiero con otro boom, el hipotecario, de la precariedad del trabajo que aqueja a la juventud, de los inalterables beneficios de las grandes compañías que tonifican la economía? llama a sus conciudadanos socialistas a consumir. Toda la retórica seudo socialista (léase: socialdemócrata) viene a aceptar que en última instancia la cohesión social de la sociedad capitalista, como he explicado, la definen los mercados.

El establecimiento político capitalista ya no escapa - si acaso alguna vez escapó - al prosaísmo del establecimiento comercial. "La libertad sólo está garantizada cuando los recursos más elementales pueden ser exigidos ante un juez y no suplicados de la buena voluntad de nadie". Así nos explica la condición de libertad en el Estado de Derecho Burgués la Ponencia Marco del Congreso del PSOE. De la misma manera que el consumidor aborregado busca justicia en la oficina de Derechos del Consumidor. Tanto el consumidor prosaico, impotente ante su propia condición de pertenecer al bajo clero de los mortales asalariados, como el político vulgar en plena conciencia del cinismo de sus definiciones, saben que unos tienen acceso a agencias de abogados ilustrados y bien conectados y otros a abogados de oficio. La diferencia puede llevarte a una cárcel injustamente o escapar de ella impunemente. No nos asustemos, es sólo una verdad objetiva.

"La lucha por la igualdad, entendida no como uniformidad, sino como diversidad no dominada, es un rasgo esencial del proyecto político socialista". El rasgo, obviamente, es lo aparente que desplaza lo esencial: el principio. La ilusión de diversidad la propicia la libertad de comportamiento individual[2]. El comportamiento individual se eleva como una categoría metafísica de la libertad. El oportunismo político de la subjetividad subordina la no dominación al hecho del comportamiento individual con que se nos define la diversidad. El guisado del discurso político cursiestá adecuadamente condimentado. Justo para el consumo de un público que previamente hemos convertido en galeras. Cualquier simple ejercicio positivista podría desdoblar la falacia del discurso socialista de la socialdemocracia.

Pero hagámoslo del siguiente modo:

Si el principio que rige el trabajo asalariado no se toca, la lucha por la igualdad se convierte en un rasgo morfológico. Ello permitiría ignorar que el trabajo asalariado es por antonomasia una condición de dominio de los poseedores del capital sobre el trabajador-proletario. Es decir, sobre el individuo que para subsistir vende su fuerza de trabajo.

La condición de dominación sobre el trabajador se da por igual en la maquiladora que esquilma a las mujeres mejicanas en Tijuana que con los teleoperadores de cualquier plataforma de las comunicaciones sea en Madrid o Barcelona. Levantar la voz de protesta contra el patrón por mejoras salariales o condiciones de trabajo (no ya por la condición de asalariado) implica allá o acá la represión que va desde el mobbing hasta la expulsión individual, o en masa si el mercado lo necesitara. Buscar la prebenda a través de las complicidades de favores se legitima, puestas las cosas ante la fuerza de las patronales que defienden y son defendidas por el estatus burgués del estado capitalista. El sindicalismo ha decido claudicar y ya no es más, porque serlo no puede, la organización que defiende los intereses económicos de los trabajadores, afiliados o no. Los convenios colectivos de trabajo constituyen el pacto social que el capital le impone al trabajo, la flexibilidad laboral y salarial los principios para contrarrestar la tendencia decreciente de las tasas de ganancia. La recurrencia de las huelgas de trabajadores continúa siendo la expresión de las desesperaciones ante el eufemismo político de la diversidad no-dominada del trabajo asalariado.

Es obvio que cuando hablamos del proyecto socialista cubano estamos planteando una alternativa antagónica al proyecto socialista de las socialdemocracias capitalistas.

Entender o no dicha diferencia conceptual establece las definiciones ideológicas entre enemigos del proyecto socialista cubano y amigos del proyecto socialista de las socialdemocracias, sean éstas la española, la alemana o cualquier otra. En calidad de proyectos, ambos son procesos perfectibles, pero siempre antagónicos. En el segundo caso se tenderá al perfeccionamiento de la obtención de plusvalía por los capitalistas; en el primero, al perfeccionamientode los equilibrios del beneficio entre trabajadores. En ambos casos se tratará de la legitimación de las relaciones socioeconómicas que a unos aseguran el dominio sobre otros y a aquellos la igualdad entre productores. Que no es uniformidad, en eso coinciden los proyectos, sino la ausencia de la explotación del prójimo que implica el trabajo asalariado en condiciones de propiedad privada sobre el capital, cuestión en la que naturalmente difieren los proyectos.

He hablado del trabajo asalariado, es decir, del mismo carácter del trabajo en las condiciones del proyecto socialista cubano. Y no hay contradicción conceptual económica en el principio socialista, sino en el contenido político.

Contrariamente a cómo asumen algunos pensadores marxistas cubanos, y a cómo pudiera inferirse de determinadas ideas de los trabajos de C.Marx y V.I.Lenin, este autor entiende necesario discernir entre lo que se ha dado en llamar capitalismo y socialismo de estado. Como no es éste un ensayo que lleva el objetivo de establecer una discusión anodina sobre este particular, el lector tiene la oportunidad del discernimiento a partir de la deducción lógica.

La esencia del sistema capitalista, lo que lo define como formación socioeconómica, es la propiedad privada sobre los factores de producción, materiales e inmateriales. Sin el predominio de la propiedad privada no existiría el modo de producción capitalista. Fuera cualquier otra cosa. La propiedad privada sobre la fuerza de trabajo, indirectamente sobre Ud. y sobre mí, en tanto trabajadores asalariados, es lo único que permite la apropiación de todo el plustrabajo que nuestro trabajo genere. Es plustrabajo por definición política. Producimos lo que necesitamos para reproducirnos de manera ampliada, pero producimos siempre algo más. Ese algo más no es objeto de nuestra apropiación. Ese algo más pertenece al dueño que nos ha empleado por esa misma razón de ser el dueño de los factores de producción, de nuestra fuerza de trabajo (por la que nos paga un salario) y de los materiales, instrumentos y recursos financieros. La condición de propietario le es reconocida por el Estado de Derecho burgués como el derecho exclusivo de disponer unilateralmente del producto de nuestro trabajo (de ese tornillo, el coche, la patineta, el pan, etc). Los propietarios no nos preguntan cómo quisiéramos que fueran enajenados (vendidos) los productos y cómo repartidos los beneficios. Ese es un derecho exclusivo de los propietarios. Nuestro deber, a la luz del derecho burgués, es trabajar, recibir el salario, callar y consumir para que no se detenga, por falta de consumo, la espiral reproductiva del capital, que ya sabemos tampoco es nuestro. En los estados burgueses donde la lucha obrera ha obligado a moderar la depredación de los propietarios, se establece un salario mínimo. Nosotros podemos o no ahorrar algo de nuestros salarios para consumir. Ese ahorro no es capital, no es dinero en el sentido de la formación y reproducción de capital. Nosotros somos simplemente trabajadores-consumidores. Ese es nuestro papel dentro del modo de producción capitalista. Somos el 99% de la PEA.

Toda la reproducción de capital es gestionada por los dueños (a través de las gerencias asalariadas, mejor o peor pagadas) y toda la acumulación es patrimonio de los propietarios privados, no del Estado. El estado capitalista en última instancia se subordina a los intereses del propietario privado. El clientelismo del Estado capitalista es la expresión de esa subordinación. Fenómeno que se da descarnadamente en países capitalistas menos ?civilizados? y más subrepticiamente en los llamados desarrollados. El capitalismo de Estado es la conjugación de los intereses del capital privado con el poder político de un estado en esencia corporativo.

En consecuencia, no es posible definir la condición del proyecto socialista cubano actual como un capitalismo de estado. La endebles de tal idea parte, primero, del hecho de no ser la propiedad privada el eje del modo de producción ni, por lo tanto, de las relaciones socioeconómicas en Cuba. En consecuencia, no es el trabajo asalariado una condición de enriquecimiento privado de grupo social alguno. El trabajo asalariado bajo condiciones de propiedad estatal sobre los factores de producciónpermite la reproducción social del capital y su acumulación estatal centralizada, pero no privada, no es excluyente por definición y práctica social. La diferencia cualitativa esencial con el capitalismo de estado, estriba en que la concentración de capital en Cuba está sujeta a una distribución eminentemente social de la renta nacional.

No he querido decir ni dicho que el trabajo asalariado bajo la propiedad estatal, tal como se da en Cuba, no constituya un factor de alienación de la libertad del individuo. Eso es precisamente lo que he venido a demostrar. Que al no poder decidir el ciudadano sobre la remuneración autónoma de su trabajo, su libertad queda condicionada por el poder económico del Estado, propietario monopólico. En la sociedad capitalista ese condicionamiento de la libertad nos lo define el propietario privado de los medios de producción, que es quien nos paga por nuestra fuerza de trabajo. En Cuba lo hace el arbitrio del Estado.

Existe la idea entre los detractores incultos del proyecto socialista cubano, de que no vale el argumento sobre la inexistencia de la explotación del trabajo asalariado en Cuba, por el hecho de ser estatal la propiedad. Los que así piensan claramente se equivocan, exprofeso o por ignorancia. La explotación del trabajo es un concepto político aunque su mecanismo sea económico. El plustrabajo que no se le retribuye al trabajador en Cuba es la fuente de la acumulación de capital para el Estado y objeto de redistribución social centralizada (el subrayado es de importancia conceptual). Esa es precisamente la esencia del socialismo de estado cubano. Y ése es justamente - tal como vengo llamando la atención - el objeto primero del cambio conceptual que necesita introducirse en el proyecto socialista cubano.

El problema no es que sea inapropiado el acaparamiento por el Estado de toda la plusvalía que genera el trabajo, sino que no sea el trabajador el que defina los términos de su gestión. Esa gestión no se da sólo a nivel de la empresa sino, además, en la participación social que define los principios generales de la distribución del producto nacional. Puesto que el centralismo estadual ha demostrado su incapacidad para devolverle al trabajador de manera eficiente todo ese plusvalor. No es una incapacidad funcional sino estructural del Estado. Los salarios centralmente establecidos no poseen poder adquisitivo suficiente, la producción estatal de bienes y servicios es tan deficitaria como de baja calidad, mientras que la libertad individual es inversamente proporcional al grado de hegemonía económica del estado.

En efecto, el que el trabajo asalariado en el modelo de socialismo de estado cubano no sea fuente de explotación del trabajador, no significa que no sea causa de la mediatización (restricción) de su soberanía ciudadana.A eso he apuntado cuando expreso que el trabajo asalariado es una condición incompatible con el sentido de dignidad propia del cubano. No es el cubano por idiosincrasia un ser social sumiso y no es natural su aceptación de la condición de asalariado. Es esa característica de su naturaleza inconforme y contestataria lo que ha creado la compleja economía sumergida en Cuba.Y es esa característica la que impide su subordinación a un sistema económico que sabe ineficiente y coercitivo.

El ciudadano que nace y hecha sus restos en la sociedad capitalista está amaestrado culturalmente para que la condición de trabajador asalariado no le entre en conflicto antagónico con su sentido de dignidad propia. La posibilidad de consumo constituye su mecanismo de reafirmación. Hacia la exacerbación del instinto animal de consumo va dirigida todo el adoctrinamiento cultural del sistema. Subrayo antagónico y establezco que hablamos del ciudadano que define la multitud y no el que la contradice por la intelección de su condición de ser social inferior. Asumir la condición de ser social inferior en tanto trabajador asalariado es reconocer las causas en que se da la explotación en la sociedad capitalista. Si se es asalariado se es un ser social inferior aunque el nivel de consumo pueda contradecirlo en la percepción particular. El estatus de ser social superior lo da el pertenecer no a una clase media o alta que consume y presume, sino a la poseedora que jerarquiza las percepciones. Toda amenaza de derrumbe del sistema de valores en que se ha soportado la ?edificación? de la existencia propia en dicha sociedad se hace intolerable. Es el síndrome del Padre de Blancanieves en la novela de Belén Gopegui.

Los que piensan en un cambio de 180 grados en el modelo de sociedad y estado cubanos, deberían respondernos si dicho cambio asume la transformación del trabajo asalariado estatal en trabajo asalariado privado. Es decir, si lo que nos proponen es que no sea el Estado - que estamos de acuerdo no es el más eficiente administrador, por lo menos no en todo lo que administra -el que capitalice el valor del plustrabajo, sino que sea el propietario privado el que lo haga. Adviertan que (aún) no he hecho la pregunta subyacente sobre quiénes serían, entonces, esos propietarios privados con derecho exclusivo sobre el producto del trabajo que produciríamos los que no lo fuésemos. Si lo que nos proponen es eso, pues claro, tendrían que proponernos esto otro.

Si de lo que se trata es de la transformación de la fuerza de trabajado asalariado estatal en fuerza de trabajo privada sería incuestionable la estafa política. Sobre esta clave ideológica hay que debatir abiertamente en Cuba. Esa estafa política podría pasar envuelta en celofán, porque a pesar del nivel de educación general de la población, no existe un nivel de debate cultural público, generalizado y profundo sobre estas esencias. No existe real conciencia en la población sobre las implicaciones estructurales, sistémicas, para sus vidas que tal estafa política tendría. La posibilidad de montar el timbiriche propio ocupa las elucubraciones del imaginario popular. No sólo del cubano residente, sino, talvez en mayor intensidad, del cubano emigrado que ha montado y desmontado mil veces en su mente el timbiriche que no puede llegar a montar en el país donde se encuentra o que montado, otras tantas se le hayan desmoronado.

En la dinámica de una economía capitalista sujeta a los mercados imperfectos (es decir, a los únicos que existen) las micro, pequeñas y medianas empresas- como los organismos vivos - nacen, crecen o no, se desarrollan y mueren. Las grandes se fusionan. El estado capitalista capitaliza los beneficios y socializa los costos. Los privilegiados son los fuertes grupos de poder económico y financiero. El asalariado carga con su precario seguro de desempleo o con el desempleo seguro. Las discusiones sobre la renta básica ciudadana que promueven grupos de activistas sociales y que toman cada vez más fuerza, vienen a decirnos que la seguridad del ser social ha estado pendiente siempre de finos hilos dentro de las relaciones de producción e intercambio capitalistas. El subconsciente colectivo lo comprende. Transformar el sistema de propiedad estatal en un sistema mixto de propiedad socializada exige condicionamientos políticos y relaciones socioeconómicas que van más allá de la visión del aldeano vanidoso.

A nivel sociológico, el cubano común y corriente piensa en los términos de sus posibilidades individuales actuales, de ahí que sea el timbiriche el objeto simbólico de su idea emancipadora. El cubano menos común, ése otro que, igualmente instruido, conoce las posibilidades de los negocios a mayor escala, pensará en la factibilidad de montar la empresa propia, con capital privado externo o con capital estatal. El timbiriche del cubano de a pie puede enmarcarse en la categoría de producción mercantil simple, esa que no genera capacidad de acumulación y concentración exponente y excluyente de capital. Es el estereotipo, pongamos, de ese dueño de un simpático y bien gestionado bar o restaurante familiar en cualquier esquina de cualquier ciudad española. Proliferan para sosiego de la vida social a pie de calle y, aún cuando le falten médicos, España es el país de mayor índice de bares por habitantes en toda Europa. Enhorabuena. El otro, sabe que su empresa sólo tendría sentido si empleara mano de obra asalariada, a la cual pudiera discreta o abiertamente esquilmarle el plustrabajo. No hay otra forma de reproducir el capital que no sea mediante el empleo asalariado de fuerza de trabajo, así sea capital privado, estatal o cooperativo. La diferencia la hace, hemos dicho, la cualidad política de las relaciones socioeconómicas que se desprenden de la naturaleza de la propiedad.

A todos C.Marx y F.Engels les han dicho algo sorprendentemente ingenioso y definitivamente incuestionable.

Así, por ejemplo, la Revolución francesa abolió la propiedad feudal para instaurar sobre sus ruinas la propiedad burguesa.

Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, de esta moderna institución de la propiedad privada burguesa, expresión última y la más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros.

Así entendida, sí pueden los comunistas resumir su teoría en esa fórmula: abolición de la propiedad privada.

Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia.

¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano!

¿Os referís acaso a la propiedad del humilde artesano, del pequeño labriego, precedente histórico de la propiedad burguesa? No, ésa no necesitamos destruirla; el desarrollo de la industria (capitalista) lo ha hecho ya y lo está haciendo a todas horas.

¿O queréis referimos a la moderna propiedad privada de la burguesía??

Decidnos: ¿es que el trabajo asalariado, el trabajo de proletario, le rinde propiedad? No, ni mucho menos. Lo que rinde es capital, esa forma de propiedad que se nutre de la explotación del trabajo asalariado, que sólo puede crecer y multiplicarse a condición de engendrar nuevo trabajo asalariado para hacerlo también objeto de su explotación.

Os aterráis que queramos abolir la propiedad privada, ¡cómo si ya en el seno de vuestra sociedad actual, la propiedad privada no estuviese abolida para nueve décimas partes de la población, como si no existiese precisamente a costa de no existir para esas nueve décimas partes! ¿Qué es, pues, lo que en rigor nos reprocháis? Querer destruir un régimen de propiedad que tiene por necesaria condición el despojo de la inmensa mayoría de la sociedad?[3]. (Los subrayados y paréntesis son míos)

Observemos que en Cuba ya no hay lugar para que se aterre propietario privado alguno, porque la Revolución de 1959 avanzó por los senderos de la nacionalización del capital común de todos los cubanos. Esa realidad socioeconómica es la que sigue haciendo de Cuba el escenario sui géneris para un proyecto sociopolítico realmente eficiente y realmente alternativo al capitalismo.

Entonces lo que está planteado en Cuba hoy, en el perfeccionamiento del proyecto socialista, es la definitiva socialización de la propiedad. Puede entenderse un temor del Estado en la medida que, cual propietario hegemónico, los representantes del mismo y en especial los representantes del Partido de la propia Revolución no entendieren que la socialización del poder económico es la condición sin la cual no se garantiza ni la cohesión social ni la consolidación del poder político del pueblo, de la sociedad toda. Que ello es una premisa clave de la eficiencia económica sistémica. El debate sigue estando pendiente y el anunciado congreso del Partido estará emplazado a definiciones de fondo. Hablo de la auto-sustentabilidad reproductiva de un modo de producción que no conciba la propiedad privada como el fundamento de su estructuración. Que al cuestionar el fetiche histórico de la propiedad el Estado cuestione su propia hegemonía económica como principio del proyecto socialista cubano. Que, a partir de ahí y sólo de ahí, se debata sobre la construcción de formas superiores de organización del trabajo. Que esa nueva cultura del trabajo no-asalariado permita al ciudadano cubano liberarse de los corsés que maniatan su individualidad. Que se comprenda que la individualidad del ser social le exige plena responsabilidad por la comunidad. Que el Estado de Derecho Socialista puede llegar a ser una realidad política sólo si incorpora a la filosofía de su transitoria existencia el culto primero a la dignidad del individuo. Esa cualidad de la institucionalidad sociopolítica es alcanzable sólo bajo principios socialistas ráigales.

NOTAS:

[1] George Soros, "La crisis del capitalismo global", Plaza Janés, 1999, Barcelona , España.

[2] Roberto Cobas Avivar, "Cuba y el compromiso con su proyecto socialista más allá del anarquismo de la polémica", en: http://www.kaosenlared.net/noticia/cuba-compromiso-proyecto-socialista -mas-alla-anarquismo-polemica

[3] Karl Marx, Friedrich Engels, "El Manifiesto Comunista", (publicado por primera vez en 1848)

Publicado en: Kaos en la red

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Propuestas para el Socialismo del Siglo XXI. Entrevista

Recibimos y publicamos esta entrevista realizada por Sonia Lopez y Ariel Kocik al intelectual alemán - mexicano Heinz Dieterich. En ella expone su punto de vista acerca de la situación latinoamericana y el socialismo.

En su libro “Hugo Chávez y el Socialismo del Siglo XXI” hace hincapié en la necesidad de crear nuevas instituciones. En los procesos populares de Bolivia y Venezuela se planteó, o ¿pudo lograrse algún tipo de nueva institucionalidad?…

H.D- Se trató. Las Asambleas Constituyentes son el interés de tener nuevas instituciones que creen una nueva normativa de convivencia, una nueva constitución. Concejos comunales en Venezuela son el intento de dar poder económico a la base social, que es correcto hacerlo aunque no lo están logrando de manera completa. O sea pienso que sí, que en los procesos populares latinoamericanos se está avanzando, por ejemplo, desde las campañas electorales, Fernando Lugo, vemos que hay una politización de las mayorías e intentos de crear nuevas formas de vida. Y nuevas formas de vida son nuevas instituciones. El avance ha sido limitado porque el enemigo es poderoso y el tiempo ha sido corto, pero sí existe la voluntad en esos movimientos de hacerlo.

El sujeto venezolano ¿siente suyo el proceso bolivariano?

H.D- Me parece que la mayoría de los venezolanos sí están identificados con un programa de mayor democracia y se expresa en las encuestas de opinión y en nuevas instituciones más democráticas, si esto incluye el Socialismo del Siglo XXI (SSXXI) no lo podemos decir, o si el Gobierno venezolano no ha sabido explicar bien qué es el SSXXI, pero hay una búsqueda general de lograr formas más democráticas de vida. Es un anhelo en general.

Para Chávez ¿las misiones serían parte del SSXXI?

H.D- Las misiones podrían interpretarse como un precursor del SSXXI, porque generan concientización en la gente, tienen la potencialidad de crear fuentes de trabajo, etc., mejora la situación real de la gente, por lo que podemos decir que forman parte de un protosocialismo, ya que Socialismo es una formación “civilizatoria” propia, particular. Sin la economía particular y la superestructura no debería usarse ese concepto, pero desde el punto de vista ético todo esto sí lo puedes llamar protosocialismo.

El NO del pueblo venezolano ¿puede leerse como un pedido de autocrítica hacia arriba? o, en todo caso, Chávez ¿fue capaz de interpretar esto como una crítica?

H.D-Yo creo que el NO fue una crítica a la mala calidad de la propuesta de referéndum. El Gobierno venezolano se confió en que la adhesión a las posiciones y a las políticas del Presidente eran suficientes para votar SI a esa mala propuesta. Ahí hubo obviamente una equivocación de cálculo de parte del Gobierno. Y Chávez se ausentó una semana en negociaciones con la UP, pensando obviamente que su apoyo era suficiente para ganar.
Fue una equivocación.

Hablando de la Argentina, mencionó que existe una suerte de enfrentamiento entre un Gobierno más o menos “desarrollista” y un sector oligárquico ¿realmente es así, se puede encasillar a Argentina dentro del bloque progresista, o la Argentina es algo diferente?

H.D- Yo creo que Argentina es un panorama heterogéneo. Tú tienes en la política económica una tendencia generalizada de apoyo a las transnacionales, de no enfrentarse, por ejemplo, a Repsol YPF, y una política neoliberal, desde muchos aspectos. En la política exterior hay una política progresista, de apoyo a las posiciones de Venezuela, de Brasil, etc., es decir, el Gobierno de los Kirchner no se ha prestado a secundar los puntos de Washington y sus lacayos hemisféricos contra Venezuela. Entonces la política exterior ha sido positiva, aunque hay que decir, lo que dijo recientemente un asesor del Gobierno: “el estado de la diplomacia Argentina es desastroso”. Coincido, pero vale para todos los gobiernos latinoamericanos.

En un momento se refirió a la necesidad de practicar un “republicanismo” que no sea mero asistencialismo ¿Puede explicarnos qué quiere decir con ello?

H.D- Pienso que un Gobierno tiene que asistir a la gente porque las necesidades son tan grandes que hay que ayudar de inmediato, ello es una obligación ética inclusive de derecho internacional.
Pero sólo puede ser un determinado tiempo. Después tú tienes que darte una política de encaminar hacia la resolución estructural de los problemas.
Y si tu miras con ese pensamiento, por ejemplo si tu miras la política del Gobierno hacia la Provincia del Chaco, ha sido desastrosa porque hay algunas organizaciones que aceptaron cierto sometimiento ideológico y el Gobierno le ha dado asistencia, pero esto no es lo mismo que hacer una alianza estratégica con el pequeño campesino contra la gran oligarquía agraria. Y ahora se está pagando el precio. Durante el Gobierno de Néstor Kirchner y en el de Cristina Fernández, no se ha construido esa alianza, para ver con qué parte del campo enfrentas a la oligarquía. Porque la oligarquía del campo la tienes que enfrentar con el pequeño campesino y, como no ha hecho la alianza estratégica, sino sólo dio ayuda asistencial cuando esas organizaciones se sometían a sus intereses, ahora el Gobierno se encuentra frente a esa gran ofensiva de la derecha y no tiene con qué superar ese escenario.

Respecto al MERCOSUR, usted concibe que puede ser un instrumento político unificador o es sólo un instrumento comercial que en definitiva beneficia a un país más grande, como puede ser Brasil.

H.D- El único futuro de América Latina es convertirse en una economía regional o en un Estado Regional. Y un Estado tiene diferentes atributos, necesita una moneda propia, Fuerzas Armadas propias, territorio controlado, etc., es decir, si se queda sólo en ser una unión aduanera, lo que es básicamente el Mercosur, no va a tener mucho tiempo de vida: poda el proceso completo, pierde la oportunidad de convertirse en sujeto de la historia mundial. Tiene que ser un mercado regional como el de la Unión Europea, sino recae porque lo van a destruir.

Respecto a Bolivia ¿dónde cree usted que comienzan los problemas del Gobierno?

H.D- Me parece que el error fundamental fue que las dos personas que deciden en el Gobierno: Evo Morales y García Linera, pensaban que la derecha iba a jugar bajo las reglas de la democracia, y que iba a aceptar el mandato democrático del Gobierno, confiaban entonces que en la Asamblea Constituyente podía haber una arreglo racional en beneficio de la nación, que podía haber un subsidio a la oligarquía agraria de Santa Cruz y con eso iban a desistir de la autonomía y aceptar un gobierno federal. Fue una equivocación total porque la oligarquía, que García Linera decía que representaba un conflicto local, cuando era un proyecto mundial de Washington, esa oligarquía no quería más dinero, sino que quiere el poder. Quiere tumbar a Evo. Esa fue la equivocación que hasta el día de hoy persiste, y ha sido el elemento fundamental del deterioro que vemos en el Gobierno de Bolivia. Que hoy gobierna, sólo efectivamente en tres departamentos.

Realizaron esta entrevista: Ariel Kocik, Sonia López.

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martes, 1 de julio de 2008

La continuidad está en el cambio

Por Pedro Campos Santos.

En esta comparación entre las políticas económicas de la Unión Soviética y Cuba, Pedro Campos nos acerca a pensar la necesidad de transformar el sistema burocrático estatal en uno participativo y democrático.

“… ¿Se puede decir que el efectivo obrero en las empresas sea más o menos permanente? No, desgraciadamente no se puede decir eso. Al contrario, existe todavía en las empresas lo que se llama la fluctuación de la mano de obra. Hay más; en una serie de empresas, la fluctuación de la mano de obra lejos de desaparecer, por el contrario crece y se acentúa. En todo caso se encontrarán pocas empresas en las que el efectivo de obreros no cambie a lo largo de un semestre, por el contrario, crece y se acentúa. (…)

¿Cuál es la causa de la fluctuación de la mano de obra? La organización defectuosa del sistema de salarios, el sistema defectuoso de la escala de tarifas, la nivelación “izquierdista” de los salarios. En una serie de empresas las tarifas de salarios están establecidas de tal manera, que la diferencia entre el trabajo calificado y el no calificado, el trabajo penoso y el trabajo fácil desaparece o casi desaparece. (…) no se puede tolerar que un laminador de la siderurgia gane lo mismo que un barrendero…y por esto, incluso bajo el socialismo, el salario debe ser pagado según el trabajo rendido y no según las necesidades. (…)

En cada rama de la industria, en cada empresa, en cada taller existen grupos destacados de obreros… Estos grupos de obreros constituyen por sí mismos, el núcleo fundamental de la producción. Ligarlos a la empresa, al taller, significa ligar a ella todo el efectivo de los obreros, es atacar en su raíz la fluctuación de la mano de obra. Pero ¿cómo ligarlos a la empresa? Ello es solamente posible mediante ascensos, mediante la elevación de los salarios, organizando de tal manera los salarios, que permitan apreciar debidamente la calificación del trabajador. (…)

Para ligar a los obreros a la empresa es necesario continuar mejorando la alimentación y las condiciones de viviendas de los obreros. (…) El obrero de hoy…quiere vivir con sus necesidades materiales y culturales cubiertas…Tiene derecho a esto y nosotros tenemos el deber de proporcionarle estas condiciones….(…)

Hay que colocar además a los obreros en condiciones tales de trabajo, que les permitan trabajar con esmero, elevar el rendimiento, mejorar la calidad de la producción. Se trata por consiguiente de organizar el trabajo en las empresas de tal manera que el rendimiento aumente de mes en mes….la organización del trabajo es extremadamente defectuosa, donde en lugar de orden y coordinación en el trabajo lo que hay es desorden y confusión; donde en lugar de responsabilidad en el trabajo lo que reina es una total irresponsabilidad y la impersonalización de la responsabilidad. (…)

La consecuencia es una ausencia de sentido de la responsabilidad por el trabajo, falta de cuidado con los mecanismos, deterioro en masa de las máquinas y falta de estímulo para elevar la productividad del trabajo. (…)

Así pues: liquidar la falta de responsabilidad personal, mejorar la organización del trabajo, repartir convenientemente las fuerzas en la empresa; tal es la tarea.”

Hasta aquí algunos pasajes de la intervención de Stalin en la Conferencia de dirigentes de la industria el 23 de junio de 1931, donde analizó los problemas “organizativos” de la economía y precisó las nuevas tareas. (1)

Cualquier semejanza, con parte del discurso actual de la dirigencia cubana, no es pura coincidencia.

Encontramos allí muchos de los mismos problemas que tenemos hoy en Cuba: inestabilidad de la fuerza de trabajo, bajos rendimientos, baja calidad en los productos, paternalismo estatal, burocratismo, inducción al arribismo, falta de estímulo a la productividad, deterioro en masa de medios de producción y otros.

Igualmente coinciden los análisis, sobre las causas de esos problemas: el igualitarismo salarial, defectuosa escala de sueldos, ausencia de responsabilidad e insatisfacción de las necesidades de los trabajadores.

También hallamos análogos intentos de solución: vanguardismo de algunos grupos de trabajadores, mejorar la alimentación de los trabajadores, aumentar y diferenciar los salarios, señalar el “deber” del estado de resolver las necesidades materiales y culturales, crear condiciones a los obreros para que trabajen con esmero y “organizar” mejor el trabajo.

Las directivas principales, también se parecen: liquidar la falta de responsabilidad personal, mejorar la organización del trabajo (con más orden y coordinación-taylorismo) y repartir convenientemente las fuerzas en las empresas.

Ni en los discursos de Stalin, ni en los de nuestros dirigentes, encontramos análisis sobre los vínculos de estos problemas y sus soluciones con las relaciones de producción, propiedad, cambio y distribución que los determinan. Ni allá, ni acá se aborda el “pollo del arroz con pollo”: el sistema capitalista estatal de trabajo asalariado y la forma centralizada de apropiación del excedente. Se procura en ambos casos perfeccionar el “socialismo de estado”, ya hoy inobjetablemente fracasado, a partir de soluciones de superficie, llamando a la movilización y la conciencia y mejorando los pagos por el trabajo asalariado, cuando se trata de transformarlo en participativo y democrático.

No fue, ni es culpa de nadie en particular, fue lo que nos creímos; tampoco hay ninguna intención de acusar a alguien de “estalinista”, ni mucho menos pretender que estamos viviendo aquel sistema de persecuciones y terror, ni nada por el estilo. La respuesta del esposo de la internacionalmente premiada bloguera a Fidel Castro, con Stalin le hubiera costado la cabeza, pero aquí respetado está en toda su integridad física y civil.

Entendamos que donde existan las mismas relaciones de producción estatales asalariadas, naturalmente surjan problemas económicos y sociales muy parecidos y ante esas dificultades, aunque haya 80 años de por medio, diferencia en cuanto a cantidad y calidad de medios y fuerzas de trabajo, de idioma, cultura, idiosincrasia y clima, además de varios miles de kilómetros de distancia, emerjan –lógicamente- parecidas variables de solución. Sería, en todo caso, una clásica demostración de cuanta razón tenía Marx al señalar: “el ser social determina la conciencia social”.

Nuestros líderes, al igual que lo fue Stalin, dirigen sistemas estatales asalariados similares, con economías, partidos y estados altamente centralizados. A ellos, objetivamente, les debe costar mucho trabajo encontrar las causas de fondo de todos esos males en el sistema que han defendido y los ha sostenido en el poder durante 50 años. Es natural que desconfíen de cambios profundos, los que habrían de hacerse en la propia base, sustituyendo las relaciones de producción estatales asalariadas por las socialistas, cooperativas-autogestionarias, sustentadas en la propiedad o el usufructo del colectivo de trabajadores, la gestión democrática y la repartición de una parte de las utilidades. No se pretende justificar nada, ni disculpar o inculpar a nadie por lo que hizo o dejó de hacer hasta aquí, se expone una verdad de Perogrullo.

Stalin también habló de la posible restauración capitalista en la URSS pero confundió sus causales, y atacó –como ya vemos en este discurso- por flancos y con métodos equivocados. Resultado: el pueblo, cansado del “socialismo real”, prefirió experimentar con el capitalismo.

Las experiencias rusa y cubana son a la vez similares y diferentes en varios aspectos. En Cuba tuvimos 40 años más de capitalismo antes de la Revolución y no nos quedó tan lejos atrás en el tiempo, está muy cerca geográficamente, no son pocos los que en el patio lo desean, tenemos un foco migratorio de influencia consumo-mercantilista enorme y el imperio -que lleva dos cientos años tratando de anexarnos- está loquito por darnos el “abrazo de la muerte”, ya con la experiencia acumulada contra Europa ex socialista y China: Obama, “un mulato, carismático” podría ser el “cariñoso”, de Mc Cain ni hablar.

Otras diferencias: La experiencia de lo ocurrido en primer lugar, el cambio dramático en la situación internacional y la calidad humana de nuestros líderes, quienes se percataron de las complejidades que estamos viviendo, han identificado los graves problemas internos que nos afectan de corrupción y burocratismo, los cuales podrían dar al traste con la Revolución, pero además, y he aquí la gran diferencia: han manifestado plena disposición a los cambios necesarios y han hecho reiterados llamados a la participación de todos los revolucionarios para encontrar las soluciones. Esto ha permitido -a pesar de las restricciones que persisten- alguna divulgación del proyecto de Socialismo Participativo y Democrático (SPD), no discutido por el partido ni por el pueblo públicamente, pero tampoco rechazado ni reprimido.

Por todo ello, sería subestimar la sagacidad de Fidel y Raúl, suponer que ellos no se hayan dado cuenta ya de toda esa semejanza, sus causas esenciales comunes, ni que compartan en lo fundamental el nuevo proyecto y no estén buscando cómo avanzar por este camino, sin arriesgar lo alcanzado. Es evidente y lógica la resistencia en cuadros del nivel nacional e intermedio a los cambios necesarios, dados sus hábitos y compromisos. Pero todos sabemos que en Cuba, un discurso de Fidel o de Raúl orientando claramente abandonar el sistema burocrático estatal asalariado y avanzar al SPD, la elección rotativa de los dirigentes empresariales, la repartición equitativa de una parte de las utilidades, la descentralización hacia los presupuestos participativos y el fortalecimiento del poder real comunal a costa del actual sistema, sería suficiente para que todo el resto de la dirigencia “lo entienda” enseguida y el pueblo lo asuma.

En estos 50 años, fueron muchos los éxitos, el mayor: haber resistido la embestida imperialista, bajo todas las complejas y difíciles circunstancias atravesadas. Eso ya sería suficiente para que la generación histórica se dé por satisfecha y sea retribuida viendo su obra en proceso de consolidación, regeneración y avance. Pero los errores, muchos importados, no han sido pocos como el estancamiento en las relaciones socialistas de producción; el disfuncionamiento general de la economía, del partido, de la democracia socialista, de la “política de cuadros” y el sostenimiento de una excedida estructura estatal burocrática autoritaria y otros.

Mientras más son los errores y más profundos, más difícil es su rectificación, pero hay uno del que parten todos: el enfoque filosófico de la construcción socialista. ¿Qué es socialismo, cómo se construye, cuáles son sus medios y sus fines, cómo funciona su economía, cuáles sus fuerzas sociales motrices, en qué consiste el papel del partido, de los sindicatos, del estado? Por ahí hay que empezar. Por lógica de las circunstancias y del devenir histórico, los comprometidos con la revolución y el socialismo, pero que no tienen intereses creados por el sistema estatal asalariado ni viejos prejuicios, están en mejores posibilidades de hacer avanzar la rectificación y las transformaciones de fondo. La continuidad está en el cambio.

70 años después de aquel discurso colapsó la URSS y Stalin murió 36 años antes del desastre pero viendo aquel “socialismo” todavía fuerte, vencedor en una guerra mundial. No tuvo la experiencia que sí han vivido Fidel y Raúl y que el pueblo cubano ha sufrido luego del desplome.

Las conclusiones parecen estar muy diáfanas y el camino a seguir también ha sido claramente expuesto. Necesitamos adentrarnos en él, con toda la prudencia, la decisión, la constancia y la prisa que los tiempos demandan, para seguir siendo una República independiente, mantener vivos y proyectar los sueños martiano y comunista, recordar siempre con aprecio y admiración a la Revolución del 59 y a sus líderes, alimentar la esperanza socialista en América Latina y evitar que vuelva a correr sangre cubana. Que nuestros hijos y nietos nos recuerden no solo como precursores del nuevo orden, sino también como triunfadores.

Socialismo por la vida.

La Habana, 27 de junio de 2008

Contacto: perucho1949@yahoo.es

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NOTAS
1- J. Stalin. Nueva situación, nuevas tareas para la organización de la economía. Cuestiones del Leninismo. Ediciones en Lenguas Extranjeras. Moscú 1946

Artículos y ensayos relacionados:
http:/www.kaosenlared.net/rss/kaos_colaboradores_195.xml http://analitica.com/va/internacionales/opinion/8777149.asp.
http://es.geocities.com/amigos_pedroc/index.html


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